lisdluk:
Tomó su botella de cerveza dando un trago largo hasta que el contenido se terminara, escuchando las palabras de la joven, intentando formar su propia idea sobre el dolor pero al igual que la mayoría de las emociones, era más fácil sentirlas que explicarlas -El dolor realmente nunca se disfraza…- dijo acariciando la boquilla de la botella con la yema de su dedo -Uno intenta en muchas ocasiones guardarlo para si, como una posesión preciada- al menos en su caso siempre solía ser de aquella forma, eran pocas las cosas que realmente le pertenecían en aquel mundo, la mayoría, tanto como los aciertos, los errores, los objetos, las alianzas habían pertenecido primero a su padre -Pero de alguna forma, este siempre encuentra una forma de expresarse para afectar a los de alrededor, para hacerse fuerte…- dejó salir aquellas palabras centrándose en su propia experiencia. Pidió otra botella al barman y dirigió de nuevo su atención a la chica -Mi padre era un hombre peligroso, un hombre al que le gustaba el caos, tenía cierta adicción a la destrucción… Lo que quiero decir es que… Si la ciudad tiene esta maldición de llamar al caos, reclama todo aquello que ayude a crearlo, y…- hizo una pausa a sus palabras como si se diera cuenta del poco sentido que tenía aquello -Creo que esto suena muy exagerado- movió la cabeza en negación y soltó un suspiro. La última oración dicha por la joven le hizo ladear el rostro -Sabes, yo he perdido mucho al estar de este lado, he dejado en el camino la mitad de mi vida y vivo sólo con la mitad que queda, hay cosas que desearía recuperar y no puedo, porque debo mantenerme aquí…- fue agachando la mirada -Ha habido ocasiones en que pienso que enloquecer como lo hizo mi padre sería el camino más sencillo para lidiar con el trabajo con el que toca tratar pero al final siempre tengo un ancla que me ata a la tierra…- dejó las palabras ahí, dándole a entender que podía ver que lo ocurrido los últimos días la afectaban tanto como a sus primos, que aunque desconocía totalmente su problema y las razones por las que lo hacía, era a ellos a quiénes debía mantener cerca para no terminar por un camino que no haría más que complicar su existencia -Quiero decir, la mayoría aquí somos criminales y sólo entre nosotros, con ese corazón del hablas nos ayudamos a mantenernos humanos…- volvió a guardar silencio porque no tenía idea de lo que había dicho, y arrepintiéndose de haberse confesado de tal forma con una joven a la que apenas conocía
Centró su atención en la botella frente a ella, mientras que removía poco a poco la etiqueta, intentando no demostrar demasiado cómo las palabras del hombre parecían dar exactamente en el blanco. Nunca había pensado en el dolor de aquella manera, y tal vez aquello era un poco diferente para ella, no fingía dolor para no lastimar a las personas a su alrededor. Tal vez había comenzado de esa forma, escondiéndolo de su hermano para que no pasase las noches preocupado por ella pero ahora que se encontraba en aquella situación, realmente lo hacía porque le parecía más fácil, se había acostumbrado a no demostrar como que todo eso la destruía por dentro (lo que se había convertido en una carga inigualable), que ahora no sabia sobre otra forma de seguir y de proteger lo que tanto quería, que permitir que esa distracción en silencio continuara. — Que cosas tan extrañas son las emociones, ¿cierto?... algo que no se puede ni ver, o sentir, tampoco medir, pero que de alguna extraña manera rigen la manera en la que todas las personas viven y cada decisión. — Expresó con la mirada aún perdida, creyendo qué tal vez un lugar sin emociones serían mejor pero recordando de igual manera como todas las cosas buenas en su vida, de alguna extraña manera, lograban superar por mucho a las malas. Frunció ligeramente el ceño al escuchar aquello, ya unas historias había escuchado sobre el padre los De Luca, cosas que parecían sólo leyendas urbanas para mantener a los civiles en línea pero el tener ahí al mayor confirmando aquello con tanta amargura removió algo dentro de ella, algo que la británica pocas veces sentía y que no supo muy bien como describir. — Supongo qué hay padres buenos en el mundo, que cuidan de sus hijos y... son un buen ejemplo a seguir, seres a los cuales admirar pero no creo que esas deberían de ser cualidades por las que se les reconozcan a todos, ni siquiera creo que deba de haber personas que cuenten con tanto poder para influir en mentes tan jóvenes... — Se le escapó una risa un tanto amarga ante esa idea mientras apretaba ligeramente la botella entre sus manos, con sus ojos comenzando a humedecerse y el nudo en su garganta formándose. — Pero el mundo no es así, las líneas son tan delgadas y todo puede arruinarse tan rápido que... — Y apretó los labios al darse cuenta de que aquella, era demasiada información y aunque hubiese preferido quedarse a seguir hablando con el hombre, no deseaba tentar a su suerte. — Eres buen hombre, Lisandro y se que no tengo ni la menor idea de cómo funciona tu familia, ni de las cosas por las razones has pasado, pero esas sólo son cosas que se saben. No todo es tan blanco y negro... intenta no ser tan duro contigo mismo. — Respondió con sinceridad mientras que se levantaba de su asiento, intentando contener todo lo que había aflorado en ella con esa simple plática. — Podrías... ¿podrías decirle a tus primos que dejen de buscarme?, créeme que es lo mejor para todos. — Dejó salir un pesado suspiró antes de darse media vuelta y comenzar a andar fuera del lugar, sin más.
















