Lala
La última estampa que tengo de tu frágil plenitud, fue dentro de aquel clóset, que jamás entendí porque buscabas abrir con tanta insistencia, pero que de alguna manera, te brindaba una sensación de seguridad, que sólo encontrabas amasando tu mantita, o posando tu esponjoso pelaje sobre mi regazo, para luego buscarme la mirada en un gesto de regocijo y gratitud, que hasta este preciso instante, descubrí con un dolor desbordante, lo mucho que me hace falta, fui tan feliz viéndote feliz, fui tan feliz sabiendo que te sentías a salvo entre nosotros, que me es inevitable pensar todos los días que no haz estado, que te fallé de forma irremediable, defraude esa confianza excesiva que depositaste en mi, un adulto incompleto que no puede ni consigo mismo, pero te juro que lo intente con lo mejor que tenía, y eso es quizás, lo más revelador de este disimulado pero estremecedor luto que cargo desde tu ausencia eterna, te di todo lo que mi corazón, mis brazos, y mi amor podía dar, y fue insuficiente para mantenerte en este mundo, fue insuficiente para evitarte esa agonía tan indigna y tan dolorosa, un ciclo sin fin, donde todo lo que cae en mis manos se transforma, se transforma en cenizas, se transforma en dolor, se transforma en lagrimas, y tuviste la desgracia de caer en mis manos, no puedo perdonar al azar que te castigó con semejante sentencia de muerte, porque un ser de luz como tú, merecía muchísimo más, no tengo dudas, que en otras manos, seguirías ronroneando, posiblemente, en las manos que no alcanzaron a reencontrarse con tu suave pelaje, estarías con vida aún, no me queda más alternativa que vivir con el dolor de tu ausencia, y la esperanza de que estés en un paraíso donde yo nunca pueda entrar, porque si alguna certeza más me queda, es que no me apartas un lugar en el cielo, pero siempre agradeceré al creador por haberte permitido bajar al infierno… a acompañarme por unos meses, te voy a extrañar toda la vida, Lalita.










