El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo.
Proverbios 18:10 NBLA 💙

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El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo.
Proverbios 18:10 NBLA 💙
Todo tiene su tiempo, y en el libro de Eclesiastés 3:1-21, encontramos una maravillosa verdad. Y es que Dios es Soberano, aunque muchas veces podemos olvidarlo.
Daniel 4:35 (NBV) - Todos los habitantes de la tierra son como nada cuando se comparan con él. Hace lo que le parece mejor tanto en el cielo como entre los habitantes de la tierra. Nadie puede oponerse a su poder.
Dios hace lo que le parece mejor, actúa bajo su Voluntad, según sus planes, y en sus tiempos. Y es algo que Jesús nos enseñó, orar para que el Reino del Señor sea establecido, y su Voluntad se haga entre nosotros.
Moisés es uno de los héroes de la Fe, con el que realmente mi corazón se quebranta y a mi corazón el Señor enseña. Un hombre que vivió para hacer la Voluntad de Dios, conforme a su llamado. Recibió la promesa de entrar a la tierra prometida, aunque sus ojos no lo vieron. Porque en el plan de Dios, Moisés se contemplaba como el medio, por el que Israel llegaría.
Hebreos 11:13 (NBLA)-Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos y aceptado con gusto, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
Moisés obedeció la voz de Dios, hizo tal y como Él había dicho, siguió al pie de la letra cada uno de sus mandatos, se esforzó cada día por cumplir con el llamado. No importando, si el pueblo de Israel quería o no obedecer. Nunca dudo de Dios, o hizo un reclamo, porque él vivió por la fe, aceptando la maravillosa Voluntad de Dios.
¿Qué hacía diferente a Moisés? Su confianza estaba puesta en Dios, sus ojos estaban completamente enfocados en Dios. Sus pies no se desviaron del camino, y su corazón estaba resguardado en la ley del Señor.
Cuando escasea una de esas cosas en nuestra vida, es muy fácil que la frustración aparezca. Sentirnos entristecidos, confundidos o incluso que nuestra fe disminuya, y que no podamos ver a Dios en medio de nuestra situación.
Mi fe tiene que estar fundamentada en Dios Padre, en Cristo, y en el Espíritu Santo, no mi situación, o en lo que yo creo que necesito. Romanos 8:26 (NBV) - De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades. Es cierto que no sabemos qué debemos pedir, pero el Espíritu ora por nosotros con gemidos tales que no se pueden expresar con palabras.
Ese versículo es clave para que nuestra oración cambie, que sea el Espíritu Santo guiando nuestros pensamientos y palabras.
En 1 Reyes 3, encontramos que cierta noche Dios se le aparece en un sueño a Salomón. Y le dijo: “—¿Qué es lo que quieres? ¡Pídeme, y yo te lo daré!”.
Salomón esa noche, le pidió sabiduría a Dios. Él no pidió riqueza, una larga vida, bienestar, ni poder o cosas materiales. Estaba consiente que, si pedía sabiduría, su reinado sería diferente, porque sabría cómo agradar a Dios.
El sentido de mi oración debe cambiar, tengo que estar en sincronía con la Voluntad de Dios. Muchas veces solo nos enfocamos en nuestras necesidades, y dejamos de pensar en lo que Dios quiere que hagamos. Dejar a un lado lo quiero recibir, y convertirme en alguien útil.
Tenemos que dejar el: “si Dios lo dijo, Él lo hará”. ¡Porque es evidente que Dios hace todo posible! Pero cuando entendemos que Él actúa bajo su Voluntad y Soberanía, empezamos a orar para que se haga su Voluntad, aunque tal vez, no sea lo que quiero.
Cuando nuestros ojos no ven las cosas cumplirse, nuestro corazón se encierra en amargura y dolor. Orar por un proyecto en el que se tenían muchas esperanzas, y no se logró. Una relación fallida. Una enfermedad que afectó a un ser amado, y falleciera. O que la respuesta fuera un no.
Muchas son las razones para que nuestro corazón decaiga. Pero hay una más grande y poderosa que no hace levantarnos, y es que Dios está en control, nada se escapa de sus manos. Dios sigue siendo Dios. Y le agrada ver, como nuestros corazones descansan en Él.
Aunque la respuesta sea un no, Dios es bueno, justo y fiel. Su misericordia se extiende a cada segundo en nuestras vidas, nos alcanzó su amor inagotable. Y el cumplimiento a todo eso, es que entregó a Cristo Jesús por nosotros. Jesús es el cumplimiento de sus promesas.
2 Corintios 1:20 (PDT) - No importa cuántas promesas haya hecho Dios, Cristo siempre ha sido el «sí» de todas ellas. Por eso, por medio de Jesucristo, cuando alabamos a Dios decimos: «Así sea».
El amor de Dios nos abraza como un padre, porque nos da lo que es mejor para nosotros, y en el momento adecuado para cada cosa. Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo.
Cuando mi abuelo falleció, no entendía muchas cosas. Y en medio de ese momento de dolor, el Señor fue directo conmigo y me dijo: “no se trata de entender mi voluntad, se trata de amarla”. Porque mis pensamientos, no son como los de Dios, no voy a entender lo que hace, pero si puedo amar lo que hace.
Isaías 55:8 (NBLA) - «Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes. Ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor.
Dios es claro en Isaías 55:8, sus pensamientos son más altos. Él obra de maneras misteriosas y perfectas. Él tiene el poder de cambiar tus circunstancias y convertirlas en un tiempo de crecimiento. Nunca deja de sorprendernos, nada se escapa de sus Gloriosas manos.
