[rec. Alain DANIÉLOU]
"Cambodia"
(LP. Bärenreiter-Musicaphon. 1963) [KH]
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[rec. Alain DANIÉLOU]
"Cambodia"
(LP. Bärenreiter-Musicaphon. 1963) [KH]
"The faithful of Shiva or Dionysus seek contact with those forces which animate both the infrahuman and the suprahuman and lead to a refusal of the politics, ambitions, and limitations of ordinary social life. This does not involve simply a recognition of world harmony, but also an active participation in an experience which surpasses and upsets the order of material life...The god's followers are called bacchoi (bacchants) in Greece and bhakas (participants) in India. It is in their intoxication of love and ecstasy that true wisdom lies."
—Alain Daniélou, Gods of Love and Ecstasy
Alain Daniélou (deceased)
Gender: Male
Sexuality: Gay
DOB: 4 October 1907
RIP: 27 January 1994
Ethnicity: French
Occupation: Historian, musician, academic
According to Euripides, the message of Dionysus is to call to joy in communion with nature and simplicity of heart. Those who pretend to assert the superiority of reason and refuse to heed his call will be confounded. The god inspires into them the madness with which they destroy themselves. Alain Daniélou St John the Baptist in the desert or Bacchus, 1510-1515, attributed to by Leonardo da Vinci.
•••• musique jaune ••••
V/A [rec. M. Junius]
"An Anthology of North Indian classical Music - vol.1 : Vocal Music"
(LP. Musicaphon. 197?) [IN]
Shivaism has always opposed the anthropocentrity of urban society. Its western form, Dionysism, similarly represents the stage where man in is communion with savage life, with the beasts of the mountain and forest. Dionysus, like Shiva, is a god of vegetation, of trees and of the vine. He's also an animal god, a bull god. The god teaches man to disregard human laws in order to rediscover divine laws. His cult which unleashes the powers of soul and body, has encountered a lively resistance from city religions, which have always considered it antisocial. Shiva, like Dionysus, is represented by city religions as the protector of those who do not belong to conventional society and thus symbolizes everything which is chaotic, dangerous and unexpected, everything which escapes human reason and which can only be attributed to the unforseeable action of the gods.
Alain Daniélou, Gods of Love and Ecstasy: The traditions of Shiva and Dionysus.
Alain Daniélou: un aventurero del alma
Por Anne Prunet
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Este artículo fue escrito por Anne Prunet y apareció en la revista Infos Yoga n.º 153 (verano de 2025).
No habría visto la luz sin la colaboración de la Fundación Alain Daniélou, que desde 1969 trabaja para que Occidente descubra la India tradicional a través de la investigación, la historia, las artes y la espiritualidad.
«El único valor que nunca cuestiono es el de las enseñanzas que he recibido del hinduismo shivaíta, que rechaza todo dogmatismo, porque no he encontrado ninguna otra forma de pensamiento que haya llegado tan lejos, con tanta claridad, profundidad e inteligencia, en la comprensión de lo divino y de las estructuras del mundo».
Alain Daniélou, Le chemin du labyrinthe, p. 335
Introducción
Alain Daniélou vivió en la India entre 1932 y 1956, durante 25 años. Allí adquirió conocimientos sobre las artes y la filosofía hindúes, incluido el yoga. Se trata de un conocimiento singular, «desde dentro», encarnado, experimentado y no solo teórico. Su primer acercamiento al mundo de las artes y el pensamiento indios lo inició Rabindranath Tagore. Daniélou y su compañero Raymond Burnier realizaron numerosas estancias en la escuela del poeta en Santiniketan. Sin embargo, fue en Benarés, junto a los eruditos de la ciudad, que practicaban una enseñanza tradicional, donde forjó la base de su conocimiento del subcontinente.
Sus fuentes proceden directamente de los textos originales gracias a su dominio de las lenguas de la India: hindi, sánscrito, tamil y bengalí que, a diferencia de muchos indianistas que recurren a textos traducidos y, por lo tanto, al prisma de una India influenciada por Gran Bretaña y su modo de pensamiento occidental. Daniélou es heredero de pensadores indios de la tradición oral como Vijayanand Tripathi, Svāmī Karpātrī y Bramanand Tripathi en lo que respecta a las lenguas de la India, la filosofía y el yoga tántrico, y Shivendranath Basu en lo que respecta a la música.
