Blind date {Millicent + Lucius}
La idea de la “cita a ciegas” no le parecía tan desastrosa del todo. Ya había pasado el tan temido, para algunos, mes de febrero, por lo que tomar esa cita por algo amoroso, y más con alguien desconocido, no era exactamente la idea. Además que por mucho que intentara alejar a Leon de su mente, su nombre aparecía en él cuando la palabra “relación” o cualquier sinónimo o palabra que pudiera relacionarse con ella.
Se vistió entre casual, y dejando su estilo en cada una de sus prendas. No iba a dejar de verse elegante por muy casual que quisiera ir. No sabía que esperarse, pero en su interior esperaba que la otra persona hubiese organizado algo. Era en las cocinas la cita, no podía ser tan difícil intentar hacer algo allí, esperaba que su cita tuviera algo de originalidad o creatividad en eso.
Intentó llegar puntual, pero un niño de segundo año la había detenido para preguntarle sobre unas cosas que ella intentó contestarle con rapidez, sin perder su educación, para que así pudiera llegar a tiempo a su cita. Solo había tardado unos ocho minutos entre la conversación relámpago, y el llegar a las cocinas. Su vista buscó a un estudiante, a alguien que sobresaliera de entre los elfos, hasta que una cabellera rubia, casi platinada, le llamó su atención. Genial. —Justo lo que quería para mi cita, no puede ser más perfecto. —murmuró, llamando la atención del Slytherin. Esto no era exactamente lo que tenía en mente.
El hecho de que su cita fuera impuntual, ya comenzaba a molestarlo. No le gustaba esperar y menos aún en cosas así. Por momentos no conseguía entender que hacia allí, y su lado pesimista le decía que estaba perdiendo su tiempo. Sin embargo, otro lado de él buscaba divertirse, pasar un buen rato y fue aquel impulso el cual lo incitó a inscribirse. Esperaba al menos una chica bonita, con la cual divertirse al menos por ese día, y en parte su deseo parecía cumplirse, pues apenas la observó al llegar notó la belleza de la rubia. Pero dos palabras aparecieron en su mente “sangre sucia”. Eso lo arruinaba todo. Daba por hecho que tendría una mala cita, aunque no pensaba quedarse de brazos cruzados. Podía entretenerse burlándose de ella. ¿Por qué no? Con esa idea, Lucius comenzó a tratarla. Aunque una débil voz en su interior le repetía que ser “sangre sucia”, no era algo malo, él elegía ignorarlo. Su padre, su familia y todo su circulo social lo consideraban como algo asqueroso, así que para Lucius no quedaba otra opción que creerlo también.
—Supongo que tenemos algún tipo de conexión, porque yo también te esperaba justamente a ti— mencionó sin dejar el sarcasmo afuera y sonrió de lado, mirándola de arriba hacia abajo. —¿Te parece bien hacerme esperar?— cuestionó y observó el reloj que cargaba en su muñeca izquierda. —Llegas nueve minutos tarde— reprochó, haciéndole saber que estaba molesto. —Deberías reponer tu error. Así que vamos, ¡ponte a cocinar!— exigió como si tuviera el derecho de darle ordenes. Él creía tenerlo, pues consideraba a la chica alguien inferior a él.










