21 de marzo
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21 de marzo
Postulante Tácito
En su semblante se refleja un alma perdida y agobiada, rozando la esclavitud eterna entre el perecer y la inmortalidad...
Suspirante, incesante, parecería onírico su pesar pero la realidad le sepulta sin cubrirle la cabeza. ¡Menuda algarabía! Pues, si las aguas poseen memorias, ahogarle en el recuerdo sería la dicha en descanso eterno, ya que percibe no mas que la muerte. “Los votos anunciados en periodos otoñales son infames ante los besos del tenaz frio que desprende la sabia muerte, sus labios; son la desdicha”.
¡Si careces de fe, la bendición es banal! Pues, mientras sus rodillas le arden en magullones, se mutila el rostro para callar...
Soberbia Pena.
I luv this part.
“I missed do this a lot.”
Socavón en la Orilla
Las huellas que dejes pasaran a borrarse entre la arena....
Desprendidas por las olas, estas rozan la desnudez de la piel, es intrusivo como recorren los nervios del cuerpo, en un escalofrío vinculado a la conciencia.
Una sensación peculiar y resonante, un reflejo deformado por perturbaciones del céfiro, una sensación tan familiar... permaneces renuente, agazapado. Comprendes mucho de lo que no ves, poco dices de lo que fardas conocer.
“Hay quienes no distinguen entre ocultar y mentir, entonces, no te haz mojado lo suficiente o realmente te haz secado hasta hace muy poco”. La incertidumbre no desvanece, pero lo hace tu razón, desvaneces en incoherencias, proposiciones medianamente mediocres o peligrosamente astutas, el clima es impredecible mar adentro.
Entre cara o cruz mejor no tentar a la suerte...
No te sumerjas, sin antes saber nadar.
Áureo Septembrino
Su nombre parecería irrelevante y hasta común, pero en las calles reminiscentes se reconoce la particularidad de su figura cuando le escuchan mencionar.
Una estatura no más alta que el promedio, mirada suspicaz que vulnera el alma, melena rizada, tez café en reflejo de su maniático vicio y ojos rasgados, ambiguos como la noche.
“Sus labios pomposos emanan un tono de voz narcótico, casi tan delicado como el tacto de sus manos, característico de un artista.”
Te envuelve en la enigmática dicha del satisfacer psicológico, previó al episodio maniaco condesas el hervor de la sangre en tu semblante y sin mas, eres presa de la inmoralidad humana... y lo sabe, estas a su merced.
Pese la seriedad en su rostro al modular, la pasión de sus trazos contrasta sobre el papel rugoso manchado de carboncillo, el cierre de sus pestañas son parte de en un marco idílico que ni el mismo Leonardo Da Vinci tendría la naturaleza artística de plasmar.
Las horas son difusas, los faroles se alumbran, y el calor del ambiente te quema el pecho, el aire no fluye en tus pulmones, el motor de tu cuerpo empieza a sofocarse y tu único auxilio sería que desapareciera, pero eso solo ensombrecería tu ser...
Prefieres asfixiarte ante sus palabras, induciéndote al sueño eterno.
Regocijado en la sobriedad del jazz.
Sensaciones de la Naturaleza
Su respiración era abrasiva, recorría sus raíces hasta quemar sus pulmones... una mirada que violentaba la pulcritud de los pensamientos, inquisitiva, incesante y profunda.
Un manto desviaba los sentidos, oscuro, una oscuridad plena. No aguantaba más, dejándose caer de rodillas ante el abismo, no encontraba donde pisar, flotaba en dirección opuesta al cielo.
La presión de la gravedad dejó un sonido agudo, no era doloroso pero era constante, el silencio, ¿de dónde provenía ese silencio?
Volviendo en sí, se encontraba en campos de algodón, llovía, una cálida llovizna, casi tan cálida como el inicio de la primavera, aquello le dejó pensando...
- ¿Por qué otoño tenia tanta prisa?
Era un egoísta, eso seguro, el desdichado invierno se quedaba mínimamente con sus sobras y primavera era muy orgullosa como para siquiera regalarle una rosa, luego estaba verano, un envidioso, resecando los campos de Artemisa que cultivaba la primavera.
