Pequeña, frágil y descuidada fuiste,
desprotegido quedo tu templo y se creyeron dueños al profanarlo.
Como disco se repetía la historia, y en el cuento los villanos dejaron sus sombras.
Obligada a callar, asumió la corona que con espinas lastimó su bondad.
Con los años se volvió prisionera de la torre del recuerdo
Esclava de la culpa y el dolor, forjó los barrotes de su imperio.
Se protegió a sí misma y juró al viento.
Pasarán los tiempos, existirán lamentos, pero mi memoria jamás olvidará lo que tu me has hecho.
La corona me marcó y las espinas me recordaron, quien fuiste y en quien me has transformado.
Ahora carga con una cruz y un daño que no será reparado.
Sin embargo, recuerda bien mi nombre, pues hijas tendrás, el karma siempre es silencioso y hasta en los cuentos lo hallarás.
- Espero que algún día puedas sanar de aquello que no pediste, pero te llegó a pasar.