El suyo es un recorrido insólito y sin precedentes, comparable al del escritor viajero Nicolas Bouvier o al del poeta y médico de la marina Victor Segalen.
Al interesarse por la India, Daniélou se enfrentó a las prácticas del yoga ya en la década de 1930. Se trata de un elemento importante para su formación y al que su obra concede una gran importancia. Sin embargo, ¿en qué medida puede considerarse el yoga como un hito determinante en su trayectoria?
Para comprender el lugar especial que ocupa el yoga en su itinerario, comenzaremos exponiendo en qué medida se puede calificar a Alain Daniélou de aventurero del alma, explorando el oxímoron de la fórmula. A continuación, analizaremos en qué medida la búsqueda de Daniélou concuerda particularmente con el enfoque del yoga y expondremos brevemente la concepción y la práctica singular del yoga para Alain Daniélou.
Alain Daniélou: un aventurero del alma. La dualidad entre cuerpo y alma: un sinsentido para Daniélou
Una constante en el enfoque del mundo y su conocimiento para Daniélou reside en el hecho de no separar nunca la experiencia corporal de la experiencia espiritual. Para él, el espíritu y el cuerpo forman una sola y misma entidad; la espiritualidad no solo se busca en el intelecto, sino también en la expresión corporal.
En este sentido, Daniélou se opone al enfoque judeocristiano y su dicotomía entre el alma y el cuerpo, lo que supone un rechazo de su propia educación. Su madre, Madeleine Daniélou, es conocida por haber fundado la escuela privada para niñas católicas Sainte Marie de Neuilly, hoy en día dedicada a clases preparatorias privadas. El objetivo era claro: evitar que las jóvenes católicas intelectuales cayeran en manos de las corrientes ateas y existencialistas. La religión católica estaba muy presente y se trataba de educar las mentes y silenciar los impulsos corporales.
Para el joven Alain, esta educación era una fuente de sufrimiento. Por un lado, se ve confinado con chicas con las que no tiene ninguna afinidad y, por otro, su madre decide matricularlo en el colegio Sainte Croix de Neuilly, donde los chicos se burlan de él. Paradójicamente, es el contacto con estos chicos lo que le lleva a interesarse por la cultura física. Así lo testimonia en Le chemin du labyrinthe, su autobiografía: «Mi mala salud, la imposibilidad de realizar estudios serios, mi total falta de interés por lo intelectual o lo religioso arruinaban todos los proyectos que una madre sabia e inspirada había preparado para mí. Cansado de estar enfermo, a los quince años empecé a hacer gimnasia y deporte, actividades profundamente despreciadas» (1).
Esta cita marca claramente la brecha entre las expectativas maternas y el camino que toma Alain de niño, que no se identifica ni con la religión ni con la forma de pensar y se inclina por un ámbito menospreciado: la cultura física. Comenzó con el ciclismo, luego pasó al piragüismo y, unos años más tarde, se dedicó a la danza, que desempeñaría un papel importante en su comprensión del yoga.
La aventura: física y espiritual
Daniélou, al realizarse fuera del marco de su entorno original, se convierte, a su pesar, en un aventurero. De hecho, los ámbitos que explora le son desconocidos y debe aprenderlo todo por sí mismo. Partiendo del principio de que existe una unión entre el alma y el cuerpo, es imposible separar en Daniélou la aventura física de la espiritual. Sin duda, es un aventurero en el sentido físico del término.
Sus viajes, a veces peligrosos, lo demuestran. En abril de 1932, se reunió en Kabul con un amigo de la infancia: Zaher, cuyo padre se había convertido en rey de Afganistán. Alain, acompañado por Raymond Burnier, emprendió un viaje a Oriente. El extracto de la correspondencia de Raymond a su amigo Pierre Arnal da testimonio del espíritu aventurero que impregnaba su viaje: «Alain me asegura que su amigo el rey me prestará un Rolls, un Hispano o incluso un camello. En cualquier caso, me ha conseguido los visados diplomáticos justo antes de partir» (Carta de Raymond a Pierre Arnal, 17 de abril de 1932).
