El primer encuentro entre Meliodas y Elizabeth (parte 9)
Parte 8 - English version - parte 10
Meliodas ya tenía suficientes problemas con su situación. Su mente era un lío, y no sabía qué hacer. En su camino a encontrar a Elizabeth, quien ciertamente lo iluminaría para poder ver con claridad, fue repasando lo que había pasado.
Ese día, habían completado una misión, pero perdieron a la mitad de las tropas en el proceso. Volvieron antes de lo anticipado, así que los que quedaron se fueron a descansar. Él fue a informar las buenas y malas noticias al Rey, ya que era el único que no debía temer por su vida al hacerlo. Cuando llegó, su padre estaba en conferencia con sus jefes de guerra más confiados. La pesada puerta bloqueaba mayor parte de la conversación, pero la voz de su padre era clara y resonante.
-Los necesito en posición para el momento exacto. Cuando las diosas vayan a matarlos, mis hijos librarán su poder contra la apertura. Atacarán todos los objetivos en el menor tiempo posible, y regresarán habiendo abierto la puerta para futuros asaltos- Se escuchó el murmullo de uno de los generales hablando.
-Sí, lo más probable es que regresen solos. Si alguien sobrevive, volverán con ellos y lucharán de nuevo otro día. Necesitamos que nuestros soldados usen su fuerza hasta que se desgaste, y nadie en nuestras filas es la excepción- Meliodas se quedó helado escuchando. El tono que su padre usó, como considerando como mover piezas descartables en el tablero, era el mismo que tenía cuando discutieron el valor de la vida de los demonios, y tenía una fuerte sospecha de que no había cambiado realmente de opinión.
"Usar su fuerza hasta el desgaste" eso era lo que él había dicho. Mel y su hermano, y los 10 Mandamientos no eran la excepción. Su padre los haría pelear hasta...
Salió del castillo de inmediato. Si veía a su padre entonces, no confiaba en cómo reaccionaría. Estaba muy enojado con él, y antes de cometer un error debía enfriarse.
Analizó lo que acababa de aprender:
Su padre planeaba usar a alguien, un grupo de demonios, de carnada para los dioses y que se alejaran de sus puestos.
También haría que él dirigiera un ataque a los puntos débiles junto a su hermano, tratando de debilitar a las diosas lo más posible. Contaba con que su fuerza sería suficiente para hacerlo y no necesitaran ayuda de ningún tipo.
No le importaba si su gente vivía o moría en las batallas. Esto es algo que ya sabía de su padre, pero él también veía a Zeldris y a él como herramientas de guerra, que podría apuntar a donde fuera y causar el daño que quisiera. Probablemente les diría que destruyeran los pueblos de diosas pacíficas inocentes, que eran las más fáciles de atacar.
Cada punto de esto Meliodas odiaba. Si esto seguía así, el Rey Demonios los usaría como armas homisida para destruír inocentes, sin ninguna clase de límite. Mel no lo permitiría. Llegó a Elizabeth con una loca idea en la cabeza.
-Quedarte en Stigma?- Dijo ella incrédula. Mel la miró a los ojos, para asegurarle q iba en serio.
-Si. No puedo permitir que mi padre sacrifique demonios sin pensarlo. Con él no se puede razonar, y todo el mundo lo seguirá. Si me quedo, él seguiría usando mi fuerza para compensarlo. Estoy harto de ser su herramienta y ver cómo descarta a mi gente como peones-
-Pero entonces dirigiría esa atención al resto de los demonios, y sufrirían más de lo que ya lo hacen. Podría incluso empezar a tratar a Zeldris como te trata a vos. Esa es tu inquietud- Dijo Eli. A Mel siempre le sorprendía lo bien que lo conocía. Eso era exactamente lo que lo había detenido de hacerlo antes.
-Tendré que detenerlo antes de que lo haga. Zel es fuerte, creo que puede aguantarlo por un tiempo corto. Yo podría seguir protegiendo a mi gente, evitando que mueran y fortificándolos desde acá. Además, creo que Zel puede evitar que Padre los explote por el tiempo suficiente, si lo convenzo de estar de nuestro lado. Si logro que los de Stigma confíen en mí y vean que los demonios no quieren esta guerra, tal vez ignoren las órdenes de las diosas y dejen de atacarnos. Tal vez sea capáz de cambiar su opinión desde adentro-
-Ese es un pensamiento muy optimista- Dijo Eli con una pequeña sonrisa -Tenemos a Gloxinia y a Droll de nuestro lado, creo que podría funcionar- Dijo.
