Los árboles no cambian estaciones, eternamente muertos en su fin y abren sus largas manos, sus dedos de madera por caminos ruinosos. Quien va a morir se sienta para levantarse y acaba de decir sus últimas palabras. Se desvanece de pronto. ¿En dónde está su vida? Sus ojos se quiebran como el cristal.
Umbra Vitae | Georg Heym