Al llegar a Kabour, el rey Nadir propone a Alain y Raymond una excursión a una región poco conocida: el Pamir, ya que les interesan las culturas antiguas. Pero la expedición resulta muy aventurera.
«Alquilamos mulas para transportar mis lienzos y mis cajas de pintura, así como algunas provisiones y unos pobres pollos atados por las patas», cuenta Alain (camino 70). Una vez allí, los kafires, convertidos a la fuerza al islam, se muestran hospitalarios. Alain pinta y Raymond filma: el pueblo, la gente, los bailes. Pero lo más peligroso está por llegar: para el regreso, los kafires «nos propusieron construir una balsa», escribe Daniélou. «En esa barca nos dejamos llevar, a veces a una velocidad vertiginosa, por los rápidos del río Chounar, atravesando desfiladeros tan profundos y peligrosos que la gente de una orilla no conoce a la de la otra y, según se dice, no habla el mismo idioma» (2).
Finalmente, es el regreso a Kabul lo que les plantea un problema: el hermano del rey, que desaprobaba esta expedición, ordena a la policía afgana que los registre y les impida partir. Raymond y Alain deben huir literalmente de Kabul, sospechosos de pactar con el enemigo kafir. Tras entrar por la vía real en Afganistán, Daniélou y Burnier se marchan hacia la India por la puerta trasera, escondidos en la parte trasera de un camión que debía regresar vacío a Peshawar.
Este relato es solo un ejemplo y da testimonio del espíritu de aventura, en el sentido físico del término, ya que Daniélou y Burnier se exponen a peligros, tanto de la naturaleza como del encuentro con tribus rebeldes que muy bien podrían haberles reservado una mala acogida. También podríamos haber mencionado Obock y la visita a Henry de Montfreid en agosto de 1934, o el viaje por carretera de París a Calcuta en 1935, o finalmente el descubrimiento de los templos hindúes: Khajurao, Amarkantak, Chilpi o Ramgarh en caravana o a lomos de elefantes, revelación de la riqueza de su sensual estatuaria y de la organización de su espacio sagrado.
Estas últimas expediciones nos permiten abordar la dimensión espiritual de la aventura de Daniélou, que busca una forma de espiritualidad que dé sentido a su vida. Vivir la emoción de la aventura física no es suficiente: con el descubrimiento de los templos comienza una larga y difícil inmersión en la India milenaria, en su modo de pensar radicalmente diferente de la herencia judeocristiana. Es a través del arte, de la belleza, que Daniélou llega al estudio del pensamiento y la filosofía hindúes.
En efecto, si bien los templos de la India medieval, aunque despreciados y desconocidos en aquella época, les revelan toda su belleza, no les desvelan de golpe todos sus misterios.
La aventura de Daniélou no termina cuando guarda la maleta: le sigue una aventura espiritual. La magia de los lugares y su poder para hacer sentir lo sagrado se arraigaron muy pronto en Daniélou. Desde su infancia, construía altares en el bosque de su casa natal en Bretaña, hasta tal punto que su madre solicitó una autorización especial al Papa para que pudiera comulgar más joven. Pero Alain Daniélou no tenía interés en la liturgia y su pompa: era un aventurero del alma (3).
El poeta Victor Segalen se describía así: «Yo, tan anticatólico puro, pero que sigo siendo, en esencia, amante de los castillos en las almas y de los oscuros pasillos secretos que conducen a la luz», Correspondencia de Victor a Yvonne Segalen, 13 de junio de 1909 (4).
Esta frase también se aplica a la trayectoria de Daniélou y nos muestra hasta qué punto la aventura es para él también espiritual y se aleja de los caminos trillados.
Es a través del arte que Daniélou se embarca en una búsqueda espiritual e integra la relación con el cosmos. Al no considerarse un intelectual, necesita experimentar e incorporar lo real para dar paso a la imaginación, al pensamiento espiritual del mundo.
¿Cómo llegó Daniélou a interesarse por el yoga? La danza, la India y el yoga
Si consideramos el yoga como una forma de armonía entre el cuerpo y la mente, entre el hombre y la naturaleza que lo rodea, es porque esta práctica combina un enfoque físico y espiritual. Es a través de ejercicios físicos, a veces extremadamente exigentes, como se alcanza una forma de espiritualidad. Pero el yoga es también una filosofía.