Mel sabía que este mundo no era donde se suponía que los demonios vivían. Con suficiente tiempo, la luz natural podía erosionar el escudo de oscuridad que los protegía. Mel sabía que era más fuerte que la mayoría, pero no podía evitar preguntarse cuanto tiempo aguantaría antes de tener que volver. Aún así, sentía como si el lugar lo invitara. Fue así desde el momento en que salió del Reino Demoníaco por primera vez, y sintió lo agradable que era el calor del sol en su piel, que quemaba a la mayoría de los niños de su edad. Nunca se había sentido tan felíz, y era en un lugar donde no se suponía que debía estar. Se preguntó si eso estaría bien, o si lo llevaría a su muerte.
-No te preocupes, va a funcionar- Dijo Eli tomándole de la mano -Podés vivir en este mundo, y siempre voy a estar acá cuando me necesites-
-Nunca voy a saber cómo haces eso. Cómo sabes siempre en qué estoy pensando?-
-Solo lo sé- Dijo ella riendo. Ciertamente era un rayo de luz en la tempestad para Meliodas, que traía calma y alivio.
Se quedaron juntos un rato más, disfrutando la companía del otro. Como siempre el corazón de Meliodas bailaba al estar con ella, pero ya no se sonrojaba ni se ponía nervioso. En algún punto habían pasado esa etapa. El día de verano estaba nublado pero agradable, el prefacio de humedad ya renovando la vida con su promesa de agua. El lago se veía tranquilo como siempre, con unas pequeñas olas causadas por la suave brisa. La respiración de Eli era tranquila y estable, yendo al mismo ritmo que la de Meliodas. Ella cubría la espalda de este con su ala, mientras se apoyaba en él. Mel podía sentir su aliento cerca de su cara, fresco y dulce, como si acabara de comer una fruta. Su pelo sedoso caía por su espalda, y Mel lo acariciaba con una mano, la otra sosteniendo la de ella. Era en momentos así de simples, en que Mel empezaba a notar los placenteros detalles de su alrededor. El día era tan pacífico que no parecía real, pero ningún sueño era capáz de copiar este sentimiento tan especial. Cuando empezó a oscurecer, Mel sabía que tenía que volver, pero no quería separarse de ella.
-Y si voy con vos esta vez? Nunca vi el Inframundo en persona- Dijo ella. Mel lo pensó un segundo. Parecía una locura, sería muy difícil ocultar la presencia de semejante diosa del ojo del Rey Demonio. Pero si manipulaba la miasma para que pareciera una concentración de magia normal...
-Okey, pero quedate cerca mío- La guió por el bosque, manteniéndose ocultos de la vista de cualquiera que pasara por allí. No podía permitir que nadie supiera la localización de la puerta. Una zona que parecía el lado de una colina, donde los árboles crecían en ángulo con respecto al piso. Oculta entre la tierra y la red de raíces, había una gran roca que parecía normal y corriente. Eli lo miró sin entender, y él le hizo una seña para que esperara un momento.
Mel recitó un encantamiento en antigua lengua demoníaca, una que además nadie fuera de la familia real del Inframundo podía pronunciar. Con cada palabra, marcas casi imperceptibles en la roca se llenaron de magia oscura, hasta formar un diagrama como ningún otro. La puerta se abrió, un hueco en la piedra que brillaba con el fuego del infierno con el que la entrada estaba protegida desde adentro. Mel tomó la mano de Eli y la cubrió con su oscuridad sin tocarla para crear una capa protectora. Ella no dudó, y caminó hacia el fuego negro.
La mirada en su rostro cuando abrió los ojos no tenía precio. Notó que su respiración cambiaba, intentando acostumbrarse a la humedad que ahora entraba en sus pulmones. Usó sus alas para cubrirse los brazos, debido al cambio de temperatura. Giró la cabeza de un lado a otro observando las enormes colinas, ríos y bosques que se esparcían por el terreno tan lejos como se podía ver dentro de la cueva que era el Mundo Demoníaco. El hueco por el que habían entrado se encontraba rodeado por pilares de piedra, que pudieron haber sido plantas fozilizadas, en la única pared de la cueva que se podía ver. Esta se extendía a los costados y hacia arriba por lo que parecía la eternidad.
En la oscuridad sin sol ni luna, las alas de Eli eran como focos de luz visibles a kilómetros, pero Mel lo disimuló con su magia. Mientras caminaban, la dirigió por el lugar, deteniéndose de a ratos para observar algo que Eli encontrara interesante. Mel ya había recorrido estas tierras muchas veces, pero había algo distinto teniéndola a ella aquí. Su corazón estaba abierto a las bellezas más simples, permitiéndole ver más de lo que nunca había imaginado.
