Nacimos
Hace días que vengo queriendo escribir sobre tu nacimiento, Gaia pero cada vez que me encuentro frente a la hoja blanca las palabras quedan chicas.
Estas palabras que tanto amo y que siempre uso como pinceles para mostrar como veo el mundo hoy deseo que se vuelvan pócimas para hacer alquimia y relatarte tu llegada.
Sonrío, fantasticando sobre el momento en el que leas esta carta. Te interesará saber sobre tu nacimiento? Yo te escribo para cuando tengas ganas de leerme y saber cómo aterrizaste sobre este hermoso planeta.
Empezaste a tocar el timbre a la noche del sábado 18 de enero y las contracciones siguieron leves e irregulares durante todo el domingo. Yo me sentía relajada, pero alerta: un poco de pileta, una charla con tu abuela, mucho descanso y mucho sentir. Mientras, tu papá corría cómo un loco para buscar todo lo que nos faltaba para recibirte (o sea casi todo, como de costumbre). Además era domingo y, por supuesto, la mayoría de las farmacias del barrio estaban cerradas. Así, sorteando obstáculos y en escucha atenta fluyó el último día con vos adentro de la panza.
A las 21 empecé a reconocer contracciones más dolorosas (es verdad lo que dicen: ‘cuando son contracciones de parto te das cuenta). Así hablamos con Cris y Gabi (la partera) que nos dijeron de avisarlas cuando empiecen a ser más largas de 30 segundos y cada 5 minutos. Me duché y volví a la cama: ‘quiero dormir descansar así mañana tengo fuerzas para recibir a Gaia.’ Como se dice en italiano ‘le ultime parole famose’: dije esto y empezó nuestro baile.
Eran las 22.30 y arrancaron las contracciones de trabajo de parto, como olas, olas gigantes de mar en tempesta.
Mi mente empezó a fallar y la mamífera que vive en mi a despertarse, a recordar, a entregarse. Ya no habían más contracciones, reloj, espacio y tiempo: estábamos vos y yo, y mi utero pulsando.
Tu papá estaba ahí, bello como el sol y fuerte como una roca. Calmo y firme como siempre cuando las cosas se ponen difíciles. El ha sido (y es) mi cable a tierra, sabes?
Nos mirábamos en los ojos ojos, nos agarrábamos las manos con fuerza y yo volvía en el aquí y ahora.
Con cada contracción papà me decía ‘agarrate fuerte a mi y pásame el dolor’ (Cris nos enseñoó la técnica de traspaso del dolor que es muy mágica). Así con cada ola respiraba y pasaba el dolor en el ojo izquierdo de papà, y a través de su ojo lo entregaba también a la tierra, que todo recibe y todo transforma. La tierra que es madre de todes y siempre nos sostiene.
No hubo dolor, hubo sentir profundo, de estos que recuerdas, que dejan un surco, pero no lo sufrí: sentía que estábamos bailando, jugando, aprendiendo a ser uno para traerte aquí.
Sabes hija el dolor y el sufrimiento son cosas distintas, el dolor puede ser un canal hermoso, de sublimación, elevación y transformación.
Me abrí a sentirlo todo, tan intensa como siempre, tan entregada como nunca.
Las olas se hicieron cada vez más rápidas, más intensas, a las 00.00 bum, rompimos bolsa. Yo y papá nos miramos intensamente con los ojos muy abiertos y sin parpadear, entre el asombro y el pánico. Nos reímos como cada vez que nos encontramos frente a una aventura nueva y desconocida y entre el llanto y la risa dijimos ‘Ya está, se viene’.
‘Amore, no es de pujar, llamo a Cris’. Dijo papà.
Luego no recuerdo qué pasó, recuerdo reírnos mucho con papà con cada contracción diciendo ‘No hay que pujar. No hay que pujar’ y yo controlaba con la respiración el instinto irrefrenable de acompañarte en el canal de parto. Vos hiciste todo sola, te encausaste como un río que corre hacia el mar. Sin miedo.
Yo y papá seguíamos con el traspaso del dolor. El puso una lona abajo de las sábanas para no manchar la cama.
‘Sin pujar’ me repetía.
Y yo mantreaba y mantreaba (poderosa herramienta la afirmación cuando se alquimiza con la intención pura), repetía: “Tengo el mejor parto que puedo tener, me amo y merezco ser feliz” y te hablaba y te decía “Gaia tenemos el mejor parto que podemos tener, nos amamos y merecemos ser felices”.
Los recuerdos se funden, solo se que papà me mantenía ahí, me hablaba, me llamaba. Yo no tenia mas control sobre mi cuerpo, tenia los brazos y las piernas temblando descontroladamente.
A la 1,30 llega Cris, papà había armado la habitación con luz tenue para que Cris me pudiera revisar. Me tacta. Agarra el teléfono y llama Mario (el neonatologo) y Gabi: ‘dilatación completa y la niña coronando, apúrense YA’.
Pues con su voz cálida me dijo de prepararme a recibirte, de no pujar hasta que no llegué alguien más a ayudarla, hicimos el Om varias veces, me puso una aguja de acupuntura en la cabeza y me tranquilizó sobre los temblores ‘es simplemente energia, gozala’.
Ahí solté completamente la mente y me conecte con vos.
Papá llamó a la tía Vero que vino con el Colo a traer toallas y el antibiótico para el streptococcus.
Yo seguía con el Om, la respiración y nuestros mantras de poder: tenemos el mejor parto que podemos tener Gaia, nos amamos y merecemos ser felices. Sin pujar. No hay que pujar.
