Observó la gran cantidad de monedas que parecían haber sido olvidadas en una de las máquinas, apresurándose a adjudicar la situación a un pequeño obsequio del más allá que intentaba coronar su descanso. Antes de disponerse a apropiarse de las fichas, recorrió con los ojos su alrededor hasta chocar con una mirada que lo hizo pausar su plan. Desconocía cuáles eran las intenciones ajenas (¿su objetivo le pertenecía? ¿no le interesaba? ¿las había visto siquiera?), por lo que, sonrisa de por medio, esperó a que el otro haga un primer movimiento.
Ni siquiera había notado lo que el joven se encontraba haciendo en el momento en que decidió acercarse, y no hubiese sospechado que se encontraba en algo extraño si no fuese por aquella inexplicable expresión que se había dibujado en el rostro ajeno. “¿Qué haces?” su mirada pasó de su rostro hacia la máquina en la que, creyó, su compañero de piso se encontraba interesado en ese momento. “Luces como si---” se interrumpió a mitad de la frase tan pronto como su mirada se encontró con una considerable cantidad de monedas que parecían abandonadas. “Woah, mira todas esas monedas” y sin dudarlo, se acercó con claras intenciones de tomarlas. “¿Alguien las habrá olvidado?”














