-Oye, cariño, puedo preguntarte qué es todo esto.
-A qué te refieres.
-Pues ha esto, tú, yo…nosotros, qué somos, o qué estamos dejando de ser…
-Pues mi vida, creo que somos una delicada excepción, somos dos personas con un sentimiento compartido, que sin embargo, se limitan a no unirse del todo, pero temen separarse por completo. Creo que intentamos ser algo más que la nada, sin pasar a ser algo.
-A mí me gustaría que fuéramos algo.
-No lo sé… Crees que resulte?
-La verdad no, pero me encantaría intentarlo.
-A mi, en cambio,me partiría el alma perderte de nuevo. Y me gusta la idea de saberte mía aunque sea solo en mis sueños y saberme tuyo aunque sea solo en la realidad. Pues me fatiga el espíritu besar otros labios, tocar otras pieles y sentir otros silencios.
-Podría jurarte que esta vez nos irá bien, que me esforzaré mucho. Prométeme también que te esforzarás…
-Pues si, me esforzaría… (eso creo) pero ya me has dicho eso antes, y ya he prometido esto también, perdona ser tan pesimista pero no puedo, no es que no quiera, solo que no puedo.
-Yo te quiero.
-También yo.
-Y entonces… Bueno al menos piénsalo, quizá más adelante
-No lo creo, pero si, lo pensaré. Ahora duerme.
-Si, la verdad es que tengo mucho sueño, hoy he tenido un día muy pesado y tengo algo de miedo de las tonterías que odias tanto, que se hagan realidad.
-De qué tonterías hablas.
-Pues de eso, ya sabes lo que dicen: el que mucho ríe, al rato llora.
-Hoy has reído más de la cuenta, sobre todo cuando acompañamos a la niñera a la puerta.
-Si, te sentí como antes, bueno me sentí como antes… Te cuerdas cuando éramos chicos y jugábamos en las aceras, mientras esperábamos el bus.
-Si, aún está tu nombre escrito en aquel paradero de bus.
-Si, también lo he visto.
-Bueno, trata de dormir… Vaya, creo que necesito despertar.
Y se levantó mientras veía a la niña en su cuna dormir plácidamente, fue al lavabo y se mojó el rostro con agua tibia que salía del fregadero, se vió al espejo y notó su cabello largo, su rostro amable y su ojos aún de luto, tomó un poco de aire y por fin volvió a la habitación, se asomó para estar seguro de que en la cama no había nadie.
Espero mi amor que descanses donde quiera que estés, pensó, mientras se enjugaba las lágrimas y ocupaba el lugar que le correspondía en el lecho para dos.