Al escuchar la voz femenina que mencionó unos papeles, los que justamente Matthieu, raramente, llevaba en su poder, los que contenían las fotocopias de los apuntes de sus compañeros, su gran truco para la pruebas. Al unisono, miro su documentos y al ver que estaban algo desordenados, sospechó que lo llamaba a él, se volteó en su lugar y, notó de quién trataba. El ruloso, ladeó levemente su cabeza, asintiendo con la misma suavemente. —Con eso describiste toda mi vida, señorita amabilidad.— comentó, con una sonrisa, acercándose a la castaña, para tomar los papeles que le tendía. Asintió, simplemente observándola, con sus labios sellados, demostrándole así, que parecía una sospechosa ante sus orbes esmeralda, dándose el agrado de observar con atención el par de ojos profundamente turquesa de la contraria. —Dime tú, ¿por qué te estás atreviendo a leer mi mente? - También eso, evidentemente. —siguió con la broma, aunque no eran ciertas las acusaciones de la ondulada, muy pocas veces el muchacho, tenía la verdadera intensión de coquetear con alguien, parecía no ser su estilo, ni siquiera aceptaba la palabra.
Antes de que el contrario tomase los papeles, Chanel los ojeó rápidamente mientras se los tendía, disimulando con su mirada. Su curiosidad siempre ganaba por sobre todo, no es que realmente influía en algo en ella el contenido de los papeles, pero saberlo en aquel momento era algo que se preguntaba. "Debes mejorar tus tácticas, Matthieu. La próxima vez espero una serenata frente a la ventana de mi habitación" asintió con su cabeza manteniendo una expresión seria, sin ser capaz de contenerla por mucho ya que se unió a la risa junto a él. "¿Qué son esos papeles, pequeño tramposo?" preguntó finalmente acerca de ellos y le dio una calada a su cigarrillo.










