Tú y yo deberíamos estar acostados, acurrucados uno con el otro, en cama, con el desayuno en una bandeja, viendo una película, riendo por tonterías o haciéndonos el amor entre besos y abrazos.
Deberíamos... Pero no es así. Tú, quien sabe dónde estarás; y yo, acá, con frío y sola.
Aún así, todavía espero un milagro: el que aparezcas en la puerta y hagas realidad mis sueños, mis fantasías.
Leregi Renga