Llega Mario, y a las 2,15 llega Gabi también, estamos todos, ya puedes nacer.
Papá estaba sentado atrás de mi espalda, me sostenía con su pecho y me decía que me amaba en el oído y me decía que lo estaba haciendo perfecto, que ya estábamos listos para conocerte.
Cn la contracción siguiente Cris me invitó a no perder energía en la garganta, de encausar esta energía hacia abajo ahora, enfocarla toda en mi segundo chakra. Me tocó un punto cerca del clitoris y me invitó a mandar la energía ahí.
‘Sopla suavemente, como si estuvieras soplando sobre una superficie de agua’. Y junto con ella y tu papá entonamos el Om.
Llegó una contracción que más que una ola fue uno tzunami: es ahora! Respiré ondò y recogí toda aquella energía que estaba desbordando en mi cuerpa y la encausé hacia vos, hacia mi yoni sagrado. Me abro como una flor de loto. Sin hacer ruido, un pujo contundente ma suave, enfocado y directo. Coronaste.
‘Es morocha’ dijo Cris ‘mantenela ahí’.
Ahí te mantuve, en el aro de fuego, sintiendo todo el poder de la creación adentro mío. Pulsando placer, confianza, presencia, entrega. Entrega completa hija. Me abro como una flor de loto.
‘Con la próxima ya sale’ dijo Cris y empezó a hablar con vos ‘Gaia, estamos aquí esperándote, bienvenida ahora. Gracias por elegir nacer sin violenza, con mucho mucho amor. Acá estamos para ti’. Nos mostró tu cabecita a través de un espejo: tu papá se rió emocionado, yo no quería abrir los ojos para no perder la concentración. No necesitaba mirar, sabía exactamente donde estabas y que estábamos a un instante de conocernos. Agradezco estos últimos minutos en los que te tuve adentro mío, rezé para despedirte y llegó la ola siguiente.
Respiré, pujé y salió tu cabeza. ‘Mira cómo nace tu bebé’ dijo Cris. Abrí los ojos y vi tu cuerpo salir del mío, deslizarse como el agua del rio que por fin ha llegado al mar. Cris te sacó con maestría la vuelta de cordón y te puso en mi pecho, lloraste y yo quedé con la boca abierta, no podía creer que ya habías nacido, que ya estabas al otro lado de la piel. Eran las 2,36.
Te amo hija, te amo gran maestra. Naciste sin pujar, decidida y clara como una flecha. Me atravesaste. No hice nada más que abrirme (como una flor de loto) para hacerte llegar.
Papà cortó tu cordón cuando ya había dejado de latir, Mario te revisó en mi pecho y te pesó con una balanza de tela. Fue todo suave.
Te devolvieron a mis pechos y quedamos vos yo y papà abrazados, en la cama donde naciste y donde has estado los tres días siguientes a tu llegada. No hubo lágrimas, si mucho asombro y Alegría. Mucha magia hija, bendición pura tu decisión.
A la media hora nació tu placenta, la guardamos para entregarla a la tía Maru para que haga alquimia con ella y quede siempre para los tres una medicina para volver a la origen si lo necesitamos.
No hubo la música que preparamos, ni el tambor, ni la pileta de parto, ni tampoco hubo medicación, cortes, sedación. Sentí todo como un rayo que me atravesó y esto fue el regalo más grande que me hiciste, la certeza de que en las transformaciones no hay que pujar. Hay que abrirse para que las cosas sucedan y el plan divino que co-creamos para encontrarnos se manifieste: en la entrega y en la fe hay el más grande de los poderes, gracias por enseñármelo.
Ya llegamos al final de este relato, pero no quiero cerrar sin agradecer, agradecer es la primera semilla de la abundancia hija.
Agradezco primero que todo a tu ser por elegirme, tengo muy claro que no sos MI hija, solo soy un canal y una guía para ti. Te prometo criarte libre y abrirme a cuestionar todas mis creencias para aprender de ti.
Agradezco a tu papá, por ser el mejor compañero del mundo, por dejarme libre y sostener con tanta fuerza y tanta confianza en mi, en nosotras. Lo agradezco por su presencia y te deseo hija algún día encontrar un amor así de sagrado como éste que nos tenemos con tu papá.
Agradezco a Cris y su acompañamiento, tan valioso! Su experiencia que me hizo siempre sentir segura. Agradezco a Gabi y Mario, el mejor equipo.
Agradezco a mi cuerpa, a mi utero creador y a todo mi linaje. Agradezco a mis guías que me cuidan desde todos los planos y a mi voluntad de seguir mi propósito. Parirte fue una de las experiencias más sanadoras de mi vida hija, gracias.
Agradezco a todas las mujeres que me acompañaron en los círculos que habite preparándome para tu llegada. Las mujeres cundo nos encontramos creamos magia, contención y tribu, nunca estamos solas hija. Estamos todas conectadas, nuestras uteras lo son y nos merecemos sabernos acompañadas.
Y para terminar te cuento que primer día en el que asistí al circulo de panzas me preguntaron cuál era mi sueño para este embarazo y dije: ‘tener un parto orgasmico’. Lo fue, mi amor,no en el sentido sexual, fue una sublimación de la sexualidad, un proceso alquimico de materialización. Un orgasmo espiritual.
Que bendición! Gracias amore mio!
Ti amo,
La tua mamma













