I am not who you think I am.
Tras días de intensa búsqueda y seguir rastros, consiguió uno que parecía llevarle hasta un lugar concreto, una casa a las afueras de la ciudad. Tras forzar la puerta trasera, se adentró y comenzó a tomar aire despacio por la nariz para poder captar su olor, y lo hizo. Aunque percibió otro que le hizo fruncir el ceño.
—¿Kala? Sé que estás aquí. Puedo olerte. Sal de donde quiera que estés. Soy yo.
—¿Qué haces aquí? Te dije que... Tienes que irte. Ahora.
Al verle, la mutante sintió la tentación de lanzarse a sus brazos y pedirle que la ayudase, pero el Fénix en su interior pareció enfadarse, lo que la llevó a plantarse a unos metros prudenciales. Restregaba nerviosamente una mano contra la otra.
—He venido a por ti, Kala. Estamos todos muy preocupados, todos te estamos buscando. Vuelve a casa, sea lo que sea, lo podemos arreglar juntos. Confía en mí.
Al ver sus intenciones de acercarse, retrocedió asustada por si esa cosa que estaba en su interior reaccionaba violentamente ante la proximidad. De hecho, llegó a cerrar los ojos mientras respiraba de manera temblorosa.
—Cállate —susurró para sí misma—. No lo empeores, ahora no. Por favor...
Justo en ese momento, unas manos se posaron con cuidado sobre los hombros de la chica.
—¿Has venido a causar estragos? No te lo recomiendo. A fin de cuentas, deberías ser bien consciente de que Kala ya no puede confiar en ti. Deberías hacer algo bueno por ella de una vez: marcharte. Ya veo que sabes dónde queda la puerta. —Una sonrisa apretada, bastante socarrona, surcó de hoyuelos el rostro de la tercera persona en discordia.
Desde que se marchó de la escuela, todo había sucedido más rápido de lo que Kala podía asumir, en especial la aparición de Alec en su vida. En un principio había rechazado la idea de vivir con él, pero ante lo sola y desesperada que se encontraba, junto a la labia del mutante, había tenido como resultado a la chica compartiendo techo con él mientras trataba de aclarar sus ideas.
El semblante del indio mostró rabia y desagrado, incluso tuvo que presionar la mandíbula al ver cómo la tocaba.
—¿Y tú quién coño eres? Quizá el que debería hacerse a un lado eres tú, ¿no crees? Largo de aquí. Esto es entre ella y yo. —Sus ojos marrones bajaron hacia Kala—. Qué he hecho para que no puedas confiar en mí.
Lejos de perder la compostura como el indio, Alec amplió la sonrisa e incluso apretó con más fuerza los dedos entorno a los hombros femeninos.
—Perdona, ¿me estás echando de mi propia casa? Vaya... Ahora entiendo muchas cosas. ¿No crees que es ella la que debe decidir entre quién es esto?
La mutante abrió los ojos y miró a Keme, tratando de contener las lágrimas.
—Lo sabías —respondió, ignorando la disputa entre ambos hombres—. Sabías lo que me estaba pasando... Y no me lo dijiste.
Varias grietas anaranjadas se abrieron paso por el rostro de la chica, que hicieron estirar las manos de Keme hacia delante.
—Kala, tranquila. Escúchame. Tú misma sabías qué te había pasado en el espacio porque me lo constaste. Recuérdalo. Yo solo quise ayudar al ver qué te estaba pasando para poder entenderlo, porque tú no lo veías. E intenté decírtelo. Acuérdate. Lo intenté y llegamos incluso a discutir por ello. Me dijeron que era la única forma de ayudarte. ¿Qué habrías hecho tú?
—Te lo habría dicho. Te habría contado qué te estaba pasando. Me mentisteis entre todos. Nunca habéis confiado lo suficiente en mí. Ni siquiera tú. Y ahora es demasiado tarde para enmendar ese error.
—Eso no es cierto. Me dijeron que era peligroso para ti, ¿lo entiendes? Yo jamás haría nada que pudiera dañarte. —Keme trataba de contenerse, pero ver los dedos masculinos hundiéndose en los hombros de la mutante solo hacía que se enfureciera más—. Y tú, payaso, quítale las manos de encima a mi novia y borra esa sonrisita de la cara si no quieres que te la quite yo de una hostia.
—Adelante —respondió el aludido junto a una risa despectiva—. Demuestra qué clase de animal eres.
Varios cristales de la habitación estallaron en ese momento, sin poder controlar Kala los nervios ante la idea de ambos enfrentándose.
—¡No! Basta. No es lo que tú piensas —habló, desesperada—. Solo quiere ayudar. Te lo dije. Estáis en peligro. No puedo volver. Quiere enseñarme a controlarlo, eso es todo. No os hagáis daño. Keme, le matarías.
—¿Que solo quiere ayudarte? ¿Provocándome? Sabías que esto la alteraría. Y si te crees que eso me va a asustar, estás muy equivocado —su tono era claramente de reproche, señalando a Alec directamente con rabia—. Si de verdad quieres ayuda, vuelve a casa. Estábamos intentando ayudarte entre todos. ¿No conoces a este tío de nada y ahora es tu salvador?
Alec fingió un gesto de inocencia, incluso alzó los brazos y miró a Kala como si no supiera de qué hablaba Keme, lo que hizo que la chica se sintiese más confusa. Una parte de ella quería volver, sin embargo, las últimas palabras del indio la hicieron quedarse helada.
—Antes de irme solo te pedí que hicieras una cosa. Solo una y ya la has olvidado...
A medida que hablaba, sus ojos terminaron de teñirse de naranja y la expresión de su cara varió hasta adquirir una más cruel, por lo que se perdieron gran parte de sus rasgos faciales.
—Pase lo que pase, recuerda que te quiero. Bien. Recuerda algo nuevo ahora: Yo no necesito a ningún salvador. Yo... soy... Fénix.
La esperanza de Keme jamás se resistió, no hasta aquel momento. Parecía que ya la tenía hasta que el misterioso color de sus ojos volvió y todo comenzó a temblar como el día de la fiesta en la terraza. Fue lo único capaz de rememorar en aquel momento.
Se cubrió la cabeza con las manos, dejando que algunos objetos le golpeasen sin piedad, rompiendo parte del techo que cayó sobre él. Y una sensación de vacío ancló su estómago como nunca antes. Sabía que no era Kala, pero aún así no pudo evitar sentirse de tal modo. Estaba desorientado por el ataque y la situación, tanto que permaneció quieto hasta que salió despedido unos cuantos metros debido a la energía que la mutante estaba utilizando contra él, atravesando las paredes hasta quedar en mitad de la calzada con heridas aparentemente de gravedad, hasta perder el conocimiento.
| Con Keme Proudstar y Alec Hunter; @thedarkestnightrol , @xxxmystique |