Nada pasa por casualidad, y es algo tan maravilloso de Dios. Todo tiene un motivo especial y específico. Nada es improvisado, no deja nada al azar. Es precioso saber y entender, que el Señor planificó cada uno de mis días.
Mi corazón ha deseado muchas cosas, varias no las he visto realizarse. Sin embargo, sigo creyendo en Él. Porque entiendo que se hará en los tiempos del Señor, y no en los míos.
Hebreos 10:23 (NVI) - Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.
Permanecer firme en Él, está ligado a que cada solución o decisión que tomamos debe estar a los pies de Jesús. Porque entendemos, que todo lo que está fuera de Él no florece, por más que nos esforcemos.
Tengo que quitarle las condiciones a Dios, confiar sin medida. Creer que, aunque pase lo que pase, y venga lo que venga, Dios es Soberano. Él sabe cómo hace las cosas, y a nadie le sale mejor que a Él.
En los últimos días el Señor me enseñaba el significado de estar arraigados en Él. Esto no lo podemos aprender con un tutorial, aunque es un proceso, no puedo decir que hay 5 pasos que nos llevarán a estar arraigados en el Señor. Porque no es algo que aprendamos de manera teórica, se aprende con la práctica.
Es necesario atravesar momentos difíciles, de dolor, incertidumbre, incluso perder la confianza en todos los que te rodean. Y a pesar de todo eso, podamos seguir plantados en el Señor, verlo a Él por sobre todas las cosas y situaciones.
Para el día de la madre, tenía el deseo de hacer algo especial para mi mamá. Se me ocurrió la brillante idea de hacer yo el almuerzo. ¿Qué lo hacía especial? Mi experiencia en la cocina hasta el momento es muy poca. Busqué hacer algo fácil, para evitar que ella interviniera y me ayudara.
Vi algunos vídeos del proceso que debía seguir, en el momento todo me parecía fácil. Pero cuando lo iba a hacer, me di cuenta que no había guardado el vídeo. Tenía que hacerlo como me recordaba. Al final, la comida salió bien y no tuve ningún accidente.
Que quiero decir con esto, conocer de memoria los pasos, no me garantiza que vaya a hacer las cosas bien. Aunque ayudan porque muestran el proceso, no me dan la certeza de que vaya a obtener el resultado deseado. Porque mi mente retiene el 20% de lo que escucho, pero retiene el 90% de lo que participo. Nuestras habilidades mejoran con la práctica.
Para que nuestra vida esté arraigada en el Señor, lo primero es decidir firmemente permanecer en Él. Lo segundo, es una decisión constante, todos los días tienes que permanecer. Hasta que un día, no puedes dejar de buscarlo, porque tus raíces crecieron, se hicieron más fuertes y profundizaron en Él.
La práctica, la constante exposición a su Palabra y a su Presencia, me hace cada vez más cercano a Dios, cada día lo conozco más. Hasta que un día, ya no puedo ni quiero estar lejos de Él.
Colosenses 2:7 (NBV) – es decir, enraizados en él y que sea él quien les haga crecer. Manténganse convencidos de la verdad que les enseñaron y llenos de acción de gracias al Señor.
Pablo en este pasaje, nos exhorta a permanecer firmemente arraigados y edificados en Cristo Jesús, quien es el motivo de nuestra fe.
En este versículo encontramos varios verbos. Recordemos que verbo es la palabra de expresa acción. Para permanecer firmes en el Señor, tengo que accionar mi fe.
Tristemente se tiene un concepto erróneo de la fe. Se cree que la fe, es esperar a que algo suceda. Pero es una idea que contradice la Palabra de Dios. En Hebreos 11, habla de que todos hicieron algo, no de que esperaron.
Colosenses 2:7, es muy similar. Porque para permanecer firme, tengo que hacer algo. Y ese versículo nos da el panorama de cómo lograrlo.
Primero. “llenos de acción de gracias al Señor”. Se refiere a agradecer lo que Dios entregó por nosotros, lo que Jesús entregó por nosotros y lo que el Espíritu Santo entregó por nosotros. Ellos por amor entregaron, y esa es la expresión máxima del amor, dar.
El agradecimiento es la llave que abre la puerta de una vida plena. Si es un requisito ser agradecido con Dios para disfrutar lo que su voluntad, me permite tener y vivir.
2 Crónicas 32:24-25 (LBLA) - En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y oró al Señor, y Él le habló y le dio una señal. Mas Ezequías no correspondió al bien que había recibido, porque su corazón era orgulloso; por tanto, la ira vino sobre él, sobre Judá y sobre Jerusalén.
Un corazón desagradecido, aunque tenga mucho, siempre se sentirá insatisfecho y no podrá experimentar alegría. Ese es el caso de Ezequías, que no pudo corresponder con gratitud al Señor, por el bien que había recibido.
Una de las cosas que evita que seamos agradecidos, es la incapacidad de aceptar la voluntad de Dios. Porque cometemos el error de idealizar nuestras expectativas, nos concentramos en lo que queremos, dejando a un lado, lo que Dios quiere. Recordemos que Dios es soberano, Él hace su voluntad.
Romanos 12:2 (NBV) - No se amolden a la conducta de este mundo; al contrario, sean personas diferentes en cuanto a su conducta y forma de pensar. Así aprenderán lo que Dios quiere, lo que es bueno, agradable y perfecto.
Segundo. Pablo les dice “Manténganse convencidos de la verdad que les enseñaron”, para mantenerme convencido de algo, tengo que conocer. No podemos permanecer con alguien a quien no conocemos. Y ese es un verdadero problema, empezar una relación con quien no conoces.
