Aunque ella aún no tenía definida la ruta de su viaje y menos el propósito de su vida se arriesgó a aventurarse por los laberintos del misterio y la noche, no tenía interés en enamorarse de nadie, ni de vivir en la comodidad que podía ofrecer el ser dependiente de alguna persona y carecía de ánimos para ilusionarse con la vanidad de los romances falsos, su alma inició una travesía hacia la reliquia del tesoro más grande al que una chica de veinte años pudiera llegar: conocerse a sí misma.
El viajero solitario by Quetzal Noah (via quetzalnoah)















