dereklancastcr:
“Claro que sí, dame, te ayudo.” respondió rápidamente, acercándose para tomar uno de los mellizos entre sus brazos, recordando que hace mucho no tenía un bebé en sus brazos, sonriendo ligeramente.
—Muchas gracias... —dijo en lo que el otro terminaba de cargar a uno de sus pequeños. Entonces Roscoe pudo revisar la hora y buscar en la bolsa de los niños los dos termos que llevaba preparados para cuando fuese la hora del biberón—. Son como un reloj, a en punto tienen que estar comiendo o ya me están reclamando —explicó a su amigo.