Tristemente sucede lo mismo con Dios. Creen que lo conocen, pero no es así. Porque para conocerlo debo ir a la esencia de Dios mismo, que está plasmada en la biblia. Saber quién es, cómo es, qué hace y qué hará.
Escucharon a alguien decir que Dios los guardará del mal, y cuando viene la dificultad se alejan de Él. Porque no es el Dios del que les habían predicado. Todo por no leer Juan 16:33.
Estoy a unas semanas de casarme con mi mejor amigo. Y hablando sobre eso, mi amiga me pregunta con cierta preocupación, ¿estás segura de quererte casar? A lo que respondí inmediatamente sí. Justificando mi respuesta con la frase “porque lo conozco y lo sigo conociendo”. Todos los días conozco algo nuevo de él, o me convenzo de lo que ya conozco.
Así debe ser nuestra relación con Dios, cada día conocer algo nuevo de Él y afirmar lo que ya conocemos. La forma de hacerlo es por medio de su Palabra, hablando con Él, cada día ser más cercano a Dios. Conocer a alguien implica saber mucho acerca de él.
Tercero. Pablo dice “enraizados en él y que sea él quien les haga crecer”. Nunca he visto un árbol que haya crecido tan fuerte, capaz de resistir fuertes vientos, y que no tenga raíces.
Las raíces cumplen con una función poderosa, anclar. Además de ser el medio por el que un árbol o planta sustraen los nutrientes de la tierra, y es eso lo que les permite crecer.
Eso es lo que dice Pablo, que tenemos que estar enraizados a la Palabra de Dios, para que la constante exposición a ella, nos haga fuertes y podamos crecer.
Salmo 1:3 (NBV) - Son como árboles junto a las riberas de un río, que no dejan de dar delicioso fruto cada estación. Sus hojas nunca se marchitan y todo lo que hacen prospera.
Pero, ¿quiénes son como árboles? Lo dice el versículo 2 literalmente, los que se deleitan en la ley del Señor, los que la meditan día y noche. No los que leen el versículo diario (aunque es algo), los que se esfuerzan por conocer a Dios.
Recordemos que se trata de práctica, de hacer, de buscar, de accionar. No de esperar a que un día el conocimiento de Dios, venga sobre mí como una sutil brisa mientras miro una serie en Netflix.
1 Corintios 16:13 (NVI) - Manténganse alerta; permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes.
Pablo con esto nos dice que debemos estar atentos a la Palabra de Dios, permanecer firmes en Jesús y nuestra fe en Él. Ser valientes y fuertes, porque caminar con Jesús no tiene una garantía que todo será fácil y color rosa. Esa vida sin dolor, sin preocupaciones y sin dudas no existe.
Juan 16:33 (NBV) - Yo les he dicho estas cosas para que en mí encuentren paz. En este mundo van a sufrir, pero anímense, yo he vencido al mundo.
Caminar con Jesús me da la certeza de que, aunque venga la dificultad, no tengo que preocuparme, porque sé que Él está en control.
El Señor desea que seamos como árboles junto a las riberas de un río, que no dejan de dar delicioso fruto cada estación. Que nuestras hojas nunca se marchiten y todo lo que hagamos prospere. Porque hemos entendido que el agradecimiento es fundamental para conocer a Dios y permanecer arraigado en Él.
Cuando Dios puso en mi corazón escribir sobre permanecer, no sabía cómo empezar. Por la sencilla razón que me había costado realizar algo de forma consecutiva. Hacer ejercicio, aprender a ejecutar un instrumento o aprender otro idioma.
El Señor actúa de maneras misteriosas, y me escogió para hablar de un tema, con el que había estado batallado.
Pero con el que podría dar testimonio, de lo que Él ha hecho en mi vida. Y se conozca el alcance de la multiforme Gracia de Dios, y como obra en nosotros. Dándonos la capacidad de hacer lo que antes no podíamos.
2 Corintios 12:9 (NBV) - «Debe bastarte mi amor. Mi poder se manifiesta más cuando la gente es débil». Por eso, de muy buena gana me siento orgulloso de mis debilidades; gracias a ellas, se muestra en mí el poder de Cristo.
Es un versículo que nos enseña una de las formas en la que trabaja la Gracia de Dios. Nos muestra la bondad del Señor, efectuada por medio del Espíritu Santo en nuestras vidas. Con el objetivo de que aprendamos a depender de Él, no de nuestras capacidades y nuestras fuerzas, que evidentemente son limitadas.
Recuerdo mil cosas que iniciaba y no terminaba. Las veces que me frustré al imaginar el resultado, si tan solo hubiera sido constante. Era muy difícil para mí, porque a pesar de mi esfuerzo, no terminaba.
Tuve días en los que sentía que le faltaban horas a mi reloj, no me daba tiempo de hacer todo lo que tenía planeado. Me enojaba porque no entendía, si aparentemente hacía lo mismo todos los días.
Un día vi un vídeo respecto al tiempo que le invertimos al celular, consideraba que no había forma de calcularlo. Pero hay una aplicación que funciona como bitácora, que lleva el registro del tiempo que le dedicamos a las aplicaciones.
Cuando vi el tiempo de uso de mi celular, me dio tanta vergüenza. Porque había encontrado las horas que me faltaban, y las había desperdiciado en redes sociales. Pedí perdón a Dios, por no estar invirtiendo bien mi tiempo.
Ese día decidí colocar temporizador a las aplicaciones de redes sociales, les coloqué 30 minutos diarios. Porque no me puedo permitir desperdiciar el tiempo de esa forma, sé que el Señor me pedirá cuentas de lo que hice con mi vida.
Gloria a Dios mis hábitos han cambiado, porque encontré el problema, utilizar bien el tiempo.
