CORRE
Se esfuma del todo, censura el ladrido, sin coraje ni hastío, regresa a la pampa. Ya no sabe de olvido y ya no sabe a quién ver. ¿A dónde va? ¿Qué animal es?
R.Mozarena

祝日 / Permanent Vacation
Not today Justin

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blake kathryn
he wasn't even looking at me and he found me
Xuebing Du
occasionally subtle

★
trying on a metaphor
Cosimo Galluzzi

izzy's playlists!

⁂
Sade Olutola
almost home

@theartofmadeline
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
h
Peter Solarz
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shark vs the universe

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@roberto-mozarena
CORRE
Se esfuma del todo, censura el ladrido, sin coraje ni hastío, regresa a la pampa. Ya no sabe de olvido y ya no sabe a quién ver. ¿A dónde va? ¿Qué animal es?
R.Mozarena
Another dimension
Puerto Petrohué, Ensenada, Los Lagos, Chile.
Pronóstico
Miras las noticias cada día, incluso después de que me fui.
Costumbre tuya que nunca me agradó; no por tu gusto, sino por su contenido.
Aquel día me preguntaste qué harían ellos, y por primera vez te respondí con estricta sinceridad técnica: lo trazado en el papel de la Franja.
Dos años después miras con horror cómo, paso a paso, con precisión milimétrica, se ha cumplido cada palabra.
Y entiendes por qué no quería ver. Y entiendes, por primera, y única vez, mi depresión.
Buongiorno tumblr.
Autumn
Lonquimay, La Araucanía Andina, Chile.
Los Tres Hermanos y los Perros del Último
En memoria de quien me lo contó, VMQB, alias Narciso de la Fuente Por tu nieto R.M.
En una tierra de surcos hondos y vientos que saben contar historias, vivían tres hermanos. Criados al calor de un fogón y bajo la voz pausada de su abuelo —Narsiso de la Fuente, narrador de silencios—, crecieron oyendo cuentos más verdaderos que la vida misma.
Pero no eran solo cuentos. Eran advertencias dulces. Profecías susurradas. Historias que se siembran en la sangre y florecen cuando llega su hora.
Con los años, la vida los fue separando.
El mayor partió a la ciudad. Tenía hambre de mundo y las manos limpias. Pero en la ciudad, la limpieza no basta. Buscó trabajo y halló rechazos. Buscó justicia y encontró barrotes. Una noche desesperada robó para comer, y la ley cayó sobre él. Tras una reja sin nombre, se fue apagando, olvidando incluso por qué valía la pena ser libre.
El segundo, al enterarse, fue tras él. No tenía más que voluntad y amor, pero en la ciudad eso no alcanza. Tocó puertas, pidió ayuda, clamó por justicia. No lo escucharon. Lo invitaron a callar con tragos, a obedecer por monedas. Y en su cansancio, cedió. Se quedó atrapado en un pantano de mensajes ajenos, envuelto en humo y mentiras.
Quedaba el tercero. El menor. El que aún recordaba cada cuento del abuelo. El que aún soñaba con la vieja casa y las voces de antes.
No dudó. Sabía qué debía hacer.
Cerró la puerta de su infancia con un nudo firme, se colgó al pecho una bolsita con tierra del patio, y silbó tres veces.
Del monte salieron tres perros.
No eran perros comunes. Eran los del cuento. Los guardianes de lo imposible.
—Rompe Cadenas, de músculos tensos y ojos de acero. —Pasa Por Todo, ligero como sombra, sin miedo a barro, fuego ni desprecio. —Defiéndeme, de pecho fiel, de ladrido justo.
Y partieron juntos.
Al mayor lo encontró en un encierro sin sol. Había barrotes de hierro y otros, más gruesos, en su corazón. El menor se acercó, miró a los ojos al encadenado, y alzó la voz:
—¡Rompe Cadenas!
El perro saltó, mordió el metal, y lo volvió polvo. El hermano mayor, pálido, salió. No entendía del todo qué lo liberaba, pero sentía en su pecho algo encenderse.
Al segundo lo hallaron en una ciénaga. Apenas podía hablar. Entre vapores y palabras confusas, pedía fuego sin saber por qué.
El menor se lanzó hasta la orilla y gritó:
—¡Pasa Por Todo!
