I feel that the less an audience is aware of how we're achieving an effect, the better the picture will be.
Sidney Lumet en su libro "Making movies".

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I feel that the less an audience is aware of how we're achieving an effect, the better the picture will be.
Sidney Lumet en su libro "Making movies".
A 60 km/h
A mí lo que más me gusta de A 60 km/h es...
Primero, la vez que aparece el mapa, cuando van saliendo de Turquía, que está todo oscuro y sólo se ven las luces de la Mehari. Es una sutileza muy simple y muy brillante, que me encanta sobre todo por su capacidad de pasar inadvertida. Están muy bien esas animaciones.
Segundo, la historia en sí misma. Y más específicamente las partes que me emocionaron, como el reencuentro de Mario con sus hijos, el reencuentro de ellos tres con la Mehari, y la llegada a Montevideo. Tercero, la música. Fue una decisión muy acertada esa de componer específicamente para la peli.
Pero creo que el mérito más grande que tiene A 60 es extirpar esos clips de todo el material que había. Por una parte por el esfuerzo físico y mental que supone pasarse horas revolviendo adentro de un disco lleno de videos en cualquier formato, que uno no tiene la menor idea de qué pueden llegar a ser. Por otra parte, por aprender a descartar todo lo que no interesa para la historia que estaban intentando contar.
Creo que lo más importante que dijo Facundo Marguery (director) en el tiempo que habló con nosotros es que él partió de que "toda historia cuenta dos historias" e intentó aclarar exactamente cuál era esa otra historia al inicio de todo el proceso. Solo teniendo definido ese criterio de ante mano se puede esperar montar bien tanto material ajeno.
Alguien le preguntó por qué no se veían escenas más fuertes de las peleas in situ, o por qué no se contaba el encontronazo con las FARC y el contestó algo así como que esos hechos no estaban en el material, y si no están registrados, para la película no existen. Bien ahí.
Ya varias veces en estas semanas me he metido en conversaciones con distintos grupos de gente, que tratan de explicarse por qué le fue así de bien en la taquilla a un documental uruguayo. Y me quedo con lo que dijo una compañera: casi todo el mundo ve reflejada su realidad en Mario marcando como le pasaban los días en el calendario: "tuc, tuc, tuc".
Lo raro del museo del INAC (Instituto Nacional de la Carne) es que no se llama MC (Museo de la Carne) sino MI (Museo Interactivo).
Mi primer contacto con el museo fue el año pasado. Iba caminando por la rambla y vi de lejos el nombre verde sobre fondo negro, con un logo que tenía pinta de que, cuando entendiera de qué se trataba, me iba a parecer super ingenioso.
Me desvié unos metros de mi camino: me tuve que acercar muchísimo para ver la descripción el resto del texto del cartel. En letra muy pequeñita, como hacen en los contratos, explicaba que era un museo sobre carne. Plan descartado.
Pero ahora, tuve que ir.
Es un sitio interesante, sin duda. Seguramente mucho más para un Uruguayo que para un primer mundista, porque imagino que ellos tienen toda clase de artilugios interactivos en museos de toda clase de temáticas.
No deja de sorprenderme que a los que nombraron el museo les importara más decir que era interactivo, que decir que se trataba sobre carne. Miento, no me sorprende para nada.
¿A quién podría interesarle ir a escuchar hablar sobre carne? A mí no, y a los otros... imagino que invertirían más tiempo en comerla que en pensarla.
Hay que mostrarle a los uruguayos de qué está hecho su país, y a los turistas lo mismo. Enviarlos al campo sería menos enciclopédico, a una carnicería demasiado común, a un restorán, demasiado caro. Hay que agarrarse de algo, sea lo que sea, para que se le preste atención al tema. Y así es como la forma sobrepasó al contenido.
Igual que el brócoli cubierto de chocolate, por copado que se vea, no deja de ser una trampa
¡DOGME 95 es un acto de sabotaje!
Extracto del Manifiesto del Dogma 95
¡Además, juro que como director me abstendré de todo gusto personal! Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.
Extracto del Manifiesto del Dogma 95
Tengo dos reglas favoritas dentro del voto de castidad (que, dicho sea de paso, me parece un nombre desacertado)
3. La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento -o inmovilidad- conseguido con la mano están autorizados.
Si yo fuera camarógrafa en un film de dogma 95 creo que experimentaría la sensación de llegar al set la locación y pensar que todo ese mundo que vine a registrar ya existía desde antes de alguien gritara "acción".
Correr entre los actores con la cámara en mano, esquivarlos, subirme a un banquito. Tratar de verlo todo, pero al mismo a tiempo hacerse el distraído. Fingir que uno es una persona discreta y que en el fondo le da culpa estar ahí miestras la gente es gente.
La cámara fija hace invisible al camarógrafo, pero revela al espectador. Si estoy tan inmovil y tan tranquila mientras ellos discuten, los personajes van a creer que soy una desubicada y me van a pedir que me retire.
7. Los cambios temporales y geográficos están prohibidos. (Es decir, que la película sucede aquí y ahora).
Expandir la historia en el tiempo y en el espacio puede ser un recurso para vagos. ¿Por qué relatar años mediocres cuando podemos concentrar todo en un día particularmente intenso?
Creo que tradicionalmente hay ciertos escrúpulos en cuanto a pasar de una cosa demasiado alegre a otra demasiado bajón en un lapso de muy corto, tanto en tiempo del relato como en tiempo de la historia. En Festen por ejemplo se ven esos cambios de tono, que me parece que están vagamente justificados por la ingesta de alcohol de los personajes. ¡Pero no hay nada que justificar!
Yo vería más cambios de humor, más vueltas de tuerca, más conejos sacados de la galera. Una historia completa en menos espacio, y menos tiempo.
Me consta que a veces una limitante, un poco de disciplina, es lo que uno necesita para crear más y mejor.
Dejando de lado el 35mm creo que yo y algunos millones de personas más hemos hecho dogma 95, solo por prender la cámara que teníamos cerca y ejecutar una idea que nos parecía buenísima en el momento.
La clave es dejar de pensar que filmamos como filmamos porque no tenemos plata, y hacernos creer que filmamos como filmamos porque queremos.