“No me regañes. Le advertí que sabía de motores desde el principio, en serio” repite como excusa, elevando ligeramente ambas manos en gesto de paz mientras se encoge de hombros porque cree firmemente que no es su culpa que las personas no lo tomen en serio, aunque también debe admitir que dicha incredulidad ha sabido manejarla a su beneficio desde hace mucho tiempo. “En realidad, creo que le hice un favor a él. Quiero pensar que la próxima vez lo pensará dos veces antes de ir por ahí alardeando sin motivos, ¿sabes?” Después de todo, él no se habría enfrascado en aquella apuesta de no ser porque aquel desconocido creyó que tenía oportunidad de sacarle un par de cientos de dólares; y algo le dice que el mayor también lo sabe porque no le pasa desapercibido el sútil gesto que aparece de manera efímera en el rostro contrario. “Lo veo con el ego por las nubes, igual que siempre” comienza con media sonrisa tras tomarse un par de segundos para pensar en su respuesta mientras observaba al mencionado a la distancia. “Así que creo que tomaste la decisión correcta al dejarle correr porque no creo que sean problemas de concentración, sino lo que dicen de las personas que tienen el incentivo suficiente. Y desde aquí, parece que él lo tiene.”
—No es un regaño. Créeme, a ti nunca te he regañado,— vale, que habían tenido sus diferencias en alguna ocasión, pero no recordaba momento en que realmente hubiese tenido que reprender al menor, y casi lo agradecía. Solía ser paciente, pero cuando esa paciencia se esfumaba... Bueno, no era algo muy lindo de ver o experimentar. —¿Ah, sí? Vaya, qué generoso estás el día de hoy, dando lecciones gratis y todo,— comenta con falsa sorpresa, aquella que se antoja extraña en voz grave del español, por lo general en estado de mayor seriedad. Lo cierto era que siempre se encontraba en cierta extraña comodidad con Zach, quizá por el hecho de compartir tanto tiempo con él, o la implícita confianza que se había formado entre él y el otro. —Vale, pero el ego no se lo vamos a bajar ni dándole un auto con motor de Beetle...— porque aquella cualidad del corredor ya es bien conocida, arrogancia que muchos detestan y otros admiran. Escucha atento lo que el otro tiene que decir, opinión que aprecia mientras asiente lentamente a las palabras. —Supongo que lo confirmaremos cuando sea su turno, ¿hm? Sabes que a veces las cosas no son lo que parecen, y él está tan acostumbrado a actuar así que, no sé, podría ni siquiera tener el incentivo adecuado y terminar en último lugar. Aunque espero que no, trae ya a varios seguidores, y sabes lo bueno que eso es para el negocio.