Quiero comenzar diciendo a cada una de aquellas a quién mencione, agradezco por entero cada momento que experimenté con ustedes, fueron tiempos y circunstancias difíciles en ese entonces, ahora los disfruto como una debida comedia, cuales abren estas anécdotas, con gracia o sin ella. Nunca las menos preciaré, aún creyendo en los momentos pertinentes fueron las antagonistas de los siguientes relatos( o lo siguen siendo).
Nunca me ha sido fácil comenzar una historia, menos los fue en ese entonces, con 16 años todo lo que pesaba sobre mi eran las complicaciones de la adolescencia, esas pequeñas pero significativas cosas que en el cole te determinan la vida, porque así es, el cole te persigue hasta cuando hayan muerto cada uno de los testigos de lo que lograste o no en tus dulces años de puber. Hablo de la temida y a la vez admirada popularidad, las fiestas, lo flojo que era y como podía pasar matemáticas sin estudiar, y eso que a todo cabro chico le atormentaba, eso que después de haber entrado en la dichosa etapa del caldo de hormonas aparece como una meta tan importante como tener las respuestas de la prueba coe.2 de la próxima semana, el tener una polola. Es que cuando empiezas a cachar que tu compañera que hace un par de meses no tenía mayor gracia que su estuche con lapices todos los colores del mundo se le empezó a abultar el pantalón de buzo, o que curiosamente la polera que antes usaba y parecía como que estuviera puesta en un colgador a tener menos espacio para que la muchacha respire, no pasa desapercibido. Y es ahí donde yo, viendo como de apoco los cabros que conmigo antes hablaban de juegos, del profe que nos caía mal u otros asuntos sobre la contingencia escolar diaria pasaron a ponerse de pareja, y como cada vez los números impares se veían reemplazados por los pares dentro de la sala, me empezó a picar la cosa de estar con mi media naranja. Siendo yo un novicio en el tema, no sabía como abordar a ni una chiquilla, pese a que cuando era más chico ya había “pololeado”, claro, esos pololeos que se acababan al recreo o que el acto libidinoso más abrupto era el darse un piquito que ni los electrones de los labios alcanzaban a rozar, así que yo, con mi prontuario de relaciones equivalente a al atractivo de Doky del DiscoveryKids empecé a interesarme en meterme al juego, de ser un mero espectador a ser un jugador, el asunto, que como todo pajarito nuevo, no sabía a que me enfrentaba, y no lo supe hasta que conocí a la chiquilla que me inició, aquella dulce niña que me adentró en las deliberadas aguas del amor.
En ese entonces yo era uno de los tantos alumnos nuevos, eramos 3 hombres y una mujer, y sí, justo es esa mujer quién luego se convirtió en la musa de mis más dulces pensamientos, y los que no lo eran también( hay que ser honestos). A mi me costó caleta pegarme el tino de acercarme a ella, al principio no era más que una compañera como todas las demas, pero derepente, por esas cosas de diablo, ya no la veía como la mina morenita que hablaba de cosas místicas y otros tópicos un tanto extravagantes, sino que paso a ser más atractiva, el pelo le brillaba más, sus ojos más intensos, su voz más melódica, y lo bueno es que a la niña le caía bien, si pasábamos harto rato juntos, hablábamos de todo y nada, risas aquí y allá, pero no era todo color de rosas, porque no hay buena historia que no tenga algo de sufrimiento, pasa que en ese entonces mi dulcinea tenía un pololo, y puta, que martirio más indignarte es que te guste justo la mina que tiene un pololo, porque una cosa es que tenga un pololo penca, un hueón que sea más miserable que tú, un hueón feo, que ni con todo el betún de la zapatería le sacai brillo, ahí podis entrar a picar tranquilo, pero este sujeto era magnifico, era todo eso a lo que yo no podía ni postular, el loco era más alto que yo, mas pinteado, era mateo en un liceo de esos con los que dan ganas de cachetonearse, ademas el era de estos rebeldes con causa, en ese entonces había ocurrido un incendio en Valparaiso, y el sujeto con toda la nobleza del mundo dejo su emblemático liceo para ir a limpiarle el hollín a los compadres del Wanders, yo estaba derrota’o. Dentro de la desesperación, y como muchos de nuestro dolientes mártires, solo cabía en mi cabeza aspirar a ser el amigo friendzoneado, la situación más denigrante dentro de la escala evolutiva, pero cuando eres cabro chico, eres ingenuo, soñador, al menos yo lo era, era bien ahueonao, así que como buen carroñero (ese eslabón dentro de los grupos sociales tan devaluado, pero que tanto bien hace a algunos y algunas), yo aguardaba el momento con paciencia en que mi chiquilla de ensueño me trajera la tan gloriosa noticia que esperaba, y llegó, ella había terminado con el Adonis, así que apenas me di por enterado sentí que fue una señal divina, al fin tenía la cancha libre pa’ hacer mi jugada maestra, el asunto es que ni la más mínima idea tenía de que hacer, y no lo supe hasta que gracias a ese compañero que tiene tanta perso que le cae bien hasta al inspector se cree gendarme me hizo la segunda, el loco cachaba que entre yo y mi compañera pasaban cosas, por eso el no escatimo en hacerse el mediador e instigador de nuestro amorío, con su conocida experiencia yo no dudaba de ni el consejo más descabellado que me mencionaba, por eso él con toda impaciencia me dijo: A la mina le gustai, entonces pidele pololeo! - ¡Pololeo! Qué palabra más extraña y alarmante, en mi diccionario solo estaba rellena de notas como: Qué es esta huéa? Esto es pa’ los que saben, pa’ ganadores. Mis únicas referencias acerca del pololeo eran tristemente mis compañeros de curso y las películas de Disney. Era el hueón más perdi’o en asuntos del cortejo y la conquista de una bella y distinguida dama, aún así, con toda esa inexperiencia, le di nomas. Tenía que jugarmela...