Cada vez que hablas de lo que según tú siento o pienso,
algo en mí se tensa.
No quiero explicarte.
Quiero gritarte.
No para que me ayudes,
no para que arregles nada,
porque nunca fue así.
Tú llegaste a mi vida para que yo cargara con lo tuyo.
Hoy siento esta presión absurda de tener que ser alguien,
como si el peso fuera solo mío,
como si tu silencio también no empujara.
No hay apoyo.
No hay manos.
Solo expectativas.
He sido yo,
repitiéndome que puedo,
aguantando,
resolviendo,
callando.
Yo con pensamientos que no caben en la cabeza
y dolores que no se dicen en voz alta.
Y no es tristeza.
Es hartazgo.
Es cansancio acumulado.
Es esa desesperación que no grita…
pero quema.
-F🍓













