Se sentía de nuevo como aquel chico de 16 años, que se creía tan experto como para alardear de ello con su mejor amigo. Aquel mismo que terminó cayendo en una horda de sentimientos por Steve, por su bondad natural y su increíble terquedad. Lo que había comenzado como mera experimentación y culpa que otorgó al alcohol, pronto se convirtió en algo más, en uno de sus mayores secretos. No quería que su amigo estuviera con otras personas, quería ser el único que besara sus labios hasta que estos estuvieran hinchados, el único que provocaba aquellos sonidos de placer que salían de su garganta con libertad; pensamiento egoísta considerando que él había tenido su ración de experiencias, todas quedaron anuladas cuando lo mutuo del sentimiento se hizo palpable. Había pasado por tantos pensamientos contradictorios desde aquella noche, y por años así continuó, hasta aceptar para sí mismo que no importaba lo que pensara el mundo de su relación con Rogers, siempre y cuando lo tuviera a su lado. Seguía con ciertas dudas al respecto, aceptando que su lugar en cualquier orden divino no era el más positivo. Sin embargo, no le importaba ni un poco.
Es confirmación la que detona algo parecido a adrenalina en su cuerpo, una necesidad incontrolable de tocar cada centímetro del otro, de no detenerse hasta no escucharlo gemir su nombre sin poderse detener. Parece que era lo que necesitaba para abandonar cualquier rastro de duda o de reparo, su mano finalmente concretando aquel contacto que tanto deseaba, posándose con intencionadas caricias sobre la creciente dureza que contiene la molesta tela de los pantalones contrarios. —Joder… Tú provocas todo esto. Sólo tú,— asegura en un gemido ahogado que termina contra los carnosos labios opuestos, levantándose sólo cuando la petición del otro es lanzada, los movimientos de su cadera continuando contra el muslo de su compañero, buscando esa maravillosa fricción que su erección desatendida buscaba. —¿Tan impaciente estás por tenerme desnudo?— pregunta en un jadeo, sonrisa ladeada formándose en sus facciones sin vergüenza. En tanto, se encarga de deshacerse de su playera con la ayuda de manos impropias, antes de copiar acción en el cuerpo del rubio, levantando su playera con premura para sacársela, antes de permitirse observarle con algo que no reconocía como nada menos que adoración, su respiración agitada y sus manos recorriendo el bien formado torso, lento descenso que inicia hasta el borde de su pantalón, tirando de éste para liberar la ya formada excitación que puede sentir rivalizar la propia.
Muy diferente al chico de tan solo dieciséis años que fue una vez ahora no dudaba en mover sus manos por sobre el cuerpo ajeno, mostrando una mínima cantidad de pudor a la vez que su memoria le hacía recordar todas y cada una de las cosas que a James le gustaba. Desde la presión exacta para tocar su piel hasta la forma en cómo le excitaba que tomara sus cabellos...Todas esas imágenes estaban frescas en su cabeza y no dudaría en llevarlas a la practica una vez más, así para demostrarle que no solo era la única persona en el mundo que podía hacerle perder el control, sino que también, pese a las cosas que pudo cometer en el pasado, merecía ser amado de forma absoluta como lo hacía Steve. Por simple inercia arqueó una vez más su cuerpo contra el opuesto y retiró aquella molesta prenda para hacer lo mismo con la propia, quedando con sus torsos desnudos a ojos de ambos y agradeciendo en silencio esa magnifica imagen que James le estaba dando. Aunque las cicatrices sin duda le robaron el aliento por segundos, no era algo que le hiciera sentir desagrado; simplemente no repararía a pensar los detalles o sabía que la ira acabaría opacando el deseo que estaba latente en su entrepierna--- Y solo tú me haces perder la cordura... ---respondió sobre esos labios, colando su lengua dentro de la boca del castaño para luego reír por el enorme descaro de Bucky. ¿Quién imaginaría que la lujuria ayudaría a sacar más de la personalidad del viejo Barnes? Resultaba gracioso para el héroe pero no lo mencionaría en esos momentos, ya que su mente estaba mayormente ocupada en seguir acariciando esa caliente piel bajo sus yemas.
Sin perder la atención de los movimientos del ex asesino sus pulgares y callosos dedos se enfocaron en sus costados, ascendiendo por sus costillas y firmes músculos hasta llegar a su pecho, aprovechando de tocar de forma directa sus firmes pectorales antes de atrapar sus pezones, los que pellizcó y acarició para endurecerlos a su contacto mientras su amante ponía interés en su expuesta erección--- Siempre me gustó tenerte desnudo ---admitió humedeciendo sus labios y clavando sus azulinos en su sonrojado rostro---, y también siempre me gustó que me tocaras... ¿o ahora planeas otra cosa? ¿Qué quieres hacer Buck? ---Inquirió con voz cargada de curiosidad y aumentando la presión en aquel lascivo juego que hacía contra su pecho.