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Un amor de medioevo (Carta)
Te saludo desde esta ciudad que me acosa cada día con sus acelerados motores y su intensa fiebre de estímulos fugaces y desechables.
Cuando uno escribe una carta revive el profundo encanto que tiene el lenguaje; cuando en verdad intentamos deducir lo que sentimos y lo que somos detrás de toda trivialidad.
Me siento afortunado de escribirte a través del tiempo (porque eres una viajera que rompe lo cronológico) y siento que esta es la manera más íntima de poder comunicarme contigo.
Quizá hayas olvidado que, en tu tiempo de sirena de Atlantis, había solo un medio de comunicación a larga distancia. Estos eran precisamente los mensajeros que llevaban las cartas, los comunicados y las denuncias. Puede sonar precario y anticuado pero en este contexto existía algo hermoso que jamás volvimos a experimentar...
... esto tan valioso era la magia de encontrarse.
En esta dificultad que teníamos los seres humanos de hacer contacto con alguien a distancia, programabamos reuniones memorables. El reencuentro con un amigo o con un amor era algo extraordinario que proveía de un gran bienestar. Solo imagina las semanas y meses de espera después del largo viaje de la persona amada y la euforia de su regreso. Imagina el cariño impuesto en los escritos que llegaban en dos días a su destino.
Definitivamente contrasta con la ilusión de comunicación inmediata que tenemos en nuestras manos.
Es un poder que tiene doble filo. Es un filtro de lo grande y hermoso que es el afecto que uno puede darle a un ser querido.
Cada vez que yo me encuentro contigo, Sirena Extraviada, retrocedo a una época así. La tecnología se vuelve irrelevante en medio de tus abrazos y tus besos, en medio de nuestras risas y el lenguaje inexplicable que existe en las caricias y en el intenso acto de provocarte un orgasmo.
Esto, de seguro, trasciende el símbolo de un corazón que enviamos en WhatsApp.
Te propongo entonces viajar en el tiempo sin cambiarnos de época. Hacer las cosas un poco más parecidas a como lo hacían en la gran ciudad de Constantinopla. Vivir nuestro amor medieval que, naturalmente, se despierta entre las sombras de la distancia y se revela en nuestros dulces encuentros.
Me despido desde esta ciudad que me acosa con furia. Entre sus vaivénes y la presión de ser alguien, quiero ser yo mismo y, al ser yo mismo, te amo
Te encontré.
Eres, en un escrito, los espacios.
Sonríes entre un pensamiento y otro.
Como el azul del cielo, eres el fondo de todo, dándole sentido al horizonte.
Y cuando atardece eres quien despide al sol con un incendio atmosférico.
Te encontré, Coincidencia fugaz.
Son palabras de la noche anterior pero también de ahora. Son tuyas las silabas que se tiñen de recuerdos aunque primero son mías las consonantes que se convierten en respiración Serán palabras de otra noche, larga, queriendo escapar del día siguiente; pero somos el naufragio de un verso encontrando una rima sin ser consciente. Y tú, una gota de luna derretida entre olas de metal hirviente. Eres la pupila dilatada del universo, en una pequeña orilla del tiempo. Y yo, un rayo de luz intermitente, como un latido a punto de detenerse. A punto de detenerse para volver de nuevo a latir, debo aclarar, porque aún no sé de qué pozo saques más luz para que siga latiendo intensamente. Quisiera silenciar todo lo demás, cuando nos decimos las cosas con canciones o jugar un videojuego en el que pudiéramos poner en “pausa” al resto del mundo. Ver una película de ficción que nos haga trascender a una dimensión más paciente o componer una obra contigo, para habitar sus partituras por siempre. 2017
Necesito un poco de realidad para captar el picante aroma de tu aura
un poco de la textura de tu cuello, del calor de tus besos
quisiera un poco de luz de las rojizas llamas de tu pelo
Algo del vapor tu exhalación
y el dialecto de tu silencio
desearía nadar por esas constelaciones
ser acobijados por la misma atmosfera
estar existiendo cerca.
a una milésima de espacio- tiempo
y necesito que mi paciencia crezca como las flores de tu casa.
