—Recordad, no sabré si algo anda mal. Debemos ser discretos en la mayor medida de la posible. Y si podemos evitar un enfrentamiento mano a mano, lo agradecería.
—Nada de mano a mano —pronunció Kenzie, alzando un poco las manos.
Dicho aquello, Lucas, con un comunicador, se alejó de ellos y se coló en las instalaciones.
Una vez consiguió su objetivo mandó el mensaje para que el resto del grupo: ahora o nunca.
En cuanto recibieron la señal, Keme se situó delante de ambos por puro instinto, comenzando a entrar en las instalaciones como si fuera uno más de allí. No dudó en retener a quienes trataban de dar la voz de alarma.
—Es por ahí —dijo, mirando primero a Brandon y luego a Kenzie—. Abajo hay muchos más guardias que aquí. Puedo escuchar sus corazones. Algunos están yendo hacia donde está Bestia, pero otros permanecen allí. Tenemos que darnos prisa.
A pesar de la distancia entre Lucas y el resto del grupo, se podía escuchar el estruendo que había armado. Una bestia azul, de gran tamaño, corriendo libremente en un sitio repleto de humanos era suficiente para desatar las alarmas.
—Si se dan cuenta de que estamos aquí, estamos medio muertos. Así que vamos rápido.
—Sé rápida, nosotros te daremos todo el tiempo posible —respondió Brandon a la mutante—. Os esperaremos aquí mismo.
Sin esperar mucho más, Kenzie comenzó a caminar en aquella dirección, girándose hacia ellos para hacerles un gesto.
Debido a su rango de mutante Alpha, a pesar de que Polaris se encontraba retirada, Arthur empezó a percibir el metal que portaba consigo. Incluso se puso en pie y miró hacia el techo, de cristal, con el ceño fruncido.
No tenía dudas, Kenzie había acudido en su busca.
—Algo me dice que nuestros días juntos se han acabado —pronunció con cierto sarcasmo al hombre que lo vigilaba—. Buenas charlas estos días atrás.
Tras recorrer un largo camino, pudo adentrarse en una habitación un tanto peculiar: todo lo que había allí era de plástico, ningún metal. En cuanto varios guardias hicieron amago de atacarla a ella, varios clavos, un par de navajas y otros elementos hicieron acto de presencia en las gargantas de todos los presentes.
—¿Estáis seguros? La única forma de salir de aquí vivos es rendiros y abrir esa celda. Vosotros me dais lo que quiero y yo os perdono la vida. —Su rostro parecía impasible, con tintes chulescos—. Yo de vosotros me lo pensaba. Tenéis las de perder.
Muchos de los guardias tenían una mano sobre la culata de su arma, pero ninguno se atrevía a usarla. Conscientes de que sería su último movimiento.
Aunque era evidente que podía bastarse por sí misma, de pronto el metal de algunos de los objetos comenzó a temblar, fundiéndose los unos a los otros en un objeto de mayor tamaño. Salió disparado hasta impactar contra el techo de cristal de la prisión, reventándose con una facilidad increíble. Segundos después, Magneto apreció ante los presentes levitando sobre una plataforma metálica que lo hizo aterrizar frente a Polaris.
Justo en ese momento, la voz del telepático se oyó a través del walkie: “Polaris. Bestia ha tenido que retirarse. Date prisa. No nos queda mucho tiempo.”
—Lo tengo todo controlado —respondió ella.
—Sí, todo está bajo control —corroboró el propio Magneto, ladeando una sonrisa arrogante.
Los ojos de Kenzie se posaron sobre los de Arthur con cariño, aunque no tardó en alzar las cejas para dirigirse de nuevo a los guardias. Ya habría tiempo para reencuentros.
—Espero que todos sigáis portándoos así de bien. Vámonos. Tenemos que subir por arriba. —Aquella última frase la dijo en tono serio, esperando que entendiera su doble sentido.
Arriba, a la voz de Arthur a través del audífono la siguió los latidos rápidos del profesor, haciendo que Keme bajase la mirada hacia él por unos segundos, sorprendiéndose en cierto modo aunque no dijo nada al respecto. —Vienen —murmuró.
—Estoy agradecido de que haya sido rápido —habló mientras tanto el telepático—. No me gusta la violencia.
