volver a amar
El amor es dinámico, muta y toma millones de formas A mi amor por vos hoy le basta con verte libre, feliz. Pero mi amor también se muere de miedo de no poder (o no saber) volver a amar.
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volver a amar
El amor es dinámico, muta y toma millones de formas A mi amor por vos hoy le basta con verte libre, feliz. Pero mi amor también se muere de miedo de no poder (o no saber) volver a amar.
por completo
Vos no me gustas. Estás bueno pero no me gustas. Puede ser que solo me calientes o puede ser también que lo que me guste sea la paradójica lejanía que nos une, ese juego de saber que no me tenés y que no te tengo, la libertad de poder elegir cuando pensarte o buscarte y que seas por completo afuera de mi. Me gusta tenerte lejos con la certeza de que seguis ahí siendo vos mismo. Pero la verdad es que no te quiero, no me gustas, no me completas, y sos perfectamente lo que estaba buscando, porque siempre elijo quedarme con las piezas que no encajan y posiblemente tenga miedo a ser completada por el resto. Que paz me da la lejanía y ay, que paz me da no tenerte, aunque eso signifique tampoco tenerme por completo.
Escudos
A veces me da envidia y a veces me da pena. Creciste en un bunker de cariño y saliste al mundo dispuesto a amar con toda la piel, y con la fuerza de ese envión de locura y sinceridad chocaste contra mil escudos, contra el mio, contra los escudos de quienes salimos con miedo y nos escondemos en un acto rebeldía contra toda emoción que nos pueda gobernar. El día que me alejé por el amor de verte libre deseé jamás encontrarte de este lado de la trinchera, y aunque por mi culpa hoy quieras esconderte de las filosas armas de la locura y la sinceridad, me ofrezco a ser tu escudo para cuidarte los sentimientos, siempre que puedas sostenerme con fuerza cuando vengan a desarmarme.
Loco
Hace un rato me conté que te quiero Se lo conté a la sombra que hacía el auto sobre la luz roja que nos teñía mientras se alejaba. Se lo conté también al barquito de papel que hice con un folleto arrugado del asiento de atrás y te dejé escondido entre las monedas, para que te cuente que te quiero algún día que lo agarres de imprevisto y sepas que estoy lejos. A mí me lo contaron mis piernas enredadas con hormiguitas, me lo contó el reloj que marcaba las nueve, las diez, diez y media... Me lo contó el techo y el arbolito de al lado, Me dijeron: loca, ¿que haces acá sola? Y yo les conté que las personas somos lo que hacemos y vos no serías vos si no hubieras salido corriendo a ayudar, y yo no sería yo si te hubiera pedido que te quedaras. Si vos no fueras vos no me gustarías, y si yo no fuera yo tal vez no te hubieras animado a ser vos y ufff que lindo sos cuando sos vos. En el momento que me olvidé de esperar llegaste (como siempre). dos horas habían pasado de charlar con el techo y el arbolito que juntos concluyeron: loca, lo querés una banda. Yo me conté que tenían razón y ahora te digo loco, no sabes lo que te quiero.
