— ¡No, déjame, por favor! ¡No lo hagas, por favor!—Los gritos de la muchacha eran inútiles, pues nadie atendía sus ruegos. Simplemente aquella persona con la que estaba conversando decidió jugarle una mala broma, y fue así como ella terminó nuevamente en la piscina. Para su suerte, estaba en traje de baño.—
Comenzó a reír a carcajadas una vez que vió a la chica hundida en la piscina.—Es que me dijeron que el agua es fantástica, así que quise que la probaras primero.— le dijo, poniéndose de cuclillas a un costado de la alberca.—No te hiciste daño, ¿no?— le preguntó, inclinando su rostro.—Que a ver si te quebré un brazo y tengo que volver a Bedford.— musitó, riendo.
