Juan 15:4 (NTV) - Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí.
Si Jesús no es la tallo que sostiene nuestra vida, sueños y metas, definitivamente no prosperarán. Porque una rama por sí sola, no produce fruto. Tiene que estar ligada a la fuente de vida, para permanecer. Para hacerlo debo fijarme en Jesús, poner mi mirada exclusivamente en Jesús.
Permanecer está ligado a que cada solución o decisión que tomamos, debe estar a los pies de Jesús. Porque entendemos, que todo lo que está fuera de Él no florece, por más que nos esforcemos.
Mis conocimientos en jardinería son muy escasos, aun sabiendo eso, decidí trasplantar una suculenta a una maceta que mi novio me regaló. Me la llevé a la oficina y la tuve un par de meses. Sin embargo, la semana pasada la regresé a mi casa porque se estaba secando.
Mi mamá si sabe de plantas, desde que la vio me dijo que no la había regado de forma correcta. Pero estaba secándose porque no estaba bien plantada.
Así somos nosotros, si no estamos plantados en Dios y sujetos a Jesús, es muy probable que nuestra vida empiece a secarse. Tenemos que aprender a depender de Él, que nuestra raíz en Él, cada día sea más fuerte.
Cuando no permanecemos en Jesús, nuestras decisiones no prosperan, nuestros sueños no levantan vuelo, nuestras metas son tan lejanas. Porque son guiadas por nuestras emociones y deseos, no por Jesús.
Una de las razones, con índice de probabilidad de no terminar lo empezamos, son las condiciones en las que tomamos decisiones. Debido a que lo hacemos cuando estamos muy enojados, tristes o felices. Cuando tenemos nublado el entendimiento por las circunstancias, el dolor o la prisa.
Las decisiones movidas por emociones, tienen el efecto de una tormenta que arrastra todo lo que encuentran a su paso, y con un resultado devastador. Porque esas decisiones no son guiadas por Dios, son producto de nuestras emociones.
Se habrían evitado esos días de frustración, si primero pusiéramos nuestras decisiones en el Señor. Es necesario que nuestra oración cambie, pedir para que Dios nos guíe, nos dé la dirección y el rumbo adecuado, orar conforme a su corazón y no al nuestro.
Santiago 1:5-8 (NBV) - Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios. Él se la dará, porque Dios da a todos en abundancia sin hacer ningún reproche. Pero debe pedirla con fe, sin dudar, ya que el que duda es como las olas del mar que el viento agita y lleva de un lado a otro. El que es así, no piense que va a recibir alguna cosa del Señor, porque no es capaz de tomar decisiones ni es constante en lo que hace.
Este pasaje explica tan bien, y podemos encontrar la característica común, en alguien que “no es capaz de tomar decisiones, ni es constante en lo que hace”.
Y es la falta de sabiduría, que corresponde al conocimiento de Dios. Que podemos adquirir por medio del aprendizaje de su Palabra. El Señor es tan bueno que nos concede la sabiduría, con tal de que pidamos y decidamos cosas correctas.
Pero si no nos acercamos a la enseñanza, seguiremos siendo indecisos, inconstantes y de doble ánimo. Hoy deseamos estar cerca de Dios, pero mañana ya no. Viene el tiempo de dificultad, y nuevamente necesitamos de Dios. Se arreglan las cosas, y ya no tenemos tiempo para Él.
Tenemos que renunciar a esa actitud que no nos permite permanecer en el Señor. Porque nuestros deseos y decisiones deben ser firmes, cada día parecernos más a Jesús y menos a nosotros.
La biblia nos enseña de un Jesús obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Que renunció a sus planes, con tal de hacer la voluntad del Padre. No vemos un Jesús que hoy si quiere hacer discípulos, pero que mañana ya no puede, porque no tiene tiempo.
Nosotros tenemos que ser como Jesús, poner nuestros ojos en Él. El autor y consumador de la fe. Menguar para que Él crezca en nosotros. Pero para ello debemos permanecer firmes en Él, en su Palabra.
De lo contrario seguiremos siendo como olas arrastrados por el viento, de un lado a otro, sin rumbo fijo.
Mi oración es que podamos negarnos a nuestros deseos, a nuestras metas, a nosotros mismos, con tal de permanecer en el Señor. Porque entendemos que fuera de Él no podemos dar frutos. Y solo en Él encontramos la estabilidad que nuestra alma desea.
Salmos 119:101 (NTV) - Me negué a andar por cualquier mal camino, a fin de permanecer obediente a tu palabra.
Hace unos días durante la hora de almuerzo hablaba con una amiga, sobre la manera en que las iglesias, donde nos congregamos, han seguido activas. Las plataformas digitales, han sido la herramienta para transmitir y predicar la Palabra de Dios.
La cuarentena nos tiene encerrados y separados, pero no nos detiene. Kairos (la iglesia en donde me congrego) ha estado muy activa. Los servicios dominicales y de los miércoles no han parado.
El pastor de mi iglesia dice: “nosotros no nos preocupamos. Nosotros nos ocupamos”. Seguimos firmes cumpliendo con la atribución.
Hebreos 10:23 (NVI) - Mantengamos firme la esperanza que profesamos, porque fiel es el que hizo la promesa.
Me inunda la nostalgia al ver a pastores predicando, y no hay personas presentes. A mi se me hace difícil estar lejos de mi casa y familia espiritual. Sin embargo, hay quienes por voluntad deciden irse. Toman una maleta y se van, creyendo que lejos de casa podrán ser felices.