Los núcleos de nuestras noches
Sangre de hidrógeno, sesos de oxigeno vuelan por el cálido aire vestido de infinito. El agua agoniza, intoxicada. La misma criatura que salió de su vientre convierte en plástico todo lo que toca; hasta sus propios abrazos, sus propias miradas. Risas de plástico para este petróleo chiste, la carcajada durará hasta el próximo apocalipsis. Piensa cómo la poesía puede atravesar los núcleos de nuestras noches. Nos cambia la polaridad, nos ve completamente desnudos e indefensos. Ella es nuestro lazo para someter a la hiena de plástico que se ríe; sacarla de nuestro mar de plástico... de nuestros intestinos. La purga es el arte que está oculto en nuestros poros. Somos metáforas camufladas entre tanta sombra de edificios y de ruido. Somos metáforas del amor prohibido por nosotros mismos, que alguna vez fue accesible; cuando éramos niños Solos en nuestro enorme mar.
Debe ser que mi niño interno quiso ser astronauta
Siempre llevo la vista alta.
Cuando veo hacia arriba,
observó las aves que reinan en la cúpula celeste rodeadas de infinidad.
Debe ser que mi niño interno quiso ser astronauta,
y se eleva alto sobre mi;
busca siempre cada misterio lejano y explosivo como supernovas.
Mi niño no sólo tiene un deseo;
él mismo es un astronauta;
es él quien me habla desde su nave de lata traslúcida;
el que me hace poeta,
porque las eminentes palabras son su combustible.
El tiempo contigo está hecho de la misma estela mágica que cubre los sueños y el asombro del arte, es un piso diferente, uno que supera las tres dimensiones que las estrellas me habían dado.
Ahora amanezco abrazado a ti y me siento parte del mundo, como un diente de león que aterriza en un gran prado para germinar, si en varias ocasiones empieza la vida de un ser humano, ésta es una.
Tránsito
Historia de un personaje
Búsqueda de algo que está dentro
Ciudad y campo
El sol nunca encontrará refugio en
¿Pará qué ocultamos la debilidad? ¿Para qué? , si la fuerza auténtica, aunque sea poca, nos llena de gratitud. ¿No sería más fácil que aceptaramos esos momentos? ¿No sería más sencillo crecer desde nuestro centro para revelar la calma que se oculta entre tantas angustias? Saber que esa calma es uno mismo arrodillandose frente al presente, uno mismo acostado en la fogata eterna de nuestro dolor, uno mismo sediendo por fin a tanta presión de algo que no nos pertenece: la fuerza.
...ser el reflejo de todo el vacío que nos rodea llenos de órbitas de energía; llenos de azar. Un par de átomos inestables se convierten en nuestro sol: inicia una escala diferente. Nos cubre la misma entropía. ser nosotros mismos en nuestro único rasgo cíclico: aparecer cómo una canción solitaria, que no se vuelve a repetir nunca. Una canción qué es el propio universo contándonos su origen. Llevándonos a su propia muerte, para que lo absoluto sea posible. Ser el reflejo de todas las dimensiones...
...entre tanto infinito dormía cansado de mis suelas rotas cansado de no entender mi propio canto, de no poder llorar agua, Lo desierto, lo de embuste El silencio es mi libro más próximo Observa las arenas en esas páginas... Las que quedan sin arrancar, podemos dibujar un lago, y ponerle reflejos de flores Algún flamenco cantaría en sus orillas, Algún abismal delfín - gato maullaria en las profundidades... Podré hablarte pronto con miradas, pero ahora, que suene el paisaje, Éste que empieza respirar de la nada.
¿Cuánto cielo debes atravesar para volverte azul?
Preguntale a la luz.
Ella solo viene a chocar con nosotros,
Cayendo incansablemente,
Y ningún ruido hace.
Solo canta a través de ti.
Y tu melodía,
Que solo existe si existe un cielo,
Hace parte del color de mi cielo.
Un ensayo para ser más huraño.
Cuando escuchamos la orquesta vibrar, escuchamos una historia. Comienza la flauta seduciéndote y envolviéndose sumisa en la magia de las cuerdas; esa burbuja de calma te lleva lentamente a un caos electrizante.
Es el éxtasis, en su significado más original, aquel momento en que el arte o la vida nos lleva fuera de nosotros, para contemplar el vacío y la incomprensión de ser algo que puede estar consciente de pertenecer.
Sonrío tristemente por la esperanza que tenemos de encontrar el “éxtasis” en todo.
