“Alisa Green” respondió de forma automática, acostumbrada a presentarse con nombre y apellido en las reuniones de trabajo. Aparte de eso no solía socializar mucho más, por lo que era razonable. No obstante, no tardó en darse cuenta de que a cualquier persona que viviese allí su nombre no le resultaría familiar porque hacía años que no pisaba el pueblo. Además era la voz de una chica, pensó que probablemente la había asustado, pues ella tendría miedo en su lugar.
“Solo paseaba, no puedo dormir, pero ya me marcho” añadió a la par que intentaba identificar su rostro. Era difícil, en aquella zona del jardín no había farolas (lógico, ¿qué clase de persona se pondría en un sitio así a las tantas de la noche) y la luz de la luna no ayudaba en demasía. Se volteó dispuesta a seguir caminando, pero una voz en su interior le dijo que tenía que quedarse. No era normal estar en la calle tan tarde. Ella paseaba porque no podía dormir, porque la tristeza de los últimos acontecimientos ocurridos en su vida inundaban su cuerpo y su alma. Quizás aquella mujer necesitaba hablar, así que volvió a dirigirse hacia ella, al menos para asegurarse de que todo estaba bien.
“¿Va todo bien?” le preguntó con un tono amigable y se sacó el teléfono móvil del bolsillo para iluminar con la pantalla. No apuntó directamente a su rostro, sino al suelo. Se despistó por un momento porque las flores plantadas por allí llamaban su atención. No reconoció todas, pero si el galán de noche porque era la favorita de su madre. Fue verla y notar cómo el olor invadía toda la zona, era muy agradable. Volvió a mirar a la chica, ahora sí que podía ver su rostro e intuyó que más o menos tenían la misma edad. “Siempre venía aquí cuando era una niña y lo he hecho inconscientemente al salir hoy, no pretendía asustarte”.
Alisa… creía haber escuchado ese nombre en algún otro sitio, pero su memoria era bastante difusa en ese preciso momento, además la oscuridad no le permitía ver el rostro de la muchacha con claridad, no tenía idea si se trataba de alguna pueblerina con la que se había cruzado alguna vez. Decidió dejarse llevar por su corazonada, quizá un poco de compañía no le vendría mal esa noche, después de todo hace mucho tiempo no compartía sus más íntimos secretos, y al tratarse de una persona de su mismo sexo se hallaba más cómoda.
Su corazón dejó de latir con tanta velocidad, y así mismo lo demostró su respiración que continuó de manera serena. En un inicio creyó que se trataba de alguien quien intentaba hurtarle, había oído sobre algunos asaltos en los alrededores y nunca se podía estar completamente segura, suerte la suya que solo se trataba de una inofensiva y amigable chica.
“Alisa, no quise ser ruda contigo” intenta disculparse a su modo “tan solo me has dado un terrible susto, creí que era la única que se encontraba en pie a estas horas” no mintió, los lugareños solían acostarse temprano para poder madrugar al día siguiente, no era su caso, siempre había sido el bicho raro de aquel pueblo “no tienes que marcharte” Maureen intentaba hacerle cambiar de parecer, a pesar de la escases de luz intentó aproximarse hacia ella, posa su diestra suavemente sobre el antebrazo ajeno para detenerla, espera que no le moleste su atrevimiento “la verdad no, he tenido una horrible pesadilla y, entresueños creí que sería correcto huir de casa, como si allí no estuviese a salvo” deja escapar una suave risita antes de continuar “sé que estás pensando, es totalmente absurdo” se encoge de hombros, ahora que está en sus cinco sentidos se siente un poco tonta. Cuando la luz del teléfono móvil hizo aparición, Maureen terminó la cercanía entre ambas y de inmediato entrecerró los ojos, como si la luz fuese para ella enceguecedora “todo perdonado” dice empleando un tono juguetón, a la vez que menea un poco la cabeza para que comprenda que está embromándola “¿dijiste que ya habías estado aquí? ¿hace cuánto tiempo?” Maureen había vivido en aquel pueblo la mayor parte de su vida, era imposible que no se hubiesen cruzado antes, fue allí cuando comenzó a experimentar verdadero interés en la extraña.