En Lucas 15:11-32, se narra la parábola del hijo pródigo. Y todo empieza con un hijo pidiéndole a su padre lo que le corresponde de la herencia. A los días tomó sus cosas y se fue lejos de su casa. Estando solo, malgasta su fortuna viviendo desenfrenadamente.
Es muy probable que pienses que esa actitud no es correcta, la probabilidad de que termine mal es muy alta, ha sido desagradecido, y muchas cosas más. Pero ese hijo es una representación de nosotros. Queremos vivir alejados de Dios, porque nos consideramos autosuficientes.
Juan 15:5 (NVI) - Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.
Jesús es muy claro, separados de Él nada podemos hacer. Necesitamos ser humildes para reconocer que necesitamos de Dios.
No he conocido a ningún bebé o niño, que al ver que sus papás se van, salten de la felicidad.
El año pasado, mi mamá cuidó a mi sobrinito de 5 años, porque mi prima tenía que ir a la universidad, y presentar su privado.
El día de su examen, mi sobrino no se separaba de ella, como si lo presintiera. Pero en un descuido, ella se fue. Cuando se dio cuenta, empezó a llorar y buscarla por toda la casa. Y aunque intentábamos consolarlo, él seguía llorando por su mamá.
Mateo 19:14 (NVI) - Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos».
Necesitamos ser como niños, anhelar estar cerca de Dios. Volvernos de todo corazón a Él.
De pequeños tenemos una dependencia a los papás, no podemos estar sin ellos. Pero a medida que vamos creciendo, esa dependencia disminuye. Empezamos a ser más independientes, a valernos por nosotros mismos, y creemos que estamos listos para enfrentar al mundo.
Nuestro corazón debe experimentar el deseo de estar cerca de Dios. Ser dependientes de Dios, debe ser una necesidad.
Esto le pasó a mi sobrino, él deseaba y necesitaba estar cerca de su mamá. Comenzó a buscarla, por todas partes. Nosotros como hijos de Dios, debemos depender total y completamente de Él.
Es una necesidad reconocer su paternidad, porque no podemos estar lejos de él.
Lucas 15:18-19 (LBLA) - Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores”.
Estando lejos, pasa por un tiempo de necesidad. De tenerlo todo, llega hasta desear la comida de los cerdos. Y sintió el deseo en su corazón de regresar con su Padre. Sabía que no merecía volver a la posición que tenía, pero se conformaba con ser un trabajador de su padre.
Perder nuestra comodidad, nos hace reaccionar, reparar lo dañado, y levantarnos como siervos.
Muchas veces reconocer mi error y admitir que me equivoqué, se traduce humillación. ¿A quién le gusta admitir que se equivocó y que no tenía la razón? Conozco muy pocas personas, con la capacidad de reconocer cuando fallan.
Admitir tu error, te habilita para la Gracia de Dios.
Lucas 15:18-19 (LBLA) - Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó.
Puedo imaginarme esa imagen, como el padre estaba esperando por su hijo. Al verlo en una situación tan precaria, sintió compasión. Pero no se queda allí, sale corriendo a su encuentro, lo abraza y lo besa.
Este hijo no recibe un reclamo de su padre. Al contrario, le demuestra su amor. Una de las muestras más grande de amor, es no tomar el daño recibido. Se necesita mucho amor para perdonar.
La palabra pródigo, hace referencia a un hijo que se aleja de la casa del padre, con un corazón puesto en cosas vanas y dispuesto a despilfarrar su vida.
Pero empleándolo como un adjetivo, expresa la magnífica cualidad del amor de Dios. Amando generosa y abundantemente. Dispuesto a perdonar.
Aunque tu decidas estar lejos de Dios, Él está esperando por ti. Dios te ha amado tanto que no escatimó darte lo mejor.
Juan 3:16 (LBLA) - Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Dios te amó tanto, que entregó a su unigénito por amor a ti. Aunque sabía lo que ibas a despreciar. Sabiendo que decidirías vivir lejos de Él. Rechazando su amor, gracia, perdón y sacrificio.
Ese es amor pródigo, entregarlo todo por alguien. Sin limitar tu entrega, devoción y pasión.
El Padre te ha amado así, ¿qué estás haciendo para corresponder a ese amor?
Si un día te alejaste de Dios, este es el tiempo para volver a sus brazos. Estamos en los últimos minutos. ¿Vas a quedarte en la banca, o vas a entrar a la cancha y jugar?
Dios te ama con amor eterno y profundo, inagotable e inexplicable. Pero tú tienes que ir hacia donde Él está. Está esperando por ti.
Mi oración es que sientas la necesidad de necesitar a Dios. Que puedas aceptar el regalo de su maravilloso amor, y tu corazón se vuelva al Señor. Hacer las cosas bien, buscarlo, amarlo y honrarlo.
Lucas 15:23-24 (LBLA) - Traed el ternero más gordo y matadlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado”. Así que empezaron a hacer fiesta.
Deja de desear la comida de los cerdos, cuando con Él puedes disfrutar de un banquete. Dios quiere darte la mejor, no esperes más para regresar a Él.
Llevamos más de un mes con medidas de prevención, contener el virus es una prioridad. Para lograrlo, permanecemos en toque de queda, la mascarilla es parte de nuestro outfit. Estar separados es una muestra de amor, permanecer en casa es sinónimo de seguridad. Los planes y metas trazadas permanecen en pausa, hasta que hayamos superado la crisis.
Es un tiempo difícil, pero Dios va delante de nosotros.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. Salmo 23:4
Ese versículo y la situación que vivimos me recuerdan cuando Dios sacó a Israel de Egipto. La vara y el cayado estuvieron cuando sacó a su pueblo de una tierra de esclavitud. Él deseaba llevarlos a la tierra prometida. Pero también anhelaba sacar lo impuro de sus corazones. De modo que los lleva al desierto, para entrar a un proceso de purificación.
