...Necesito que percibas también mis silencios
… A falta de un saludo formal, comenzaré aseverando y advirtiéndote que esta carta podría ir de lo soez a lo romántico de una línea a la siguiente, pues así siento yo el amor, tan amplio! tan dinámico! Tan vibrante… además siempre me ha parecido complicadísimo tener elocuencia de abordaje con quien genera en mí tantas cosas… por eso me leerás repleto de puntos suspensivos, y te pido disculpas, pero necesito que percibas también mis silencios, algunos de ellos contienen suspiros, pero aun así prometo ser lo más llano y honesto posible en los siguientes párrafos. Bueno, luego de este par de cláusulas ya me siento valiente, vamos de nuevo:
Hola! Te escribo porque a propósito de que decidiste ponerte regia de vuelta (si sí, has estado dando de qué hablar últimamente, andas queriéndote más, y se nota!), asimismo redescubrí que te extraño! Y que aquel viaje del año pasado en el que volví a verte me llenó de tantas verdades como recuerdos y que hoy decido compartirlos contigo.
Apenas te vi, tengo que admitir que tu calidez y tu cordialidad me reconectaron con ese pasado que tanto disfrutamos… tantos lugares y tantos recuerdos… era como si cada lugar por el que pasaba me contara una anécdota… recordé como la cotidianidad te podía relatar una historia sin palabras… y en cuestión de horas me arropo por arrebato una nostalgia tan profunda! porque en todos esos años que estuvimos sin vernos, siempre dije que yo estaba extrañando algo que ya no existía, y que si algún día volvía a verte, ya no serias lo misma… Y en efecto ya no eras la misma que un día fuiste…
Pero aun tenías un “no sé qué” que me conectaba contigo, era como si aún quedaba un hilo que nos unía… así que tras ese primer arrebato de nostalgia, decidí ir a verte en uno de esos lugares donde sé que derrochabas tus mejores atributos… no vayas a tildarme de banal, porque yo jamás te he estigmatizado por ser hermosa… jejeje Y allí fue cuando salí corriendo a buscarte en la playa.
Mientras iba en camino, estaba nervioso, es que anhelaba tanto esos encuentros…! Ese trayecto lleno de palmeras, esa brisa cálida, esa tibieza perfecta…. y por tibia no intento recriminarte por indiferente, yo sé que la pasión es algo que nunca te ha faltado… capaz que como lo tuviste todo, si pudiste tener un poco de desenfado y llegar a ser indolente… y no te culpo, créeme, sé que esto es parte de lo que fuiste, y en ese momento aprendí a aceptarte con esa sombra.
Cuando llegué, en ese preciso momento en el que pisé descalzo frente al mar… no pude evitar abrir los brazos y dejarme invadir por ti… ese olor, ese sonido, esa química… allí fue cuando te abrace extasiado y caí de rodillas con un par de lágrimas en los ojos, estoy seguro que lo recuerdas!
Ya después se me arrugaron los dedos de tanto estar en el agua, me emborrache de mar y de whisky, haberte ido a ver a ese lugar con mis viejos me regaló además momentos maravillosos que atesoro con mucho amor y que quiero que repitamos juntos, y es que en tu ausencia hiciste que valorara mucho más el tiempo en familia.
Ya pasados los días, y habiendo estado en la casa donde crecí, me sentí tentado a buscarme en el pasado, viendo fotos, leyendo cartas, mucho café con los viejos para contarnos historias, muchas visitas mi familia y algunos amigos, salir a la calle a pasar por esos lugares en los que estuve muchas veces, y que en muchos de ellos nos encontrábamos…
Hubo uno en especial al que tenía que volver, uno de nuestros lugares de encuentro favoritos, Juan Sebastián Bar, ¡me sorprendí de verte intacta en aquel lugar! demostrando que aún tenías buen gusto, sonreías con complicidad y te veías radiante… de esa felicidad que pintan elegante pero, sin dejar de ser jocosa y jodedora… y esa noche me hiciste recordar y sentir esa palabra divina llamada “guaguancó”; y como fluyó ese guaguancó… ese swing con el que sincronizamos… fue sublime!!! Además que hiciste tan feliz a mis viejos (de nuevo), que estoy seguro les sumaste 10 años de vida( allí te luciste! sin duda) .Esa noche quedé extasiado de una energía tan sabrosa! …Y tan tuya!
Entonces comprendí que nuestro peor error fue normalizar la genialidad a tal punto que lo maravilloso paso a ser cotidiano, y por cotidiano, lo dimos por sentado… y es que dimos tanto por sentado! Que dejamos de apreciar con profundidad aquella sinergia natural que fluye cuando estas a donde sabes que perteneces.
Pero mi recuerdo más profundo de aquel reencuentro es esa bendita virtud que aún conservas… esa sonrisa anhelante…! esa capacidad innata que tienes de no perder las esperanzas! Sabiendo bien qué has estado viviendo tus peores años. Ese ritmo muy tuyo para llevar la vida.
Los últimos días de aquel encuentro y al enfrentarme de vuelta a una inminente despedida, asimilé casi como una epifanía que ya no eras solo un lugar, porque las circunstancias te obligaron a esparcirte por el mundo! hasta volverte casi omnipresente… que eres mucho más que mis recuerdos, eres una actitud ante la vida! Nada menos que eso.
Entendí que eres mi Ítaca, (pero no la de Ulises ni la de Cavafis), la de un hombre con ganas de volver a ti después de un largo viaje curtido de vivencias, y sintiendo al llegar, que siempre me estuviste acompañado… Llegaré ese día dispuesto a vivirte, esta vez más consciente, para que juntos saquemos la mejor versión de cada uno.
También debo confesarte otra verdad, nada de lo que vivimos en aquel reencuentro habría sido tan sublime, si la vida no me hubiese permitido estos años de lejanía viviendo con Ella… vivaz y cercana sin tapujos, Ella reparte abrazos y besos como parte de su cotidianidad, me enseñó que el mundo es mucho más grande que las burbujas donde habitamos algunos…
Me enseñó a discernir con orgullo y a respirar un poquito más profundo la vida, para entender que somos mucho más que casillas por marcar y cosas que tener, ella es bohemia y poeta, y como tal, me enseñó a entenderte a través de canciones como “el amor después del amor” (¡esa te la dedico! me perdonas el descaro) y me curó del destierro con una cotidianidad llena de mucho cariño, de ese que te hace sentirte parte. Entendí que a veces soy el tipo “al otro lado del camino” y que muchos años vivimos como la letra de “Mariposa Technicolor”! (gracias a Fito que es un crack! y a Ella que me enseñó a hacerlo mi soundtrack).
Quiero despedirme sin dejar de ser llano y sincero! Fuiste, eres, y seguirás siendo maravillosa! Y por supuesto que ¡Aun tienes lo tuyo!
Estoy seguro de que cuando salgas de este mal rato (que ya te falta muy poco!), serás la mejor versión de ti que hayas sido en toda tu historia, yo no tengo la sabiduría para asegurar que esto tenía que pasarnos, pero si te puedo asegurar que lo que hemos vivido separados, nos ha dado fortaleza, sabiduría y mucha conciencia para vivir más plenos!
Te veo muy pronto Venezuela! Me despido nostálgico y sonriente desde Ella, Buenos Aires!
Siempre tuyo,
Jhoan Mosquera.
Ilustración: @cuentos_para_pasar_el_rato
📖 Esta iniciativa de FICU cuenta con el apoyo de: @autoresvenezolanosarg