No soy cristiano ni judío, ni creo más que en el dolor humano |por Anahí Cao
Ir a recoger los restos del naufragio. En la gran marea de la memoria, regresa la vida, y el amor pesa.
El Linyera es un poemario que se adentra en la contemporaneidad del Siglo, creando una voz poética desde alguien que ya no tiene nada, y anda por el mundo con su miseria a cuesta. Ponerse en esa piel, en esos harapos, asumir el riesgo de ser un linyera logrando así una comprensión desinteresada y noble de la vida.
La voz del Linyera dialoga, poniendo en cuestión la otredad, existe un Otro, ¿o soy yo misma?; dejemos de hablar. Iniciemos un Viaje al Centro de la Tierra.
El miedo, nuestro primer compañero en la ruta de la vida. Su hija, la duda, su hermana, la razón: y si temo equivocarme, porque a esto le llamo canto.
El verso del poeta Luis Luchi nos ayuda a asumir el riesgo de quedar en ridículo, de mostrar las entrañas y ser humillados por las exigencias de los que se creen autorizados para juzgarlo todo.
Este poemario se inicia con una voz que decide hablar, que dice algo a alguien, uno es un Stradivarius, le digo, único y perfecto.
Uno ya es perfecto por naturaleza, afirma la voz poética, es bello y armónico, único e irrepetible. Pero la otra voz, le contesta,- porque la voz a la cual el poeta se dirige tiene un espacio en el poema: igual me voy a poner tetas.
El Siglo XXI se inicia con el atentado a las Torres Gemelas, la rebeldía de los Movimientos en Medio Oriente, y una fuerte interpelación de las minorías sexuales unidas al Movimiento de Mujeres.
La voz del linyera interpela a un alma femenina que desea ponerse tetas, que anhela sea su cuerpo deseado y decide obtener tetas artificiales.
Continua: yo, palito escarbador en mano, menos que nadie soy, me acuclillé y recogí, sin miramientos, pendientes, piedras de arena pulidas, mostacillas, (…) un paño triangular, con otras baratijas y raras manchas rojas en los bordes.
La sangre de las asesinadas, asesinados, asesinades es tocada, es sentida por el linyera. El linyera sabe, sabe de estos asesinatos de personas que aparecen en bolsas negras como las que encerraban cadáveres de vuelta de la guerra.
La influencia de la industria cultural norteamericana, se expresa en el poema Una de Convoys. Este poema relata una historia de un culebrón que termina con una niña muerta de tisis.
La colonización que provoca la industria cinematográfica como parte del imaginario cultural del imperialismo deja huellas en la subjetividad urbana y suburbana de nuestro país. Los estereotipos y la artificialidad predecible aportan a nuestras historias más dolor se ha colado un poco de sangre en la pintura roja.
La voz del Linyera continúa con sus apelaciones. Ay, Madre, es un poema sumamente irónico y cruel. Ahora el poeta destruye las idealizaciones, las esperanzas de los trabajadores de obtener una vida tranquila y estable: los románticos paseos por los rosedales, las alamedas, las silenciosas calles, recordás los jardines de las pequeñas casas suburbanas.
Con gran ironía se burla de los miedos que impone la burguesía, pero señala el horror de la violencia: en portales oscuros, de casas abandonadas, ocupadas por inmigrantes ilegales, horribles adictos, y adictas armadas de palos dientes y navajas, esperan a tu nena, mamá, para violarla, esperan al nene, para matarlo, para sacarle las zapatillas. Eran dulces las ubres burguesas, mama, ahora no. Ese final sentencia el grado de recrudecimiento que ha alcanzado el capitalismo en su nueva fase de concentración monopólica.
La voz del linyera conserva su tono irónico e interpela la sexualidad como imposición del Mercado, el culto a la frivolidad, que propone el capitalismo: perdón por no considerar interesante su inusualmente particular extensa dilatada increíble actividad sexual
El miedo reaparece, directamente, como una metáfora brutal: el miedo es una vaca pudriéndose al costado de la ruta. Y la interpelación final: Mirá chabón, cuando veas que una quinta parte de tu cuerpo se enferma, los pies, la cabeza, o tu preciado medio kilo, entonces te vas a acordar, sin sentido además, de aquellas flores unidas en palma.
La ironía se torna plena en el poema Los obreros industriales de Europa y EEU. La clase obrera conformista en un capitalismo que ha logrado, aparentemente, neutralizar las luchas de clases: no te quedes al margen, comprométete, gil, querés lombrices picada de chicanos o mapuches, zoilen rojo o azul?.
La desilusión brutal de la impotencia. Entenderás el aire cuando pese de olor a patria, a ese país al que vale el esfuerzo de llegar caminando sin paz sin alegría.
La valoración de la vida, el amor, la confianza en sí mismo, la soledad, la belleza, siempre en dialogo ves de qué maravilla aún son capaces las manos.
Interesante es la manera en que entiende el vínculo, la relación profunda entre un hombre y su lenguaje: a un hombre que ocupa su lugar por la mañana, porque hace falta allí, y porque puede, y por destino (…) prueben echarlo de su lengua natal.
El linyera es testigo de un dialogo que descubre las entrañas de la culpa, la culpa por las atrocidades, por los crímenes cometidos, planteando el tratamiento de un tema difícil, fundamento de todas las violencias: la violación como un crimen del odio.
Gramajo le decía al violador (…) – ¿no Lorenzo que la piba quería, no?(…) odio, odio y más odio…
La voz poética regresa a la Mujer Madre. El poema Mariu, uno de los poemas centrales de la obra expresa la voz de la Madre inmigrante que se alza protegiendo a sus hijos de los bombardeos de la mal llamada Revolución Libertadora en 1955: Canallas! Nunca les perdonaremos haber asustado a los chicos con sus estúpidos aviones prepotentes!.
El linyera se identifica con los perseguidos en una especie de ciclo interminable propio de la clase obrera: nos estarán fusilando eternamente en los basurales!
Ese verso me emociona profundamente cada vez que lo leo, ya que describe el sentimiento de eternidad, la magnitud de la injusticia que significa un golpe de estado.
El linyera finalmente es preso del sin sentido de la vida, lo que algunos, interesadamente, han llamado el Fin de la Historia, el Fin de las ideologías, que no es más que el avance del capitalismo a nivel Mundial. Cuando el poderoso nos aísla aplicando el terror, el hombre se siente ya sin ideales, ya sin utopías: no hay ninguna princesa, ni un mal ogro al que pelear, ahora sí que se nos quema el rancho.