La vara, es símbolo de la disciplina correctiva de Dios, que pueden traducirse en los procesos. El cayado, simboliza la disciplina formativa, es decir la enseñanza. La disciplina es símbolo del amor del Señor.
El plan original contemplaba 40 días, pero a causa de la queja en sus corazones, permanecieron por 40 años. La falta de agradecimiento, alarga el proceso.
Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán, sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Lucas 5:37-38
El Señor no derrama su Gloria en recipientes sucios y rotos. Israel tenía que renunciar a lo que no era del Señor, para disfrutar de una nueva tierra y ser útiles a donde el Señor los enviaría.
Somos vasijas, muchas veces nos dejamos llenar de entretenimiento, de lo impuro, de lo vano, del afán, miedo, dolor, ira, envidia, preocupaciones y cosas que no son agradables al Señor. Nos descuidamos y hasta el punto de rompernos.
Ya no hay espacio para que Dios nos llene, no somos útiles para ser portadores de su Gloria. Pero el alfarero, toma nuestros pedazos y nos hace de nuevo.
Hay un versículo que impacta mi corazón, porque el Señor utiliza una analogía para revelarnos y ejemplificar lo que Él hace en nuestras vidas.
Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero; así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero hacerla. Jeremías 18:4
Cuando nuestras vidas no están tomando la forma que desea, o dejamos de ser útiles, es necesario su intervención, que trabaje en nosotros y nos haga de nuevo.
Estamos en las manos del Señor, y nos moldea a su placer, hasta que forma en nosotros un instrumento útil. Este proceso no es fácil, muchas veces duele, pero sabe qué hacer.
En Jeremías 18:5, el Señor dice: «¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos.
Muchas veces los problemas forman una niebla, que nos impide ver con claridad. Nos enfocamos en el dolor, y olvidamos que Dios tiene el control. Como el barro en las manos del alfarero, así trabaja en nosotros.
Recuerdo muy bien que, en una de mis oraciones, iniciando este proceso de cuarentena. Le pedí al Señor pusiera en mi corazón el querer como el hacer, para buscarlo y aprovechar mi tiempo. Pero fui específica e intencional con mi oración, quería que el Señor calibrara mi corazón al suyo, mis pensamientos a los suyos. Quitara lo que no había sido sembrado por Él.
Mi mente no dimensionó lo que Dios estaba por hacer. Quitó el velo de mis ojos, mostrándome mis debilidades.
2 Corintios 12:9, pero él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.
El Señor trajo a mi corazón ese versículo como un ungüento. Recordándome que me basta su Gracia y que mis debilidades no son obstáculo para que Él manifieste su Gloria.
Y recordaba otra vez: ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro?
Me respondía a mí misma que sí puede hacerlo el Señor. Sin duda alguna el Señor trabaja en mí, en mis debilidades, quitando lo que no proviene de Él y no está sincronizado a su corazón.
Y he llorado mucho, porque el proceso duele. Por lo que las últimas semanas han sido un poco complicadas, estoy escribiendo en medio de un proceso difícil, esforzándome en no quejarme, porque recuerdo el Salmo 150:6, todo lo que respira alabe al Señor. Y también que la falta de agradecimiento, alarga el proceso.
Por prescripción médica estoy utilizando collarín, porque tengo un espasmo cervical. No saben lo incómodo y doloroso que es. El estrés, ansiedad y tensión me llevaron a colapsar. Estoy convencida, el Señor está trabajando, para glorificarse en mí.
Aquí está Dios, como un padre amoroso hablándome de paz. Enseñándome a disfrutar de esa paz que solo Él puede dar. Estoy aprendiendo a descansar, a creer y a confiar.
Y no es que antes no lo hiciera, pero no estaba consiente de mi debilidad. Almacenar y guardar, el no soltar. La mochila que llevamos se hace cada vez más pesada, hasta el punto de no podernos levantar. Es necesario, ver en el interior, y sacar lo que nos impide seguir. Poner todo a los pies de Cristo, nos hace más livianos.
La paz genuina es esa que experimentamos en medio de la tormenta. Aunque el viento sople fuerte, tengamos la capacidad de descansar, porque sabemos que Jesús está en nuestra barca. Esa es la confianza que Dios quiere que desarrollemos. Confiar que en sus manos estamos seguros, aunque venga el dolor.
Cuando nos quebramos ante el dolor, el alfarero toma nuestras piezas rotas, para empezarnos completamente de cero. A fin de convertirnos en instrumentos útiles, en vasijas que almacenen y lleven su Gloria.
Deja de buscar una vida sin dolor, porque no existe. Enfócate en buscar a Jesús, porque con Él, los procesos solo te harán más fuerte.
Desde los confines de la tierra te invoco, cuando mi corazón desmaya. Condúceme a la roca que es más alta que yo. Salmo 61:2
El rey David se sintió así, con un corazón que desmayaba de temor e incertidumbre. Pero invocó al Señor cuando se sintió más débil, creyendo que sería llevado a la roca que es más alta. La oración nos lleva a la roca más alta, a Dios.
Es necesario depender de Él y no de las circunstancias. Crecer y creer en medio de la incomodidad. Porque el Señor se glorifica en mis debilidades.
Mi oración es que el Señor nos quite toda venda y seamos conscientes de nuestra vulnerabilidad y veamos al descubierto nuestras debilidades. Entregarlas en sus manos, para que trabaje en ellas y nos prepare para su regreso. Tener un corazón moldeado en manos del alfarero, porque obra de sus manos somos.
