La masculinidad, una acción tan tóxica, sin embargo tan popular.
Análisis de El Desafío por Mario Vargas Losa
Tener una masculinidad arraigada y honorable es parte del discurso que habla de lo que un hombre “debe hacer” o “ser” ante la sociedad. Sin embargo, a como yo lo veo, es mucho más fácil decir que ser masculino, o sea, un “hombre de honor”, significa ser violento y sin sentimientos que reconocer que además de hombre, eres ser humano, alguien racional, capaz de ver por su bien y el de su entorno.
Desde hace años, especialmente en América Latina, se celebra el nivel de “masculinidad” en los hombres, como si esta fuera un símbolo de pertenencia que define tu posición en la sociedad, tu género, tus gustos, incluso tu orientación sexual, cuando simplemente es un poder inventado para denigrar aquellos que no sean hombres y que no cumplan con los estándares de ser completamente masculinos como una excusa para abusar de este poder.
Mario Vargas Losa habla de esto en su libro Los Jefes, específicamente en el cuento del Desafío, donde podemos ver ejemplificado el discurso de hombría en una situación poco satisfactoria; una pelea en donde el que mata gana; Justo vs El Cojo.
Sin embargo, considero que Vargas escribió este cuento justamente como una revelación en contra de la masculinidad porque El Desafió es una manera indirecta de revelar cómo se sienten los hombres al enfrentarse a retos, como lo es la pelea a muerte, pues basta imaginarse la escena donde “Leonidas sopló lentamente y se quedó mirando, pensativo, cómo estallan las burbujas. Luego bebió de un trago hasta la última gota. (Vargas, 1959)”
Igualmente, el autor nos da a entender que para los hombres, una pelea es la única solución, así lo ejemplifican sus personajes diciendo que Justo “Se lo ha estado buscando hace tiempo. Y el Cojo no tiene mucha paciencia... (Vargas, 1959)”, lo que me hace pensar que matarse a golpes es “algo que debe de pasar”, que una pelea es símbolo que refleja el honor, la valentía y el orgullo. Inclusive esto me hace llegar a pensar que el mismo autor se burla de la masculinidad haciendo ver cómo este tipo de acciones o “soluciones” es ridícula y totalmente innecesario. Es interesante la manera en que Vargas nos da a entender que debajo del discurso de SER hombre, existe el miedo, el nerviosismo, la desesperación y angustia, es decir, todas esas emociones que precisamente no forman parte de la “masculinidad” sin embargo el mismo cuerpo humano los demuestra de una manera u otra .













