Gasping, dying, but somehow still alive.
Sí.
Sigo vivo.
Sí.
Con 27.
Medio roto, pero vivo.
Con dolores, pero vivo.
Tosiendo, pero vivo.
Temblando, pero vivo.
De alguna forma sigo vivo.
Como todos, hasta que dejan de estarlo.
En Uruguay, donde la tasa de autoeliminaciones en hombres es 33 entre 100.000. Mayormente jóvenes de entre 20-24 años y mayores de 80. El promedio mundial es de 9 en 100.000.
Sigo vivo y en Uruguay, con 27. Ya pasé la primer franja, curiosamente.
Hoy en una charla familiar sobre los restos de la bisabuela comenté que yo quiero ser cremado y tirado en el Cerro de la Buena Vista, entre Valizas y Cabo Polonio. Pero también me gustaría que sea en el cerro que subimos con Maicon en el Valle del Lunarejo, aquella vez que salí del hospital psiquiátrico y buscaba contacto con la naturaleza ya que no lograba conectar con la sociedad. Hasta filmé un cortometraje inspirado en eso, nunca hice el montaje. Estaba muy entusiasmado con ese corto, hoy en día no estoy entusiasmado con ningún otro, espero encontrar ese entusiasmo de nuevo, el entusiasmo que dá ganas de vivir. De alguna forma, y quiero creer que por algo, sigo vivo.
Tengo una banda, amigos, familia, deudas, problemas de salud mental, una rodilla rota en recuperación, dolores emocionales y físicos, vicios, un poco de ropa, algunos libros, una cama desarmada, un gato, proyectos sin terminar, toda una vida por delante dirían.
Hoy puedo más que ayer, quiero creer, y menos que mañana, quiero creer. Si ayer pude hoy también, si hoy puedo mañana también.