Estando convencido precisamente de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús. Filipenses 1:6
En la biblia hay más de cien referencias sobre los planes de Dios para cada uno. Y son planes de bien, que nos llevan a conocer su voluntad. Porque es buena agradable y perfecta, para Él.
«Porque mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes. Ni sus caminos son mis caminos», declara el Señor. Isaías 55:8
Si hago un recorrido mental, y vuelvo a donde estaba hace diez años, no habría imaginado todo esto. Escribir para un blog, a unos meses de casarme con mi mejor amigo, haber cerrado pensum en una carrera que no estaba en mis planes, servir a Dios en un área que mi mente no concebía. Definitivamente, nada de lo que estoy viviendo tuvo espacio en algún pensamiento.
Pero Dios es claro en Isaías 55:8, sus pensamientos son más altos. Él obra de maneras misteriosas y perfectas. Él tiene el poder de cambiar tus circunstancias y convertirlas en un tiempo de crecimiento. Nunca deja de sorprendernos, siempre está en control y nada se escapa de sus Gloriosas manos.
El rey David lo describe muy bien en el Salmo 139:16, “tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos”.
Dios es omnisciente y omnipresente, Él es, fue y será. Él formó cada día de nuestras vidas. Sabía que aun conociéndolo no tomaríamos decisiones acordes a su Palabra y agradables a su corazón. Sin embargo, nos formó, nos escogió, escribió nuestra historia, hizo un plan de vida para cada uno.
Sabiendo que nos equivocaríamos, rechazaríamos sus planes por seguir los nuestros, incluso alejarnos de Él. Esto ya lo tenía contemplado, nos conocía desde antes nacer. Pero su amor y su misericordia no se aparta de nosotros, y nos atrae con sus lazos de amor. Sus caminos no son nuestros caminos.
A diario tomamos mil decisiones, aunque no nos percatemos de ello. Decisiones sencillas, pero que tienen un efecto durante el día. Por ejemplo; dormir 10 minutos más. He tomado muchas veces esa mala decisión, me atrasado y he llegado tarde al trabajo, esto me ha producido una carga de estrés innecesaria. Con algo tan sencillo como eso, puedo provocar que mi día cambie por completo.
Imagina, el peso de nuestras decisiones durante toda la vida. Dios es tan caballeroso, que nos dio el libre albedrío. Nosotros escogemos estar cerca o lejos de Él.
La decisión más importante en mi vida la tomé cuando tenía 11 años. Aceptar a Jesús en mi corazón y vida, decidir seguirlo y servirlo. La segunda decisión más importante, la tomé cuando tenía 21 años. Aceptar ser la novia de quien en unos meses se convertirá en mi esposo. Con quien voy a compartir el resto de mi vida. Todas tus decisiones tienen un peso en la eternidad y alcanzarán a tus generaciones.
El rey Salomón dice en Proverbios 19:21, “El corazón humano genera muchos proyectos, pero al final prevalecen los designios del Señor”.
Es muy probable que hayas imaginado que quieres estudiar, el lugar donde te gustaría trabajar, la edad a la que quieres casarte, incluso cuantos hijos tendrás. Son tus planes, lo que piensas que harás. Pero al final prevalecerán los planes del Señor.
Cuando tenía 18 años, era necesario escoger una carrera en la universidad. Estaba decidida, iba a estudiar ingeniería. Ese era mi plan, pero no el de Dios.
En una exposición de las carreras que ofrece la universidad, se acercaron para explicarme sobre la unidad de Ciencias de la Comunicación. Escuché atentamente, aunque ya estaba segura de que quería estudiar ingeniería.
Llegué a mi casa y leí el folleto que me habían dado, en ese momento algo cambió. Ya no estaba segura de lo que haría. Las semanas siguientes fueron un poco estresantes, porque tenía que decidirme por una carrera, para matricularme a los exámenes de primer ingreso y esperar una respuesta. Pero Dios estuvo guiándome para tomar cada decisión, no estaba sola.
Un día antes de presentarme al examen final, oré y ayuné, puse en las manos del Señor todo para que decidiera por mí. Si esa carrera sería un instrumento de servicio para Él y las personas, el resultado sería positivo. Mi mamá siempre me llevaba cuando tenía alguna evaluación. Al salir del examen, me preguntó cómo me había ido. No sabía, realmente estaba en blanco. Solo pensaba en lo que Dios iba a hacer.
Unas semanas después me dieron el resultado. Había sido aceptada en la universidad para estudiar periodismo y una licenciatura en ciencias de la comunicación. Entendí que el plan de Dios era ese, y se cumplió.
Muchas veces creemos que Dios tiene la obligación de cumplir mis sueños. Hoy te digo que no es así. Porque Dios no vive para ti, nosotros vivimos para Él.
“Señor, tú eres mi Dios; te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas. Desde tiempos antiguos tus planes son fieles y seguros.” Isaías 25:1
Mi corazón ha deseado muchas cosas, varias no las he visto realizarse. El Señor conoce el tiempo en el que sucederán. Y no hay nada más engañoso que el corazón (Jeremías 17:9). Sin embargo, sigo creyendo en Él.
Hemos pasado tiempos de frustración, al ver que lo que deseamos no se cumple. Pero pocas veces nos hemos detenido a buscar a Dios en lo secreto, y preguntarle: “¿Qué quieres que yo haga?”, y no importando la respuesta de Dios, nuestra respuesta debe ser: “Yo lo haré”.
Nos encerramos en nuestros deseos y sueños, sin tomar en cuenta lo que Dios quiere. El 99% de las veces que nos equivocamos es porque hacemos lo que queremos y no obedecemos a Dios. Como Jonás, yendo al lado contrario y terminando en el vientre de un gran pez.