Me gusta la lluvia porque me de miedo Vos también me gustas
Feliz rutina
Fuiste feliz hoy? Aprendiste algo nuevo? Esa mañana en que el calendario marcaba mi cuarto día de atraso llegué a la estación de tren arrastrando 10kg de yeso en mi carrito destartalado y la voz del micrófono me dio el segundo anuncio del día: "cancelaciones y demoras por problemas técnicos entre once y caballito". Esperé, pero después de pasarme un rato riendo de las personas que intentaban violar las leyes de la física para entrar a un vagón atravesé la avalancha y seguí otro camino. Tomé un colectivo y después de desesperar 60 minutos de calor haciendo equilibrio entre el tipo del escalón y el espejo retrovisor llegué derechito y todavía no era tarde así que mí carrito y yo caminamos por subidas y bajadas desde constitución hasta Puerto madero. Salí de la facu a las dos de la tarde aún cuando mi clase era hasta las 12, y mientras cruzaba la calle las señas de una mujer llamaron mí atención. Si, definitivamente era mí billetera la que estaba en la vereda unos pasos más atrás y si, definitivamente el bolsillo del carrito al que le confié mis llaves, plata, teléfono y sube estaba descosido. Así encaré rumbo a casa, con la ropa completamente salpicada de yeso, el carrito deshilachado, el mismo rodete que había improvisado en mí cabeza a las 8am y sin haber almorzado cuando leí un mensaje: "Hola, como estas? Espero que muy bien, te hago una consulta, fuiste feliz hoy? Aprendiste algo nuevo?". Quise contestar algo lindo así que repasé el día en mí cabeza y noté que nada de lo que me había pasado era tan bueno, pero también noté que hasta el momento no me había dado cuenta porque, qué gracioso era el tipo que a toda costa quería subirse al tren, se movía como si tuviera ratones en la espalda, o como si quisiera hacerse chiquito como Alicia en el país de las maravillas para quedar del otro lado de las puertas, y que bueno que mamá estaba cerca para alcanzarme a la parada de colectivo cuando el primer plan no funcionó (ella siempre está cerca), qué lindo se sentía también el aire en la cara cuando caminaba esta mañana, competía con el placer de hundir las manos en el yeso calentito hasta las dos de la tarde, porque después de todo era de las más adelantadas de la clase y no tenía hambre, había picado unos cereales en el recreo, y tampoco había perdido nada del bolsillo del carrito, y la ropa... La ropa se lava y mis pelos hace rato que ya no obedecen. Después de todo Dan me estaba esperando para merendar juntas y después de todo descubrí que soy positiva hasta que me lo cuestiono y qué fácil es saltar los charcos cuando voy a dónde quiero y que hasta que no había leído ese mensaje tampoco me había dado cuenta de que ese día, ese mismísimo día, estaba siendo feliz.
Sirius
Esa noche te sentías culpable de querer, culpable de sentir ¿Que iba a decirte? Si yo también lo busco cuando me necesito
Las fotos
Encontré las fotos, te acordás? Esas de las que hablábamos, esas que buscábamos Las fotos del día que te tiré el jugo encima, las del día que me avisaste que me saque el short de jean porque me ibas a tirar a la pileta La foto en la que nos estábamos peleando, te acordás? Bueno peleando peleando no En realidad nos estábamos amando Como antes, como siempre A mí me lo decían todos Y peleando nos amábamos A veces con los ojos A veces con la sonrisa Yo te amé con toda mi risa, que siempre tuve más completa que el alma Te amé con todo mí canto, que era más sabio que mis palabras Vos me amaste de frente, demasiado real para un mundo con las raíces enredadas Vos hiciste la melodía y yo no me animé a ponerle la letra Te quise y te quiero Pero ahora, tarareando a escondidas E imaginando como se habrán visto esas fotos de las que siempre hablamos pero no pudimos encontrar.
Aire
Que fácil es para el alma si a ella nadie la ve Que fácil es sentir para el alma Que fácil se le es explotar y que fácil esconderse si a ella nadie la ve Todos hablan sin embargo y al aire la analizan Que fácil es para el alma si ella es el aire, está en el aire En el aire y en mis obras Como un calco exacto que las materializa Que difícil es para mis obras no poder hacerse aire aún cuando son todo lo que respiro Que difícil que las sientan y que vergüenza que las vean si siguen siendo espejos de mi alma
Más fácil es pedir perdón
Perdón yo no quería enamorarme, perdón ¿cómo pude pensar que no pasaría? si hace cuatro años que arrastrás mis pupilas cada vez que me pasas por enfrente perdón, te juro que lo intenté resbalando de todos tus comentarios que esbozaran un poco de ternura como si dejarlos en visto significara jamás haberlos leído perdón, yo no quise pensar en vos esa noche que intentaron quedarse con mi cuerpo ¿por qué iba a querer esperarte? si ya tenías fecha de partida perdón por convencerme de que solo nos encontraría el sexo, si el día que tomamos cindor en la plaza me reí un montón perdoname, yo no quise, te juro que no quise, pero me abrazaste con fuerza, te dormiste en mi pecho, me dijiste a los ojos que te gusto, me hiciste la cena, me robaste otro beso, me pediste permiso para acariciarme el cuerpo pero te pasaste de la raya y terminaste tocándome el alma y ¿qué hago yo ahora? si no se más que pedir perdón
Verdad
Me tumba apenas una brisa Y qué difícil es volverme a armar Sobre todo cuando sé Que esa brisa provocada por las palabras saliendo de tu boca decían la verdad
Conurbano
En el conurbano vivimos como en el limbo. Varias veces cuesta diferenciar si tenemos árboles brotando por entre las casas o si somos casas ocultas bajo un par de árboles. Las personas usualmente van hacia la capital, como moscas a la luz artificial de las lámparas. Pero cuando el caos las espanta y la luz las encandila, se curan volviendo a casa, donde siempre siempre espera la vieja con el mate en la cocina, el perro entre las patas y el corazón en la mano.
