Me di cuenta de que solté tantas expectativas que tenía... de que cada vez espero menos de todo... No es que no espero nada, me mentiría a mí misma si dijera eso, sin embargo, cualquier decepción, cualquier mal momento me dura tan poco ahora.
Supongo que también hay tanto en lo que ya no creo... lamentablemente.
Y, sí, para una soñadora es duro no creer, no soñar, no esperar algo con ese asombro lindo que te hace cosquillas en el corazón... es difícil seguir intentando ilusionarse cuando ya se sabe que hay cosas que ya no serán (o que quizás jamás fueron), que no sucederán pero que te hacían sentir que la vida siempre podía ser más fácil, más llena de dulzura, más hermosa.
No sabía que una soñadora podía tener fecha de caducidad.