valliah
Pese al cansancio que acumulaban sus músculos, notable en cada roce contra el suelo que daban sus pies al avanzar, su mente parecía conservar un cuarto de su acostumbrada perspicacia, cantidad suficiente para detectar, algunos pasos por delante de sí, a dos personas que acechaban a una despistada (posible futura) víctima. Pistolas de agua en mano, se preparaban para atacar a quien parecía ignorar por completo que estaba a punto de convertirse en un número más entre los afectados por la broma. “¡Hey, detrás de ti!” su voz, fuerte y decidida, interrumpió el silencioso ambiente de madrugada tal vez por el deseo de ayudar al prójimo o, quizá, con la malicia de intentar arruinar un plan que parecía perfecto.
Alerta que irrumpe con esmero en su campo auditivo, salvavidas oportuno para hacerla girar sobre sus talones y enfrentar los rostros traviesos que pretendían arruinar su noche bajo la excusa de una gracia, dos muchachos que insultan, se quejan, lo condenan al desconocido por haber destrozado un plan casi perfecto. Se apartan, luego de unos momentos sólo hubo un ceño fruncido de su parte y ellos deciden apartarse, pistolas abajo y su noche destrozada. Es entonces cuando su mirada captura por fin a quién había alzado su voz con la humildad brotando de su lengua, sus comisuras le dan la bienvenida a una curva que prontamente es reprimida y acorta el paso, manos introduciéndose en ambos bolsillos traseros de su jean. “No suelo decirlo mucho, pero… gracias.” Fuerte y claro, mas sin rodeos necesarios.












