LA REALIDAD QUE ES VIRTUAL
Porque no me refiero a “las redes sociales” como plataformas online y nada más. No solamente. Como si la red social existiera sólo en Internet. Sino obviamos lo cabal de la cuestión. Me refiero ‘’red social’’ como metáfora para hablar del colectivo humano. Y ‘’virtualidad’’ como una dimensión más de la trama de relaciones y vínculos dentro de los cuales desarrollamos la vida. Es decir, virtualidad como concepto a partir del cual es posible pensar la individualidad (dentro del paradigma occidental). Propongo disociar la conjunción epocal y arbitraria que hacemos entre virtualidad e informática (o tecnología). Y entender virtualidad como el espacio aparente o realidad no evidente donde interaccionamos mediante aspectos específicos de la personalidad en relación con otrxs. O acaso no pertenece al ámbito de la virtualidad el vínculo con la inmaterialidad que, a través de hábitos y costumbres, rituales y ceremonias, las distintas tradiciones establecen con entidades sub-, supra-, extra- o infra mundanas.
ASIGNACION Y DESIGNACION
A lo anterior, agregar que la socialización, en primera instancia, es posible a traves de la serie de categorías identitarias que una sociedad con particularidades y especifidades propias dispone a los sujetos. Acá está el asunto. No es ilimitada ni ahistórica la cantidad de categorias que un sistema normativo admite para la configuración identitaria. Existen márgenes y el interrogante de esta reflexión está puesto ahí; la marginalidad. Quizá la oposición lógica para la normalidad sea la anormalidad. Pero intuyo que donde se disputa el sentido de este binomio es en esa frontera que se vuelve margen. Margen es contigüidad. Margen es orilla y frontera, es zona límite o extrema. Un espacio de excepción que se compone como frontera entre normalidad y anormalidad. Un instersticio dentro/sobre la contigüidad que dá sentido a esa contigüidad. Enunciados sobre qué es marginal, qué es normal y qué anormal son premisas que demarcan una frontera de conflicto. Parece nimio mencionarlo en términos semánticos. Pero es en esta dimensión donde virtualmente podemos pensar cómo adquiere sentido en el espacio social la lucha por el sentido y la significación de esa frontera. Y es en esa contienda donde todas las definiciones están por hacerse. Donde, en términos de autopercepción, se introyectan y se ponen en funcionamiento las etiquetas identitarias. Incluso la disrupción y la deconstrucción son encerradas dentro de categorías en la medida en que se hace necesario cristalizar su sentido para nombrar una lucha. La identidad no existe por defecto.
Si la interrelación es una cualidad constitutiva del sujeto, creamos y recreamos la identidad sobre la premisa de que la existencia de una trama social que nos contenga es condicion sine qua non humana. Por eso la idea de red funciona como piedra angular que permite el interrogante sobre cómo se crean, desarrollan y mantienen los vínculos propios para el desarrollo de la vida social. No antes de haber comprendido lo anterior, se puede agregar la virtualidad como dimensión ad hoc para concebir las relaciones del individuo sin necesariamente concebir la multiplicidad de espacios sociales que habita.
Tan fácil enunciarlo así: Vivimos en una red social y los espacios en que desarrolamos nuestros vínculos son múltiples. Pero aceptar que el sujeto desarrolla aspectos específicos de la individualidad según el espacio social en que se proyecte no hace más sencillo que antes responder algunas preguntas: ¿de qué etiquetas dispone cada medio para asignarnos una identidad? ¿Qué diseños ofrece el medio para alojar al otro y su alteridad? ¿cuáles son los estereotipos? ¿qué marginalidad existe fuera de los mismos? ¿Cuáles son las designaciones o etiquetas que constituyen una idea imperante de normalidad? Es improbable que se pueda responder unívocamente a estos interrogantes. Y es un poco más probable que alguna respuesta adopte configuraciones distintas según la plataforma o el entorno en cuestión. No me pregunto qué conforma la interioridad del individuo ni cómo se configura esa interioridad. Simplemente identifico que el medio modaliza las narrativas que cuentan la historia del sujeto tanto como impone los códigos con que es posible crear esas narrativas y me pregunto más específicamente cuáles son los modos de habitar un espacio ante los condicionamientos e imposiciones del mismo. Básicamente con esto de la virtualidad quiero pensar que la identidad no es invariable sino que, como un relato, es producida a partir de múltiples narrativas. La virtualidad me sirve para contener esa multiplicidad de narrativas dentro de una misma subjetividad, que puede ser plural y diversa. A esto me refiero con la idea de individuo occidental.
LA VIRTUALIDAD QUE ES REAL
Si las palabras fueran herramientas inventadas para aprehender y normalizar la vida a traves de un lenguaje, entonces preguntarnos sobre los significados profundos de las palabras tiene sentido. Y continuando la disociación entre vitrtualidad y tecnología, cabe observar la masividad comunicacional de las redes 2.0. Hacia una mayor interactividad e hiperconectividad ¿cómo evidenciar las limitaciónes actuales del lenguaje a la hora de percibir, integrar y expresar estas experiencias de la socialización?
Actualmente un videojuego en red online permite la interacción de usiarixs bajo ciertas reglas previamente establecidas y moderadas en tiempo real. Existe el desarrollo de roles y la puesta en funcionamiento de disintos comportamientos según temática. Además, usualmente, se admite un canal alfanúmérico que sirve para, aun cuando no se comparte lengua, informar gestualidad con íconos o términos gamers que refieren a reacciones o estados de ánimo (del inglés: lol, imao, omg, gg). Todo esto sumado a las conductas particulares que cada jugador desarrolle en una trama compartida con otrxs. En una geografía globalizada donde la velocidad de relaciones y operaciones humanas están en contínua aceleración, el desborde de la lengua se torna puente y barrera a la vez.
La tarea pendiente para crecer es observar respetuosamente la ventana abierta que nos ofrecen personas que han sabido de manera más o menos autodidacta hacer arte&oficio de las posibildades que habilita la red a traves de sus distintas plataformas y etornos. En este sentido es posible agrandar el mundo en que vivimos. Mientras abrimos horizontes hacia mundos nuevos, creando espacios e instancias podremos habitar más y mejor el mundo del que ya disponemos. Hablar de virtualidad como territorio y viceversa. Y en esta latitud no hay que evitar incertidumbres tales como reencontrar medios hegemónicos vueltos herramientas que desalambran las fronteras de la misma normalidad que los cimienta. Interconectada con la ineludible cotideanidad de la vida, la virtualidad y su aparente intangibilidad aparece de nuevo respondiendo a las mismas necesidades de siempre en nuevas plataformas. Pero claro, la pregunta, ¿cómo aproximarnos a la novedad? Cómo comprender los símbolos y sus significados. Es imposible conjeturar. Sin respuestas. Pero sabiendo que donde se desajusta la norma aparecen incongruencias. El lenguaje como código para comprender el mundo se vuelve inestable y el ineficiente trasvasaje generacional del acervo se ocupa del dificultar aún más el reflexionar por acá. Ante el desafío de la comunicación vuelta una madeja dificil de hilar y por el afán por contener su sentido, el derrotero nos impele hacia nuevos sitios para desarrollar la capacidad de la ignorancia.