Besarlo era su hobby favorito, adoraba sus labios, amaba su aliento, quería su sabor en su boca, saborear lo dulce que se sentía abrazar sus ósculos, estremecerse con el contacto piel a piel, perderse en ellos, en el infinito que mezclaba amor y pasión, deseo salvaje y ternura, caricia suprema y placer...
Tentadores le parecían y es que para besarlo, no había tiempos, espacios o lugares; cualquier momento era el indicado.
Leregi Renga














