Había descubierto al fin que sí, que lo amaba, que deseaba besarlo, saborear todo de él
Ángeles desterrados -Anabel Botella
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Había descubierto al fin que sí, que lo amaba, que deseaba besarlo, saborear todo de él
Ángeles desterrados -Anabel Botella
Tengo la estatura exacta para besarlo de puntillas y sentir que puedo alcanzar el cielo.
@piensoenversos
Entrelacé en sus manos caricias llenas de sueños y uní con besos la distancia que me separaba de su boca... Ahora sus manos están llenas de poemas y sus labios llevan mi dulzor.
Maru
Besarlo era su hobby favorito, adoraba sus labios, amaba su aliento, quería su sabor en su boca, saborear lo dulce que se sentía abrazar sus ósculos, estremecerse con el contacto piel a piel, perderse en ellos, en el infinito que mezclaba amor y pasión, deseo salvaje y ternura, caricia suprema y placer...
Tentadores le parecían y es que para besarlo, no había tiempos, espacios o lugares; cualquier momento era el indicado.
Leregi Renga
La ultima vez, que nos vimos. Él me beso, luego actué como si fuera un error, es algo que no debió suceder. No debería besarlo ahora mismo, tengo tantas mierdas encima, pero eso no me detiene al querer obtener algo de él. Lo necesito tanto, lo quiero para mi, solo para mi.
Lo necesito, sin pensar en las consecuencia que pueda llegar pasar, no necesito opiniones de nadie. A la mierda a todos los demás. A veces merezco ser feliz también.
Besarlo. Aquello parecía a un millón de kilómetros de distancia.
Sueños de Dioses y Monstruos (Laini Taylor)
“Mas no lo maté con armas,
le di una muerte peor:
¡lo besé tan dulcemente
que le partí el corazón!”
— Alfonsina Storni.
Cafuné
Me gustaban más los ojos claros, hasta que en ese día de Febrero tuve la suerte quien sabe si buena, quien sabe si mala, de toparme con ese par de ojos negros que venían acompañados de unas pequeñas y dulces arrugas a sus costados cuando una sonrisa hermosa se escapaba de aquellos labios. No sabía entonces si me gustaban más los ojos, las arruguitas, la sonrisa o los labios, estaba bastante confundida así que para salir de dudas decidí pasar más tiempo con él, el dueño de todo lo antes mencionado, lo que yo no sabía es que eso estaba lejos de resolver mis preguntas “¿Serán sus ojos?” “¿Será su cara?” “¿Será su sonrisa?” “¿Serán sus labios?”… al contrario, se sumaron miles de preguntas más “¿Será su voz?” “¿Será su forma de ser?” “¿Será su forma de tratar?” “¿Será su educación?” “¿Será todo él?”
En una encuesta que me hice a mí misma, con la finalidad de acabar de una vez por todas con el dilema que me estaba comiendo por dentro, resolví, que la respuesta definitiva sería la última; todo él. Me gustaba todo de él ¿Eso era bueno o malo? Me gustaba el sonido de su risa, como sus ojos se achinaban al reír, al sonreír, me gustaba el color de sus ojos y la profundidad quién sabe si amigable con la que me miraban, me gustaba su voz, su jodida voz me hacía sentir en otro mundo, me gustaba su sonrisa amplia, mostrando de una vez todo lo que tenía para dar, sólo en una sonrisa que me decía lo agradable que le era pasar tiempo a mi lado. Me gustaban sus labios, que por cierto, hasta el día de hoy no he tenido la dicha de probar.
Todo en él me gustaba ¿Qué podía hacer? A nadie podía culpar por eso, ni si quiera a mí. Todo pasó de unas simples conversaciones a caricias, caricias en el cabello, el cafuné. Luego de eso él dormía excelente, según lo que él mismo me contaba luego de pedirme cada noche que acariciara su cabello con la ternura con la que siempre lo hacía. No lo acariciaba como a cualquier persona, era como si él fuera lo más frágil en el mundo, como si se pudiera romper y aparte fuera el tesoro más preciado de todo el mundo. Así con ese cariño metía mis dedos en su cabello y lo movía suavemente mientras yo sonreía y deseaba poder hacer eso hasta el fin de mis días, se sentía tan bien, una que otra vez vi la sombra de una sonrisa en su rostro mientras lo hacía, y eso me confirmaba lo bien que le hacía sentir, su mejilla crecía y las comisuras de sus ojos se achinaban un poco y no lo podía creer ¡Estaba sonriendo! Estaba sonriendo porque yo lo estaba acariciando y le gustaba. Se giraba y volteaba a verme y yo hacía un esfuerzo sobrehumano para no mirarle el piercing en su labio inferior, en un afán de esconder mis ganas de comérmelo a besos, me veía y me preguntaba “¿En qué piensas?” y yo sólo sonreía y le respondía “En que me gusta hacer esto”
Le preocupaba que me aburriera de consentirlo, que tonto, no se daba cuenta de que eso era lo mejor que me pasaba en el día. Su sonrisa era muy agradable, sus ojos, me hacían sentir segura. Todo en él estaba bien, o por lo menos así lo creía yo. No creía posible el hecho de que pudiera hacerme daño.
Me esforzaba en ocultarlo todo, en ocultar mis ganas de poner mis manos sobre sus mejillas, mirarlo a los ojos y muy cerca de sus labios susurrarle “Me encantas”, me esforzaba en ocultar mis ganas de besarle, de quedarme con él toda la noche y dormir juntos, sólo dormir. Trataba de ocultar mis ganas de quitarle la ropa poco a poco e ir juntos al cielo un rato o todos los ratos. Trataba de ocultar que me estaba enamorando de él, incluso, trataba de ocultármelo a mí, pues sabía perfectamente que en el mismo momento en que me dijera “Si, él me gusta” iría corriendo a contárselo y tal vez él no sentía lo mismo.