Refunfuña, murmullos ininteligibles se le escapan de entre los labios mientras forcejea con la ajustada tela que mantiene a sus brazos prisioneros. No tiene escapatoria. Ha tomado por accidente el uniforme de otra de sus compañeras y éste es quién-sabe-cuántas tallas más chico. Luego de unos minutos de lucha constante, empieza a acalorarse y la desesperación a acumularse en sus entrañas, tensando sus músculos, mas justo cuando está por aceptar su derrota, percibe pisadas acercándose, pasos discretos que sobre la madera del suelo se hacen escuchar. “¡Hey!” No se molesta en averiguar de quién se trata ni en pensar en el bochorno que está por vivir, solamente busca que alguien se apiade de ella. “Hey, ¿podrías, um...? ¿Crees que podrías darme una mano con esto? Estoy atrapada,” comunica, liberando una suave risita, avergonzada, buscando romper el hielo.