Dios Padre, todo poderoso, creador de lo visible y lo invisible, te doy gracias por permitirme acercarme a ti nuevamente, por aceptarme en tu rebaño, por llamarme hijo tuyo. Dios mío Santo, fuente de toda creación, a vos me aboco para ofrecer mis gratitudes y mi humilde ofrenda de hierbas para que las purifiques, y con ellas también purifiques mi cuerpo, mi corazón, mi mente y mi espíritu. Siento tu mano poderosa sobre mí y tu calor, aunque no soy ningún merecedor de tu gracia. Tu clemencia es eterna, Dios Padre.
A ti, Madre María, Madre de Amor Eterno, gracias por tu abrazo y por tu bondad. En tu regazo soy abundante de tus bendiciones y lloro como un niño por haber sido tan malo. Gracias por mostrarme el rostro del perdón, por tu eterna compañía, por tu presencia tan importante en mi vida.
Y a ti, mi Santísima Muerte, humilde servidora de Dios, siempre taciturna y amable, gracias por llamarme a tu fe como tu pupilo, tu aprendiz, tu fiel amante. Mis carnes contaminadas del mundo te aclaman y te piden perdón para que el día que nos toque partir seas piadosa y me permitas descansar en paz y sin dolor. Te pido, reina hermosísima, que me acompañes siempre en la oscuridad para que no me pierda en el camino de Dios ni tropiece entre las sombras de lo invisible. Pido tu protección Madre Santísima, porque sin ti no soy nada en esta experiencia terrenal que Dios me ha permitido tener. Jueza perfecta, protectora de la Tierra, tómame de la mano y acompáñame. Despeja mis caminos para que en mi vida encuentre tu abundancia y me permitas compartirla con los demás.
Padre Santo, Dios que todo lo ves y sabes. Madre y Reina de los Cielos, cuya clemencia es imposible describir con palabras. Señora, Niña Blanca, artesana de la luz y las sombras. Pido esta noche, si es su voluntad, me ayuden a despojarme de todas las malas energías, los bloqueos, las envidias, las malas intenciones, los malos deseos, las maldiciones y malas rachas que se alimentan de mi espíritu para reventarlas y convertirlas en energía de luz, energía misma que viene de ustedes. Desbloqueen mis caminos de abundancia y hagan cabida para ustedes dentro de mi espíritu, porque ahí quiero que habiten.
Les pido esta noche que todo lo que me ata las manos y los bolsillos se vaya lejos y no regrese, para poder seguir viviendo con dignidad y honrando a los míos con lo que les provea. Multiplica nuestras ganancias Padre para que el pan nunca falte en nuestra mesa, así como ha sido hasta ahora, y seamos garantes de difundir tus bendiciones con mayor alcance y posibilidad. Sabés que en mi corazón no habita la avaricia ni el egoísmo, por lo que me declaro listo para recibir tu abundancia, Padre. Mantenme siempre firme en tu palabra, mendigo de tus bendiciones para seguirte buscando y rico en gratitud por tus obras.
Gracias Padre, por permitirme estar aquí y ahora elevando esta oración. Gracias por regalarme el amor de tu madre. Gracias por asignarme a mi Santísima Muerte como guía espiritual.
Amén, amén, amén Padre Santo.