El yoga entra en la vida de Daniélou a través de su descubrimiento de la India. Sin embargo, él mismo afirma haber viajado a la India por casualidad. Es un deslumbramiento físico lo que lo ancla en una tierra en la que decidirá establecerse y aprender su cultura, sus artes y sus modos de vida. Así lo testimonia en un artículo titulado «Los escritores y su país de elección»: «Nunca me había interesado la India ni lo que se denomina espiritualidad, ya fuera occidental u oriental. (...) Lo que me encantó desde el primer momento en la India fue la belleza de las personas, del clima, de los árboles; los arrozales que, como espejos, reflejan las pesadas nubes del monzón, los campesinos desnudos y musculosos que adornan todos los rincones del paisaje, los bueyes rápidos con cuernos dorados y paso danzante, que arrastran alegremente carros multicolores. Poco a poco fui entrando en contacto con estas formas de pensar, de sentir, de vivir, que revelan la naturaleza profunda de un pueblo» (5).
El viaje geográfico se convierte en un viaje espiritual, salpicado de múltiples iniciaciones, entre ellas la iniciación al yoga.
La concepción que Daniélou tiene de la danza es un elemento fundamental para comprender cómo se interesó por el yoga. En París, en los años de entreguerras, tuvo la suerte de recibir clases de danza de la hermana de Nijinski y luego se inscribió en el estudio Walker. Sin embargo, pronto se alejó de sus maestros y desarrolló una concepción espiritual del arte de la danza. «Estas experiencias eran interesantes, pero no se correspondían con la idea que yo tenía de la danza, que para mí era una forma de vivir la música. La manera en que se superponían los movimientos a los temas musicales, que por cierto se deformaban, me parecía más gimnasia que arte. No me gustaban las danzas que me componía Legat. Empecé a componer mis propios bailes, en los que el movimiento era una interpretación directa del sentimiento musical» (6).
Con tal experiencia, el yoga no podía sino satisfacer las aspiraciones de Daniélou, en los confines del alma y el cuerpo.
¿Conocimiento, práctica y difusión del yoga?
Después de varios viajes a la India, Daniélou y Burnier se instalaron en Benarés, donde Daniélou se propuso integrarse verdaderamente en este país que tanto le había deslumbrado. Gracias a largos y pacientes esfuerzos, logró ser aceptado por la comunidad de letrados de la ciudad, hasta tal punto que su maestro de filosofía, Vijayanand Tripathi, pidió a su hijo, Bramanand Tripathi, que lo iniciara: «Al parecer, somos los únicos extranjeros que hemos sido iniciados e incorporados al hinduismo ortodoxo y nuestros nombres son los únicos inscritos en los registros del gran templo de Bhubanesvar, el Linga Râja, donde se inventarían las familias que tienen derecho a venerar la imagen del dios en este lugar tan sagrado» (7).
Es precisamente con Bramanand Tripathi con quien se inicia en los aspectos tántricos del hinduismo. Swāmī Karpātrī desempeña un papel determinante en la formación de Daniélou en el yoga. Combinando la herencia india y occidental, Daniélou se convierte en el puente entre ambos mundos: «Escribí numerosos artículos en el Siddhanta y traduje al hindi algunos textos occidentales que, en ciertos aspectos de la historia y la doctrina, podían interesar al medio tradicionalista. También traduje al inglés varios textos de Swāmī Karpātrī sobre iconografía, simbolismo de los templos y escultura erótica» (8).
Así se comprende cómo este itinerario heterodoxo llevó a Daniélou a ocupar un lugar sin precedentes en el ámbito del yoga y a convertirse en puente entre dos culturas, dos mundos.
Quizás sea esta pertenencia a dos universos lo que hace que Daniélou mantenga siempre un espíritu crítico hacia el conocimiento: de hecho, aunque el yoga forma parte plenamente de su comprensión del mundo según el hinduismo shivaíta, no deja de ser crítico y muestra una cierta desconfianza hacia la práctica desinformada del yoga.