Cuando se acercaron lo suficiente a una residencia, Eli ya no era la única fuente de luz. Pequeñas esmeraldas brillaban en el suelo con un resplandor verde que se reflejaban en la piel de Eli y resaltaban sus ojos azules.
-Cómo es que esto está aquí? Creí que eran muy raros- Dijo, estirando la mano para agarrar una. Mel la detuvo.
-Estas gemas pertenecen a la familia Pacheco. Son como su símbolo. Solo aparecen aquí, y son muy importantes-
-Tan rica es esa familia?- De nuevo Mel estaba algo extrañado con sus comentarios, pero era de esperarse. Sonrió, dispuesto a explicarle.
-Aquí las gemas no representan un valor monetario. Son simbólicas. Los elementos de pertenencia a un lugar son muy importantes para nosotros, sobretodo los familiares. Cada familia tiene su tipo de gema especial. Están profundamente unidas al lugar donde viven, y los cristales de dicho lugar transmiten su energía como si fueran una extensión de su alma. Por eso son tan especiales-
-Y cual es la tuya?- Preguntó Eli.
-Es una que nunca sale a la superficie. Se llama Obsidilian-
Siguieron caminando, y llegaron al lugar que Mel le quería mostrar. Se metieron por una pequeña entrada en el suelo a una cueva que no era más grande que el patio de una casa. Al principio Eli se veía confundida, pero desspués Mel le indicó que apagara su energía tanto como pudiera. Cuando el nivel de luz fue mínimo, algo en la cueva empezó a brillar. El aroma dulce llegó a sus narices por montones. A su alrededor, casi cubriendo completamente el piso y subiendo por las paredes hasta el techo, pequeñas flores plateadas resplandecían con luz fría. A su alrededor, incluso había crecido un poco de pasto, deleitándose con su luz.
-La primera vez que te vi, me recordaste a estas flores- Pasó su mano por ellas dejando salir un poco de oscuridad. En donde tocaba, las flores crecían y brillaban con más fuerza. Eli agarró una, y la levantó a su rostro para olerla. Olía como el más dulce de los jazmines. Luego la colocó de vuelta en su tallo y usó un poco de magia curativa para unirla.
-Increíble- dijo Mel, -Por lo general mueren en cuanto se las corta, y la menor cantidad de luz las lastima. Al sol se quemarían de inmediato. No sabía que la magia de una diosa las curaría- Tenía razón. Eli no se sentía tan extraña como debería en el mundo demoníaco. La humedad y el frío la hacían sentir bien, y estaba muy cómoda con el tipo de ambiente que era. La magia que Mel puso sobre ella se había estado deshaciendo durante el camino, y no le molestó estar expuesta. El viento fresco de miasma le hacía cosquillas en la piel y la hacía sentir bien. Se preguntó si esta extrañeza fue lo que sintió Meliodas cuando vino a la superficie por primera vez.
Eli le pidió a Mel que bloqueara la puerta de la cueva, y quitara la oscuridad de a su alrededor. Mel dudó, pero le hizo caso. Cuando sus alas llenaron la cueva de luz blanca, al principio opacó la de las flores, pero después las hizo brillar más intensamente. El pasto entre ellas creció verde y saludable. Mel mezcló su energía con la oscuridad del aire, y creó un balance con la de Eli, que no se desvaneció cuando desacrivaron su magia. Él nunca había visto algo tan bonito en su mundo. Agarró una de las flores, dejó que la magia balanceada le diera vida a pesar de estar cortada, y la puso en la oreja de Eli. Combinaba tan bien con ella que solo parecía correcto. Después de eso se fueron, dejando detrás de si una prueba de su poder juntos.
Caminaron un poco más. Mel los cubría para que nadie supiera que estaban allí, y no los molestaran. Pasaron al lado de varias residencias, con demonios adentro viviendo tranquilamente. De repente, frente a ellos aparecieron unos niños jugado con garras y dientes a un peligroso juego de mancha. Era muy lindo ver a criaturitas tan diferentes jugando como iguales. Eran tan jóvenes, intocadas por los horrores que se daban afuera. Mel siempre adoraba verlos divertirse, a salvo bajo su protección en su hogar. Muchas veces, cuando nadie estaba mirando, usaba su oscuridad para evitar que alguien se lastimara y para darles algunos momentos mágicos. Se quedaron mirándolos con sonrisas enormes, hasta que Eli preguntó:
-Porqué todos tienen cuernos? Creí que los demonios eran muy diferentes salvo por miembros de la misma familia-
-Es cierto, pero los cuernos son algo común. La forma sí depende de la familia, pero cuando acaban de nacer son casi todos iguales-
-Entonces porqué ninguno de los otros demonios tiene?- A Mel siempre le gustaba lo obserbadora que era.