El arte imita a la vida, pero solo en sus momentos más prósperos. Podemos inventarnos el mejor método para no chocar contra la infelicidad, pero es la primera que estará enseñándonos a perder. A perder todo por nada, sin más. Sólo que si no mueres, lo seguirás intentando, y serás más vanidoso. Si cayeras un millón de veces, en la última caída no tendrías más alternativa que reír; reírte del dolor que puedes causarte a ti mismo para llegar a momentos tan superfluos de éxtasis. El verdadero optimismo es así, no es algo que venga de la negación del dolor de estar aquí, en éste plano, sino algo que viene de una fuerza incondicional para ti mismo que nace del mismo dolor. Por qué querer siempre ser alguien, si el no ser nada también nos consuela, nos descansa y depronto, desde el no ser algo, empiezas a entrever los fantasmas que te hablan de ti, para echarlos o aliarte con ellos... sin alguna razón más que aprender y encontrar más de esa fuerza.
La realidad es que pertenecemos a ese modelo optimista, pretendiendo ser fuertes siempre. Demostrar amor nos destroza, por la envidia de no poder ser amados, y recibir amor nos hace más incrédulos y desconfiados somos vasijas rotas con una perfecta tapa.
Tan maltrecho está. Tan incomprendido, el amor. En estas batallas siempre se pierde algo, persigues éxtasis en su escaso néctar, pero es posible que jamás lo encuentres. Es de las cosas que más bien te encuentran... es algo involucrado en el más esencial impulso de trascender que tuvo la primera célula viva del mundo, pero ya lo racionalizamos tanto que perdió el sentido.
Al igual que todo, está engullido por la información, está fragmentado por las palabras. Por esta razón ya no existe, solamente podemos crearlo.
La muerte te espera cantando inspirada,
Escucha el vacío de su legado.
Y en las paredes de nuestro cráneo,
el eco de su somnolencia.
Escucha los armónicos de su bondad
Y en cada onda que te atravieza
La eternidad de su esperanza.
La pre-conciencia
Imagina que en nuestra cabeza, existiera una voz que nos contara todo el tiempo que va a suceder un minuto antes de que suceda. Ésto tendría sus lujos, si, sería un super-poder, podríamos todo el tiempo planear mejor nuestros actos. Un minuto es suficiente para saber responder o como dar el siguiente paso, pero de repente imaginarlo así sería un error. Cuando estás leyendo algo o cuando alguien te cuenta una historia, o cuando ves una película, parte de la emoción está en el ignorar que va a suceder, en la inquietud de ¿qué te van a revelar esas palabras o esas situaciones? Es complicado, tal vez, saber como se comportaría un niño, si supiera qué va a pasar cada minuto. Cuando uno recién existe, es genuinamente espontaneo. La niñez, absolutamente, sería distinta, los adultos nos protegerían de todo; pocos en este mundo sabríamos qué es dolor. Con esa anticipación extra, la vida no sería tan interesante. Un spoiler eterno de lo que va a acontecer, sería más bien esquizofrenia. Las mentiras serían más eficaces, esas salen mejor cuando te las piensas; las personas engañarían mejor e incluso sería más difícil encontrar la sinceridad. Si todos supiéramos que va a suceder, antes de que aconteciera, la sociedad sería en apariencia perfecta, pero tendríamos menos arte y magia. Esas cosas reinan más en nuestro presente.
hablando del tiempo de los artistas...
En esta extraña dimensión, la libertad es relativa. Podemos ser esclavos tanto del sistema como de nosotros mismos. Nuestras cadenas son las necesidades , y se alimentan vorazmente del tiempo , todo se acaba y se consume sin que vuelva a surgir nuevamente de forma perfecta. Ahora, la manera en que la sociedad funciona, nos deja a la mayoría sin siquiera un momento para pensar si respiramos, ser productivos se nos ha convertido en ser irreflexivos, somos el resultado del combate ajeno del tiempo de otros...Los paladines de la cuarta dimensión: los artistas y sus distintas perspectivas de lo temporal; poner la vida sobre los rieles de la música, debajo de un cielo de acuarela, obliga a esta libertad relativa a romper las leyes del tiempo. Salvémonos de existir en un bucle corto y sin profundidad. Bebamos siempre del oasis de nuestros sueños. Amanezcamos en las pantanosas laderas de las musas.