Convencido de que no todo el conocimiento debe compartirse con todos, escribe un cuento edificante sobre los peligros de los poderes de los yoguis cuando caen en malas manos. «El maestro de los lobos» (9) narra cómo un brahmán, el Mahant, se compromete hasta el punto de perder la vida al intentar practicar ritos tántricos cuyos efectos no dominaba. El cuento contrapone la figura de Mahant con la de su joven sobrino, Kouttou, humilde y sin aspiraciones de poder alguno. Sin embargo, es a este último a quien el yogui confiará sus poderes, porque sabe que están en buenas manos.
El relato subraya los límites del extraordinario poder de algunos yoguis cuando se confía a personas equivocadas, pero también hace hincapié en la filiación y la transmisión.
A su regreso a Europa en 1956, Daniélou se propone dar a conocer en Occidente el «verdadero rostro de la India» y se dedica, entre otras cosas, a publicar los numerosos conocimientos que tiene sobre el subcontinente. Entre sus numerosos libros, Yoga, método de reintegración (10) ocupa un lugar central. En esta obra, Daniélou expone los principios y técnicas del yoga según los textos fundacionales, al tiempo que los hace accesibles al público occidental. En ella desarrolla la idea de que el yoga tiene como objetivo reintegrar al individuo en el orden cósmico, a través del control del cuerpo, la respiración, los sentidos y la mente.
Conclusión
Lo que distingue el enfoque de Daniélou es su comprensión del yoga como parte integrante de un sistema de pensamiento coherente, profundamente arraigado en la tradición shivaíta. Para él, el yoga no es una técnica aislada, sino que forma parte de una visión global del ser humano y de su lugar en el cosmos. Figura central de su itinerario entre Oriente y Occidente, libre y emancipado de todo dogma, el yoga le permite acercarse a la realidad y desarrollar una visión del mundo auténticamente basada en una experiencia que nunca elige entre la mente o el cuerpo y lo convierte en un verdadero aventurero del alma.
Notas:
(1) Le chemin du labyrinthe, Paris, Robert Laffont, 1981, p.42
(2) Ibid. p.72
(3) Le Chemin du labyrinthe, capítulo «La retraite dans la forêt»
(4) Correspondance, tome I : 885-6, 13 juin 1909, Paris, Fayard, 2004
(5) «Les écrivains et leur pays d’élection», Le Figaro, 10 julio, 1982
(6) Le Chemin du labyrinthe, p.130
(7) Ibid.
(8) Ibid.
(9) Le Bétail des dieux et autres contes gangétiques, Paris, Le Rocher, 1994
(10) Le yoga, méthode de réintégration, Paris, L’Arche, 1997, primera edición en inglés: Yoga, Method of Reintegration, Londres, Johnson, 1949
Fuente: https://www.infosyoga.info/alain-danielou-un-aventurier-de-lame/?utm_source=brevo&utm_campaign=Alain%20Danilou%20%20un%20aventurier%20de%20lme&utm_medium=email
"Throughout the course of history, urban and industrial societies — those exploiters and destroyers of the natural world — have been opposed to any ecological or mystical approach to the liberation of man and his happiness. Wars, genocide, and the destruction of entire civilizations have always had as a basis the religions of the city. Abel 'looked after the beasts,' but Cain, who 'cultivated the soil,' became a 'builder of cities.' (Genesis 4, 7, and 17)
...Wherever it has reappeared, the cult of Shiva or of Dionysus has been banished from the city, where only those cults in which man is given paramount importance are acknowledged, allowing and excusing his depredations and condemning all forms of ecstasy which permit direct contact with the mysterious world of the spirits.
...One of the weapons of city religion is moral tyranny, based on dogmas which allow it to discipline man and to oppose his self-realization. Puritanism is totally unknown in the primitive or natural world. Christianity in its later forms — which must be distinguished from the teaching of Christ — represents a characteristic deviation of the religious concept, which no longer envisages the overall picture of the Creator's work, but solely the indoctrination of man in the interest of power. The colonial expansion of the Christian world is a clear illustration of this...The persecution of sexuality — the essential element of happiness — is a characteristic technique of all patriarchal, political, or religious tyrannies."
—Alain Daniélou, Gods of Love and Ecstasy