-Porque los cuernos son muy sensibles. Son resistentes, pero cuanto más grandes sean, más posibilidad hay de que se enganchen en algo o alguien los golpee, y no te imaginas cuanto duele eso. Por lo general los mantienen ocultos-
-Así que vos también tenes?- Eli lo agarró desprevenido. Él nunca había dejado fuera sus cuernos desde que aprendió a ocultarlos. Siempre fueron demasiado grandes, y aunque pudiera soportar el peso, le resultaban incómodos. De todas maneras, no era capaz de resistir un pedido de Eli. Lentamente, liberó la tensión de energía en su cráneo, dejando que sus cuernos salieran aliviados. De repente, de su cabeza salían un par de cuernos como de ciervo, enormes con muchas ramificaciones, de hueso oscuro y rugoso, Se sentía raro para él liberarlos, como estirando una extremidad después de mucho tiempo.
Eli lo miraba más curiosa que extrañada. Ella era probablemente la única persona de otra raza que no se alarmaría al ver tal revelación de lo que creían conocer. Estiró la mano y acarició suavemente los cuernos, con cuidado de no lastimarlos. Se sentía bien. Luego tocó una de las gemas colgados de estos. Piedras pequeñas negras con destellos azules y morados, cuya superficie lisa reflejaba la luz de sus alas haciéndolos brillar. Lo miró con esa mirada, que pedía una explicación.
-Te dije que los demonios llevaban consigo gemas que los representaban y unían a su lugar de origen- Eli pareció entender, y siguieron caminando. Llegaron hasta el centro del reino, justo a las afueras del castillo. A Mel ya le empezaba a costar mantenerlos ocultos, tan cerca de una fuente de poder más fuerte que la suya. Pero no tubo que mantenerlo por mucho tiempo. Divisó en el suelo un cristal de la residencia. Ni tubo que moverse. Dirigió energía a través de él y este se movió respondiendo a su volunta y aterrizando en su mano. Mel se la ofreció a Eli.
-Está bien? No pertenece a tu familia?- Dijo ella.
-Quiero que vos la tengas. Si la aceptás claro- Se estaba sonrojando, su mano temblaba un poco. Pero no podía evitarlo. Su cuerpo y mente tuvieron tranquilidad cuando Eli sonrió y tomó la gema, guardándola en sus ropas. Después de eso volvieron por donde vinieron. La ayudó a atravesar el fuego de la entrada, y regresó a su mundo. Mel la hubiera seguido, pero tenía algo que hacer, y estaba decidido.
Voló cerca del borde entre su reino y la superficie. Allí donde el sol calentaba la tierra y los gigantes aún tenían influencia sobre esta. En esta parte, un ataque directo de las diosas podía romper por la roca y abrir un agujero si no se tenía cuidado. Ese cuidado, el cual era responsabilidad del Rey Demonio, Meliodas había estado cubriendo, manteniendo una fina capa de su poder sobre la tierra para saber en caso de problemas. Llegó a la parte complicada. En varias zonas del techo del reino, había huecos desde el mundo exterior. Muy pocos eran lo suficientemente profundos para llegar al reino, y no eran más grandes que un dedo. Pero la luz quemante que venía de allí era suficiente para afectar al circuito de vida demoníaca debajo. Mel siempre tenía cuidado de cubrir bien estas hendiduras, y la mayoría de ellas estaban vigiladas por centinelas para asegurarse de que no hubiera peligro. En esta ocasión, los Mandamientos Aranak y Zeno se encontraban allí. Mel se acercó a ellos. Eran los mandamientos con los que más confianza tenía, y podía compartirles su decisión. Tal vez incluso lo ayudarían.
No funcionó tan bien. Solo los saludó. Con eso fue suficiente para que ellos se pusieran a la defensiva pensando que algo estaba mal. Era tan raro en él ser ser amable? Después intentó hablarles de su idea de hacer paz con la raza de las diosas, y antes de que pudiera decir cómo, lo atacaron. No paraban de gritar que el príncipe había perdido la cabeza, o que este tal vez ni era él. Mel tardó un segundo en procesar lo que pasó. Devolvió la magia con Full Counter sin pensarlo ni medir su fuerza, y combinó accidentalmente los ataques, ambos amplificados por el efecto de la técnica. Antes de que se diera cuenta, los 2 miembros de los 10 Mandamientos estaban agonizando en sus últimos momentos, diciendo maldiciones a Meliodas por traicionarlos. Mel los miró horrorizado, sin ser capáz de moverse del shock. Él acababa de matar a sus propios compañeros, y ellos lo odiaron al final por eso. Lágrimas caían de sus ojos y le dolían sus 7 corazones, pero ahora no había marcha atrás. No tubo ni tiempo de hacerle el debido sepulcro a sus queridos amigos. Se alejó lo más rápido que pudo.
