36.De líneas rectas y luces nocturnas
Intento recordar, palabra por palabra, lo que mi mente pensaba mientras se dormía anoche. Tenía tus ojos frente a mí, tan cerca que no podía distinguirlos claramente.
Los coches pasaban y el reflejo de sus faros formaba líneas cambiantes en la pared color crema de la habitación.
Se me escapan los versos, ya no los puedo encontrar, se los lleva este viento que no me deja posar mis pies en el suelo, mi espalda en la arena, mi cabeza en tu hombro, en el agua, en la siesta; en el aire, que flota.
La calma desaparece de nuevo. Se remonta la búsqueda.
No puedo encontrar los versos, no hay líneas curvas con escondites, no hay montículos, no hay bosques, solo hay llanura, y piedras y polvo en suspensión. Quiero encontrar los versos para encontrarme a mí, y verme y sentir. Sin escribir no siento, solo veo el exterior salvaje, áspero, lógico.
La sensación urgente de estar en otro lugar, haciendo otra cosa, qué será, alguien que me diga algo sensato, que me susurre dónde está, aquel en el que el tiempo transcurre en su modo, incesante y eterno, sin que parezca que los días se esfuman, ajenos a mi paso por ellos.
Buscar sin encontrar, la peor maldición posible. Afortunados los que encuentran, afortunados los que saben lo que buscan.
Afortunada yo porque en mi búsqueda frenética, encuentro regalos que no sabía que buscaba.
Seguiré buscando los versos que no encuentro, persiguiendo a la musa, es mi camino, mi lucha.