Pase lo que pase, Dios nos hace volver al camino, aunque esto signifique un tiempo de dolor.
Es necesario consultar con Dios, la dirección y el camino que tomaré. Para hacer lo que corresponde a su plan. No sigas tu corazón, sigue la voz de Dios.
Dios es el arquitecto, nosotros los obreros. Nuestra oración se debe centrar, en pedir dirección, así caminar en la senda que el Señor trazó y llegar al lugar establecido para mí. El secreto está en obedecer en todo tiempo.
“Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra”. Hebreos 11:13
Muchas personas de la biblia destacaron por seguir la voluntad de Dios, por hacer lo agradable ante sus ojos, por ser útiles y obedientes. Aunque en el proceso, renunciaran a sus sueños. Los héroes de la fe, murieron sin haber recibido las promesas. Estoy segura de que decidieron lo correcto.
Deseo que vivas para buscar y alcanzar el propósito de Dios, aunque no tus sueños. Porque te aseguro, los planes del Señor son más altos que el cielo.
Recuerda que…
No es lo que yo quiero. Es lo que Dios quiere para mí.
No es lo que yo tengo. Es lo que Dios tiene para mí.
No es lo que yo quiero hacer. Es lo que Dios quiere hacer de mí.
No es a dónde yo quiero ir. Es a dónde Dios quiere que yo vaya.
No vine para cumplir mi plan. Vine para cumplir su plan.
No es por mí. Es por Él.
A quienes encuentran alegría en la tristeza, paz en la tormenta y amor en el dolor, sin duda, es porque están viendo a través del corazón de Dios.
Entre una de las cosas a las que mi mamá le dedica tiempo, está en cuidar el jardín. No es un jardín muy grande, pero si muy variado. Hace unas semanas encontró un gusano entre una de las plantas que más amaba. El gusano había comido todo cuanto había podido, eso provocó que la planta dejara de florecer y empezara a marchitarse.
Mi mamá se llenó de tristeza, al ver que lo que con amor cuidó estaba marchitándose. Ella ama su jardín, ama cada planta que en él hay. Su amor entró en acción cortó todo lo dañado, removió la tierra, limpió la maseta. Quería salvar lo poquito que había dejado el gusano. Luego de unas cuantas horas trabajando en eso, la planta ya tenía un aspecto diferente. La cambió de lugar, la regó, y sonrió al ver que pudo hacer algo por ella.
El alma es un jardín, en donde crece y florece el amor de Dios. Los frutos del espíritu hacen que todo el ambiente se llene de olores dulces. Los talentos y dones hacen que todo se cubra de colores. Y toda palabra que se siembra, prospera y florece, y al tiempo da frutos. Es como un jardín en primavera, al que el sol alimenta y vida da.
Pero no todo el tiempo es primavera, y llega la tormenta que parece inundarlo todo. Otras veces el sol amenaza con secarlo, y el frío parece no ser tan malo, sin embargo, no deja que nada crezca.
Tal vez la tormenta dejó un gusano de tristeza y dolor, y no nos dimos cuenta. Luego una sequía dejó sin vida lo que nos daba sombra, cuando el sol más fuerte era, y dejó un gusano de ira y frustración. Tampoco nos dimos cuenta. El frío nos hizo insensibles, y dejamos de percibir que lo Dios con amor sembró y con paciencia cuidó, ya no está. Al contrario, de ser un Edén pasamos a ser un desierto.
Nuestras vidas pasan por procesos que desgastan nuestra armadura, pero no la fe. Sin embargo, cuando en el jardín hay gusanos, ellos se alimentan de nuestros frutos. Empiezan a crecer quitando de su lugar los dones y talentos. Pero algo pasa, la insensibilidad ha hecho que dejemos crecer, y los gusanos conviertan en desierto el jardín.
Pero todo jardín tiene un jardinero que con amor cuida. Así es Dios, cuida de nuestra alma y corazón, le dedica tiempo a nuestro jardín y cuando encuentra un gusano que está comiendo todo lo bueno, lo quita, limpia y restaura. Porque, aunque nuestra naturaleza nos lleve a descuidar, la naturaleza de Dios es la de cuidar.
En el proceso de restauración, Dios quita, y eso a veces duele. Pero Él sabe que quita.
En Isaías 51:3 encontramos: “Ciertamente el Señor consolará a Sion, consolará todos sus lugares desolados; convertirá su desierto en Edén, y su yermo en huerto del Señor; gozo y alegría se encontrarán en ella, acciones de gracia y voces de alabanza.”
Esta es la promesa de restauración y consuelo prometida a quienes escuchan, obedecen a Dios y aman su voluntad. Convertirá tu desierto en Edén, en el que el gozo y alegría del Señor corran como ríos.
Pero la promesa no termina ahí, en Ezequiel 36:35 dice: “Y dirán: Esta tierra desolada se ha hecho como en el huerto del Edén; y las ciudades desiertas, desoladas y arruinadas están fortificadas y habitadas”.
Todos verán la gracia de Dios sobre tu vida y sabrán que Él está contigo. Porque todo lo hace nuevo.
Cree en sus promesas, que su amor nunca te ha dejado y no te dejará. Y sí tu jardín se convirtió en desierto, Él quiere restaurarlo, porque su poder se mueve en medio del caos.
Lo que Dios nos pide no es nada en comparación con lo que Él promete, y siempre cumple. Solo nos pide que confiemos en su palabra y en sus tiempos. Porque, aunque tu jardín no sea tan grande, Él ama lo que en él hay. Y quiere que seamos un jardín en primavera.
Isaías 58:11 “serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan”.