Nadie nunca sabrá todas las veces que la idea de cortarme ha rondado en mi cabeza. O las veces en las que pensé en Ana y Mía como un método para adelgazar. Tampoco sabrán las veces en las que lloré en el baño por darme asco. Nadie lo sabrá nunca porque, además de sentirme cobarde por nunca hacerlo, me siento hipócrita por decir que eso no sirve de nada cuando yo lo pensé como opción.