Inmensidad
¿Cómo una persona tan inmensa puede sentirse tan chiquita? Aún sabiendo que cada uno es un mundo, y cada mundo es enorme. El alma es un mundo, uno dentro de otro. Recuerdo una vez, un hombre que siempre vivió en la ciudad creyó que estaba en un sueño la primera vez que vio el cielo estrellado de Mendoza. Ese vértigo, esa dulce angustia por lo infinito se llama inmensidad. Tal vez a vos te haga falta alejarte algunos kilómetros. Y vas a entender lo inmenso sos, solo cuando puedas ver todas tus estrellas que encandilan de destellos a quienes te miran contarlas.
Vino
Aunque mis palabras eran las de nunca volver a tocarte, mis labios se contagiaron de los tuyos y besaban con la intensidad de no saber cuánto tiempo de sequía volverían a aguantar antes de rozarse otra vez. Mi carne, viva. Las palabras tal vez, las bajaste con vino.
Artestima
Tengo la fuerte teoría de que el autoestima de un artista es inversamente proporcional a la verdad que refleja en sus obras. Cuán importante y sanador será el acto de crear, que somos capaces de guardar nuestras mas bonitas y verdaderas obras en secreto como si fueran la materialización de todo aquello que necesitamos sacar pero no queremos que nadie vea.
Sin embargo acá estamos, yo te lo cuento pero por favor no digas nada
El sueño
Una mañanita, bien temprano amanecimos de la mano con la brisa que se filtraba por los árboles y suave nos acariciaba la cara. Esa mañana te di de desayunar un par de historias que sigo sin saber si de verdad te gustaban o solo te confortaba mi voz, o tal vez mí pasión al hablar, nunca nadie me había admirado eso. Te conté que Frida pasó la mitad de su vida en cama, te conté cómo esos árboles de en frente dibujaban una pareja bailando a lo alto, que nunca nadie había hecho algo dulce por mí, que Diego no prometió fidelidad sino lealtad (que era más importante), que el árbol de al lado parecía llevar un sombrero y un ramo de flores pero estaba triste, yo vi su tristeza y vi la tuya cuando me contaste que a vos también te habían lastimado. Creo que llevábamos varios años cruzándonos, pero esa mañana de aire fresco y pasto húmedo te conocí y desde ahí nuestras vidas comenzaron ese maldito Zig zag que nos encuentra de vez en cuando y no termina por bifurcarse, porque esa mañana no nos despertó el viento, sino la llovizna que me hizo dejarte un lugar a mí lado para que te resguardaras, pienso que tendría que haberte dicho que te tomé la mano solo para desviar tu abrazo, que un poco me confundía, tendría que haberte avisado que por mucho que le hablemos a los árboles ellos no tienen alma, que por el medio del suave pasto se nos estaba asomando un alacrán, que yo también iba a lastimarte, y me olvidé de contarte además que después de haber hecho su promesa y dar el sí Diego terminó de romperle el corazón acostándose con su hermana, pero no hizo falta, esa parte la entendiste solo.
Dejar de mirar
Eran tres, tres almas caminando lejos de la música y el alcohol como niño que se esconde debajo de la mesa para no saludar a las visitas, como quien evita la mirada de la gente en el tren, como quien esconde una verdad absoluta. Eran tres locos raros desarmados en la vereda del barrio a las 3am, y también eran tres las historias que partieron de sus cabezas y vibraron por el aire esa vez confesando los "te amo" que coleccionaban en la garganta y las lágrimas que tenían juntadas en un rincón de los parpados cuando todavía se les notaba esa fuerza en los ojos, esa fuerza de quien no quiere dejar de mirar.