La huida ya se había puesto en marcha, los bromistas de la noche comenzaban a dispersarse por el edificio en busca de un refugio o de continuar con el ‘ataque’, y Gale no era la excepción. Su destino era la habitación, ralentizando el andar tras hallarse lejos del lugar de los hechos. Sin embargo, antes de llegar al piso de su dormitorio percibió otra presencia. Su primer instinto fue el de asumir que no había sido testigo preciso de su previo accionar, por lo que saludó con total serenidad a aquella figura: “Oh, hola. No te vas a creer lo que me encontré.” elevó un poco la pistola de agua en sus manos, apuntaba en dirección a su nueva compañía y solo sería necesario un poco de presión de su dedo para mojar al otro, aunque su sonrisa jurara que no se le ocurriría hacer tal cosa.
De camino a su dormitorio había decidido hacer una parada rápida en el edificio de deportes, la urgente necesidad de ir al sanitario obligándolo a ocupar el baño del primer piso para así ahorrarse la larga espera que significaría recorrer todo el camino hasta su cuarto. Sintiendo el cuerpo más pesado que de costumbre y los ojos ardiendo en un pedido de descanso, abandonó el sanitario en el tiempo más adecuado para encontrarse fuera de él frente a un desconocido. “¿La encontraste? ¿Los atacantes van por ahí abandonando las evidencias?” las palabras ajenas no le inspiraban mucha confianza, pero si era o no uno de los involucrados en el ataque, no le importaba. Elevó las manos, a la defensiva, sabiendo que era el blanco de un posible chorro de agua. “Tranquilo, vengo en paz” sonrió, demostrando que aún no conseguía darle importancia a lo que parecía ser sólo un juego (y que si no lo era, tampoco conseguía exponerlo a grandes consecuencias). “¿Qué quieres a cambio de no disparar, mi silencio?”












