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El peso de sus palabras afectó directamente los nervios de la británica, abriendo un frío y vacío agujero que se extendió en su pecho, dando esa incomoda sensación que segundos más tardes afectó sus piernas, como era de costumbre, pues aquel sentimiento la recorrió de pies a cabeza y realmente se sintió como si se encontrase en el mismo inframundo, pese a que algunos objetaban que era cálido, ella todo lo contrario, lo consideraba un lugar helado como el alma de las personas que eran mandadas a pasar lo que le restaba de existencia ahí. Sus azulinos, igual de claros que el cielo, se posaron sobre el castaño frente a ella una vez sintió la superficie plana bajo sus pies, como acto seguido, el contacto iniciado por el mismo, ante el mismo que se quedó completamente petrificada, esperando que su mirar no se tornara gélido por la simple cuestión que se trataba sobre ella y la posible curiosidad de él, con afán de ayudar o al menos comprender qué estaba mal con ella. Era incapaz de echar algo de luz sobre sus dudas, porque ni siquiera ella podía darle sentido a los mil pensamientos contrarios que tentaban sentimientos erróneos que no debían formar parte de aquella castaña, que exteriormente podría presumir facciones talladas por la misma afrodita, sin entrar en muchos detalles en lo que constaba de su menuda y envidiable figura, aunque claro, ella simplemente prefería cegarse ante esa idea, sin importar lo que otros dijeran, pues consideraba que ninguno entendería ni en lo más mínimo sus razones o motivos que inspiraron tal inseguridad. Esos cerúleos se vieron empañados en el momento que se cristalizaron por culpa de las palabras del más alto, no obstante, manteniendo los labios sellados, queriendo huir por un instante hasta que claro, él llegó al final y ella simplemente se levantó sobre sus puntillas para depositar un casto beso sobre sus labios. Contacto que con los segundos terminó abandonado, cruzando su mirar con el del mayor. “Bien, lo haré.” Murmuró. “Gracias, Ash.”
Una enternecida linea atravesó sus labios por aquellos cerúleos que conmovidos reflejaban su estado, y, más que nada por aquel escurridizo y, tímido beso, pero que parecía ser una hazaña viniendo de ella, se quedó mirándola fijamente, con una traviesa expresión, más su par de implacables esmeraldas parecían estar ocultando pensamientos de los que se privaba de enunciar y, luego de éstos, no había nada que decir, probablemente le hubiera advertido de que esa adorable inocencia le traería problemas si la mezclaba con la propia imprudencia de su perturbada mente, qué si tuviera un mínimo de sensatez dejaría de atraparla en este despreciable caos anunciado, en donde quizás la lesionada sería su inofensiva alma, ¿le importaba? Claro que sí, ¿se detendría? Posiblemente no. Pero pronto, aquél trazo en sus carmesíes era una curvada sonrisa colmada de autosuficiencia, para así pronto rodear a la muchacha con uno de sus brazos y, atraerla a si mismo, depositando un beso en el tope de su cabeza. Era orgullo por haber conseguido al menos quitar por está vez aquellos pensamientos que consumían la libertad de la castaña. ‘ bien, angel eyes, te aseguro que no miraré... poco. ’ mintió con desfachatez, guiñándole un ojo en cuanto tomaba distancia de ella. ‘ te esperaré en el agua. ’ comunicó, mirándola con cierta picardía, que le llevó a morder su labio inferior para esconder su sonrisa y, virarse para entrar a la piscina.