Justo en ese momento, las puertas que custodiaban se abrieron, dando paso a los dos mutantes.
—¿Brandon? —pronunció el alemán, sorprendido y agradecido al ver estaba allí.
Sin embargo, y a pesar de lo dicho, la reacción del telepático fue apretar el puño con fuerza y darle un derechazo. Arthur cayó al suelo con una mano sobre la mandíbula.
—Yo también me alegro de verte… —murmuró—. Y andando.
—No gracias a ti.
—Ya está bien, no es momento para peleas. Tenemos que salir de aquí, se están reorganizando. O colaboramos o no saldrá ninguno. —Mejor dejar las peleas y los asuntos pendientes para después. —Polaris le tendió una mano a Arthur para ayudarle a levantarse.
Los ojos de Thunderbird se cerraron, tomando aire de forma profunda para hacer uso de sus habilidades y poder determinar cuántas personas había y hacia dónde se estaban dirigiendo. —Por aquí —pronunció, comenzando a correr como cabeza de grupo hacia una de las direcciones donde menos obstáculos se toparían. Su complexión haría que los proyectiles a penas le causaran dolor y su enorme cuero cubriera a quienes le acompañaban, teniendo que golpear a varios guardias en el camino para despejarlo.
Por suerte, conforme más avanzaban, más metal disponible había, y más fuerte se hacía Magneto. Hasta el punto de que hizo un escudo protector delante de ellos. Hasta que llegaron al vestidor. Una vez allí, lanzó varios trozos de metal a tanta velocidad contra los cristales que saltaron en pedazos y les aseguraron la salida.
Las pupilas de Polaris se dirigieron hacia Magneto mientras en sus manos se formaba aquella nebulosa verde. Las armas de los policías comenzaron a salir disparadas una a una. Él, con un simple gesto de dedos, las desmontaba por completo. Dejándolas inutilizadas y evitar que las cogieran de nuevo para cargar contra ellos. —Tenemos que salir por la izquierda, habrá otro grupo de policías pero será fácil deshacernos de ellos. Después, girar en dos callejones a la derecha y todo recto. Evitamos barricadas, asalto con material técnico y más heridos de los necesarios. Cuanto antes, para evitar que se replieguen. Estoy listo.
—Está bien, vamos. Démonos prisa, antes de darles tiempo de que se reagrupen. —Tal y como Keme había indicado, el primero en tomar el camino por la izquierda fue Brandon—. Arthur, si haces los honores… En cuanto se encontraron con el grupo de policías previsto por Thunderbird, haciendo alarde de su potencial, Magneto simplemente extendió una mano hacia ellos y todos salieron despedidos varios metros hacia atrás. Tras aquello, el alemán se giró hacia Polaris y cogió su mano antes de iniciar una carrera junto al resto del grupo entre los callejones próximos al edificio. Hasta que finalmente alcanzaron un furgón. Arthur, sin pensarlo, se dispuso a subir lo más rápido posible. Cuanto antes estuviera oculto en el interior, menos probabilidades habría de que nadie pudiera verlo y disparar las alarmas. Sin embargo, al ver que Brandon se disponía a cerrar la puerta sin entrar junto a él, la sostuvo con rapidez.
—¿No vienes?
Su rostro reflejó cierto temor. Aún quedaban muchas cosas por decir entre los dos. Mucho por lo que pedir perdón. Y temía no encontrar una nueva oportunidad para hacerlo. Después de años pensando en ellos, el reencuentro con Brandon estaba siendo amargo y corto. Extremadamente corto.
Pero el profesor Brooks sabía que las prioridades de su amigo habían cambiado y que ya poco podía hacer por intentar retenerlo una vez más a su lado. —Yo he cumplido con mi cometido, ahora es a ti a quien le toca decidir qué hacer con esta nueva oportunidad —respondió, esbozando una sonrisa tenue. Aunque entristecida. —¿Volveremos a vernos? Brandon, apretó los labios y, con los ojos aguados, encogió los hombros. —Adiós, viejo amigo —fue todo cuanto respondió. —Hasta pronto, profesor.
| Rescate de Magneto con el Profesor X, Polaris y Thunderbird; @strangermutants ; @renegadx
Mención a Bestia; @byersbrothersrol |