Me desvié, el calor me atrapó mimoso, el sol, renuente a ocultarse deposito sus rayos de luz en la fina gracia, estaba incandescente, pero nuevamente le dejo reseco.
Una disputa se llevaría a cabo, era el turno de noche, pero el día anhelaba conocer los secretos de su predecesora... ignorado, cabizbajo se marchó.
Más allá de su naturaleza, la dama blanca, alumbró el oscuro cielo, renuente pero comprensivo, el caballero de armadura dorada fortaleció el mármol de sus vestiduras, mientras que en las cercanías, luna recopilaba los secretos protegidos en los vestigios de la corteza terrestre, más temprano apreciados por el melindroso sol.
La luna era reservada, pero grata.
Fiona
Brama furiosa en llantos de amargura, una dama tenaz, vacilante y de fuerte presencia que se escurre entre las fachadas de los humildes.
“Poseedora de un brillo cegador en su mirada, refleja su belleza en la lucidez de la noche.”
El murmullo de su voz es adormecedor... resuena en una suave melodía, atacando súbitamente con una melancolía desgarradora de sus cuerdas vocales.
De manera particular, no se le percibe en el mismo sitio más de una vez, muchas comparten similitud, pero ninguna es ella.
Pocos conocen su trayectoria al ser una viajera peculiarmente incierta.
No es más que una caza fortunas, en la boca de muchos una buscavidas de la mas baja clase social, sin embargo, a duras penas el dolor logra ocultar.
De manera extraña, la vulnerabilidad en sí misma caracteriza esa fortaleza que la hace ser odiada entre los hombres...
Su enigmática naturaleza.
Pertenencia Ajena
Color cautivante, brillo extenuante a plena luz del sol, resaltaría el porte elevando el entusiasmo, sería casi pecaminoso el simple hecho de no tomarlos.
“Calzaría perfecto para ser un cuarenta y cuatro, poseo pies grandes, pero su forma son de pies anchos.”
Sin titubeos los hice míos, no había que pensarlo dos veces, era mas que un simple capricho.
Ensimismado, en diversidad de ideas me desborde:
“Sudadera corta, pantalones vaqueros, era tanto de donde escoger...”
Cayendo en cuenta pasé algo por alto, que distraído, no me los había probado.
Al borde del colchón me recosté... tirando y aflojando, mi talón aun seguía descalzo.
Rojos como el carmín, suprimidos en la angustia, era tanta la fuerza que terminarían necrosados.
El aire se escapaba, no se distinguían las gotas que se deslizaban por el rostro, no solo en la frente, en las mejillas yacía el desdén de un alma hiriente.
Los discos de la columna, reposaban malheridos en la transitoria tumba, los dedos se apretujaron al tener contacto con la brisa del helado vacío.
Finalmente, Eros le abandonó y le dejo recapacitando...
No calzaba en los pies de un extraño.
Last cup of coffe <3
My duckjestic it's tea time.
3:00 a.m. “I needed a space to vent so I created it”
Pinterest was part of the inspo <3
it's pretty to walk around here.
- La Noche Estrellada
La yapa en el joyero
Una joya, sin diamantes ni oro, metal poco pesado de precio barato, pero en su caja protegía su tesoro, ¿Qué poseía entonces de grato?.
Miranda no era joyera, ni cerca, del tema no sabía, pero era bella, en corazón y espíritu se dedica, perpetua, así de sencilla era ella.
Una simple promesa en su piel tersa, luz de sol cierne sobre su cabeza, la luna, mediante su luz descansa.
Si te acompaña, te sana no daña, el recuerdo su tesoro, no olvida, lo deduce y te prevé, no regaña.
El derrocamiento de Junio
Pasaban días en que suspiró, con abrazos disipaba la niebla, calidez abrumante recibió, soltarle citaba el frio, y con el, niebla.
Lagunas mentales divagaban, pues, los meses, su mente no contaba, logrando que por mal juicio le colgarán, se dejó caer, el peso no aguantaba.
Berlín estaría celoso de tal caída, tan dramática, tan poco enigmática, aun así, se sintió igual de rápida.
Entre la lluvia salía el sol, El agua tornaba la luz borrosa, hundido en la salobridad del crisol.