El perro atravesó el fango, sin hundirse, sin vacilar. Cargó al hermano sobre el lomo y lo trajo de vuelta. Al mirar sus propios pies manchados, el segundo supo que aún podía caminar.
Pero el último peligro no era para los mayores. Era para el propio niño.
A la vuelta, al pisar de nuevo tierra que parecía segura, lo esperaban. Rostros sin nombre. Manos con fuerza. Lo acusaron de algo que no entendía. Lo arrastraron sin razón.
Gritó, primero. Pero una mano tapó su boca. Gritó con los ojos. Gritó hacia adentro.
Y aunque no pudo pronunciar su nombre, aunque nadie oyó su voz, el perro escuchó.
¡Defiéndeme! se lanzó como rayo. Rompió el cerco. Se interpuso. Ladró tan hondo que el miedo se replegó sobre sí mismo. Y allí, en silencio, con furia mordió, espantó y defendió.
Cuando el niño pudo respirar otra vez, ya no estaba solo.
Los tres hermanos, ahora juntos, regresaron al campo. Ya no eran los de antes. Eran los que recordaron. Los que creyeron. Los que fueron salvados por los nombres que aún saben nombrar lo sagrado.
Y cuentan, en esos campos donde las historias no mueren, que todos llevamos dentro un hermano menor. Uno que recuerda. Uno que silba. Uno que, cuando todo está perdido, grita sin voz, y aún así es escuchado.
R.M. En honor a quien me enseñó que los cuentos también salvan.
Secuestro
Bandidaje de esperanza Secuestra mis heridas, entumecidas por la lanza del desnudarte, adoloridas.
Quiero contemplarte en el azul de mi partida, y con besos entregarte el recuerdo de tu vida.
Descifro tu mirada
(versión breve sin métrica)
de RM
Descifro tu mirada que brilla en el cristal de la copa mientras mi mano choca entre el tacto que sonroja.
Compartes tu Vino tu Pan tu Cama tus Ideas
Y ninguna interrumpe y todas festejan la tierna danza que hacemos al apagar la última vela.
Maridaje
de RM
Descifro tu mirada detenida, que brilla en el cristal de la bebida, mientras mi mano, a tientas, se desliza y en tu calor, sin prisa, se suaviza.
Compartes sin medida ni frontera: tu vino, tu pan, tu primavera; tu cama, tus ideas, tu desvelo, tu risa, tus heridas y tu cielo.
Y ninguna interrumpe ni se opone, y todas celebramos sin razones la tierna y lenta danza de los cuerpos, al tiempo que la vela cae en sueños.
Entonces, el silencio no es partida, es manta, es paz, es tregua compartida.
Y en la penumbra tibia de la escena, nuestros cuerpos confiesan sin condena lo que el reloj del día enmudecía, y el alma, en su latir, reconocía.
Tus dedos dicen “quedate conmigo”. Mi espalda dice “confío, sin abrigo”. Y el amor -que no exige más sentido- se duerme en medio nuestro… complacido.
FRONTERAS
Tuve un lindo pensamiento, que el espejo asegura es un sueño y la mente confiesa que es esperanza. Y yo, atrapado en la frontera de la vista prohibida, confieso el objetivo:
Era esa moto vieja, arreglada de su incontenencia de óleos; mi abrigo de cuero, el que tanto comentás...
Y un día, aguardando, fuera de los fríos salones de tu laburo.
Haz de luz
¿Alguna vez viste ese haz de luz, tubular y geométrico, que rebalsa por las cortinas gruesas de la ventana?
Cómo se hace ambiente en la habitación antes nocturna. Cómo danza entre los dedos de mi mano, que intentan tomarla con las yemas para dibujarla sobre tu piel.
Juguemos
Juguemos un juego: en el que tú pisas la huella que dejo, y yo piso la tuya.
Y que la arena defina, y las olas determinen cuál irá primero que la otra.
RM
Mi espera no es lo que piensa ud., como quien se sabe seguro del próximo paso de quien sabe que de ud. gusta. Mi espera es paciencia de ver lo virtuoso en la posibilidad de que lo cuestiones. Y descubras finalmente, quien era la que estuvo a prueba siempre.
RM
ALIENTOS
Esperanza inaudita. De sigilo nocturno. Saeta oculta. En callejones sin pisadas.
Valor hecho silencio, Cansancio, perspicacia. Abrigo contra el frío. De fuego para el miedo.
Canes de la guarda: "Rompe cadenas", "Pasa por todo", "Defiéndeme".
R.M.