“ Porque estaba solo, evidentemente. ” las palabras afloran con natural jocosidad imperante en encuentros con el proveniente de la costa este, comisura siniestra se eleva en sorna en propia dirección y es la realidad la que impera / conquista discurso masculino. “ y si dejo a los animales tranquilos, que tú seas la excepción a la regla es otra cosa. ” vuelve a mover extremidad en colisión con cuerpo foráneo, mas esta vez son las melodías en dicha las que interrumpen la sinfonía silvestre que hasta entonces había dominado en escenario. Sin embargo, lejanía de cuerpos y lucha de vaivenes se interrumpe cuando contacto nuevamente viene a ser producido, es el haber extrañado y la ausencia jornadas solares de antaño las que lo llevan a adorar el avance del minutero, aquella intimidad que se genera entre ambos y se vuelve amena; deseable y duradera en memorias que rogarían por una presencia permanente. “ la ardilla no me abandonó, yo la dejé volver a su hogar porque es donde debía estar. ” contrarresta en un hilo de falacias que aparenta infinitud de posibilidades, se niega a dar brazo a torcer, mas por batalla argumentativa y no testarudez que personalidad sólo adopta en presencia de progenitor. “ amarías perderte conmigo en el bosque y no volver jamás a las cabañas, se te dan mal las mentiras ” inventa escenarios y posibilidades que habrían sido realidad en episodios pretéritos, mas ahora desconoce; y es entonces cuando el amargo sabor prima en cavidad bucal. Pies reanudan andar, olvida escena de crías desprotegidas en hierba, primando aquella idea que se vuelve enfermiza: ¿es aquel Tiago el mismo de hace año atrás? La apariencia sostiene afirmaciones, no obstante, la duda es enemiga constante. “ uhm, Tiago — ” la divagación inicia, impulsos mueven sinhueso, y extremidad se aleja de silueta impropia para encerrarla en bolsillos de prenda inferior. “ el año pasado, uh, cuando no viniste — ” vuelve a silenciar, orbes castañas se mantienen fija en frente, en espalda de quien desconoce identidad ( o quizás hace pero no existen vestigios de importancia en sus memorias ). “ ¿por qué este año si lo hiciste? ” interroga, y es entonces cuando se enfoca en él, en facciones que lucen conocidas y al mismo tiempo ajenas.
Tentación abunda para desdibujar expresión y ahogarse en falsa expresión de indignación, mas las carcajadas ajenas siempre han sido su debilidad: imposible no unirsele, no contagiarse de la lírica que le invita a hacerse parte del chiste y relajar músculos, narrativa repetida a través de los años, quizás desde primer encuentro de miradas. “¿Tengo que sentirme halagado? También dicen que las criaturas débiles tienden a seguir a los más fuertes...” insinúa, curvatura aun en firme posición sobre labios, preocupaciones sobre goce de estadía lejos de conciencia en momento presente. Se sumerge en la sorna y se olvida de aplicarle realidad a sus palabras; porque en el fondo no se cree merecedor de un adjetivo como el empleado en frase, es poca la confianza que le inspira su reflejo sobre el espejo. Pero yace miedo en el temblor tenue de la voz, dejarse entrever por completo y perder a quien es clave centrar de su supervivencia. Es un riesgo que no se atreve a tomar, y por eso: débil. “Claro.” Espeta como única sílaba, cejas arqueadas y sarcasmo obvio, conocedor de la veracidad de aquella historia. Pétalos curvados en gesto constante de diversión, apreciación por la compañía, y ante afirmación contraria deja que se eleve solo una de sus cejas. “¿Estás proyectando tus deseos en mi?” juega con supuesta indiferencia, pero no es un papel que se le de bien; justo como ha dicho el contrario, mentirle a los más cercanos no es su punto fuerte. ( Ocultar, sin embargo; ¿no es más sencillo? Mentir por omisión, no tener siquiera que hacer el intento de dibujar falsedades mientras todo lo que se hace es ignorar realidad. Oh, qué arte ) Se prepara para contrarrestar creencia cuando es la misma voz de compañero la que le detiene, diferente la tonalidad, quizás aportando una seriedad que el momento aun carece. Y le mira de lleno, esperando la resolución de su titubeo. “Supongo que... el morbo me ganó.” Expone tras momentos de silencio, neutral su rostro, y dirige la mirada al frente, mucho más fácil remover el manto que mantenía sobre su rostro cuando no nota la mirada ajena. “En parte deseaba ver como iban a reaccionar. Qué dirían.” Encogimiento de hombros, restando importancia, colocando nube de nuevo en su lugar. “No sé, también es mi única oportunidad de verte sin dejar a mis padres en bancarrota.” Humor tomado siempre como arma para aligerar ambiente, moldear asperezas, volver a terreno conocido.