No dice nada sobre las cosas de las que Epiphany dice tener que encargarse, pero siente una profunda curiosidad por ellas. ¿La razón? El simple hecho de ser mencionadas. Curiosidad innata. Aunque es mucho más fuerte el pudor que siente por parecer una metiche y prefiere callar. - Este no está muy lejos de morirse también, - responde al hablar la muchacha sobre su móvil. - pero al menos lo hará habiendo ayudado. - suspira para concentrarse en la tarea de liberación del pie ajeno, viéndose interrumpida por la broma sobre estar coja, la cual la hace reír bajito y entre dientes. - Dejarías de merecer todo respeto, sí. - le sigue divertida antes de bufar por pensar en lo de la reunión del patio. - Si te soy sincera, tengo cero ganas de bajar ahí con todo el mundo. Me ha venido bien que hayas tenido este percance para posponerlo. - ella siempre ha preferido la compañía de la gente en número reducido, a ser posible de uno en uno. - ¿Estás bien? ¿Te molesta o algo? - indaga al verla retirar el pie, sin percatarse todavía de que tiene un pequeño problema personal. - Mierda. - refunfuña. El hueco que antes ocupaba el pie de su interlocutora, ha sido tomado por una de sus manos y la ha intentado mover, pero es incapaz de sacarla. - Creo que ahora tienes que ayudarme tú a mí.
“Con suerte el problema de la luz no dura mucho más.” Habla aún observando su pie, efectivamente a simple vista y por la gran molestia, podría decir que se trata de un esguince. Escucha palabras ajenas y sonríe más para ella misma que otra cosa. Su intuición estaba en el lugar correcto. “¿Qué pasa? ¿No quieres socializar con tus adorables vecinos? Pensé que la que detestaba a la gente era yo.” Tanto así que no se molesta en adornar sus palabras, en hacerlas sonar educadas, menos chocantes. No es novedad que eso de llevarse bien con otros seres humanos no es lo suyo, generalmente los problemas la buscan (o viceversa, no está segura) y termina en medio de conflictos. “Duele un poco, pero tranquila, no se siente como nada grave.” Sigue en una sola pieza, algo hinchado pero por el momento es tolerable. “Voy a necesitar que me ayudes a pararme.” Por más que no se siente mal, que en términos generales podría decirse que tuvo suerte, aún sigue necesitando a la chica por más que le pese. Desvía la mirada hacia la mano ajena, la cual ahora ha tomado el lugar de su extremidad atascada, y alza ambas cejas. “Es como una jodida trampa de ratones.” Se arrastra para quedar cerca de ella y una vez sentada a pocos centímetros, estira sus brazos y toma el caño con todos sus dedos, aferrándose. “¿Estás bien? Si me das el okay intentaré sacarte de aquí.”