Volvió a ocultarse con su magia, y le mandó un mensaje a su hermano: “Encontrame en las columnas del límite sur”. Lo esperó impaciente, caminando de lado a lado, todavía inquieto por lo que había hecho. Cuando llegó, la confusión estaba pintado por todo su rostro. Dijo que había sentido el poder de los Mandamientos del reposo y la paciencia siendo devuelto hacia ellos, hasta que sus presencias desaparecieron con su muerte. Le pidió a Meliodas una explicación.
Él no tenía una muy buena para dar. Por una vez, había hecho un desastre del cual se arrepentía y no podía arreglar. No había marcha atrás. Le contó toda la verdad, y lo que haría a continuación. Finalmente hablando de su relación con Elizabeth con su hermano se sintió bien, como liberando el peso de ocultarle algo tan importante para él. Zel entendía lo que era amar a alguien, y hacer lo que fuera por esa persona. Él entendería.
-No puedo creerlo- Dijo cuando el mayor terminó de explicar -Vas a dejar el Inframundo?! Te has vuelto loco hermano?! De verdad piensas que nuestro padre lo permitirá?!-
-No pienso pedirle permiso a nadie- Respondió Mel tranquilamente.
-HERMANO!- Zel reclamó, sin comprender el significado de tal insolencia por parte del mayor.
-Zeldris, también encontré a alguien para mi... Alguein a quien quiero proteger desde el fondo de mi corazón- La realización golpeó a Zeldris como un bate en la cara.
-Así que esos rumores sobre la hija de la Suprema Deidad, Elizabeth... Eran ciertos?!- Era bastante claro para Mel que Zeldris estaba molesto con él. Se limitó a asentir.
-Si esta guerra continúa conmigo como líder de los 10 Mandamientos, inevitablemente llegará el día en que lastime a Elizabeth con mis propias manos- Solo el pensamiento lo hizo temblar. Volvió a levantar la mirada y vio la furiosa expresión de su hermano.
-Qué hay del Clan Demonio?- Dijo desolado -Qué hay de mí!? Vas a abandonarnos hermano?!- Dijo al borde de las lágrimas. Meliodas era su ejemplo a seguir, alguien confiable que siempre haría lo que era necesario hacer. Últimamente se había dicho que él se preocupaba por el Clan Demonio más que nadie. Entonces porqué?! Qué le hizo esa diosa?!
-Zel, trae a Gelda y ven conmigo- Extendió su mano, pero el otro, al salir del shock, la rechazó y la golpeó, con una furia que nunca antes había sentido quemándole el pecho. Se paró frente a su maldito hermano mayor, su ira haciéndole olvidar los miedos que alguna vez lo reprimieron, y lo miró directamente a los ojos.
-Bien, si quieres irte entonces vete. Para mí ya no eres mi hermano!! La próxima vez que nos encontremos, será como enemigos!!!- Se dió la vuelta y se fué, alejandose de aquel que había sido su ídolo, y que había roto su confianza. Meliodas estaba estupefacto por su reacción. De nuevo, al no elejir bien las palabras a usar, cometió un error fatal irreversible. Su hermano lo odiaba. Y aparte del dolor de la separación, ahora no había nadie en el Reino Demoníaco que estuviera dispuesto a ayudarlo. Si cometía algún error por su parte, o si no conseguía su cometido, no sería aceptado de vuelta en su raza. El pensamiento de ser un exiliado lo atormentaba, pero ahora no había nada que hacer. Tenía que seguir adelante. Activó sus alas de oscuridad, y se alejó mientras su corazón terminaba de romperse hasta volverse polvo.
Creo que estoy escribiendo más rápido que nunca. Esto es extraño. Dejo el cap hasta acá. Ya es bastante largo y cubrí todo lo que quería cubrir. Usé la referencia del manga para la última escena. Mel ni llegó a contarle a Zel que tenía planeado salvar su raza desde el lado enemigo, y hacer las pases con los otros clanes. Tengo unas ganas de escribir el próximo capítulo, pero tengo que ponerme al día con los caps en inglés. Hasta la próxima!









