Te pienso y me duele. Te pienso demasiado y me sonrío solo, como un idiota feliz en su propio infierno.
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Te pienso y me duele. Te pienso demasiado y me sonrío solo, como un idiota feliz en su propio infierno.
Cuando tu mundo se derrumba, los ladrillos no caen con estruendo, las puertas no chirrían, ni el viento anuncia la tragedia. Sin embargo, tu alma se quiebra en susurros que nadie oye. Cada grieta en tu corazón es un eco invisible, un latido que se apaga sin testigos. Si tan solo existiera un sonido que acompañara la rotura, algo que pudiera llenar el vacío y aliviar el peso de lo que duele… pero el silencio permanece, implacable y absoluto. ©🖋🦋I&M469K.E. K☁
"Sombras de Dolor"
En la oscura noche de mi ser, donde el dolor se adhiere como una sombra, siento tus heridas, tus lamentos, y los hago míos, los entiendo.
Tu dolor es un eco en mi pecho, un susurro constante que me recuerda que somos seres rotos en un mundo fracturado, buscando desesperadamente una cura.
Veo tus lágrimas como ríos desbordados, que arrastran consigo el peso de tus penas, y en cada gota encuentro mi propia tristeza, un eco de mis propios tormentos internos.
Nos inclinamos hacia la autodestrucción, buscando una salida de esta existencia dolorosa, navegando en mares turbulentos de angustia, anhelando encontrar la paz que nos ha sido esquiva.
Las palabras se convierten en dagas afiladas, que atraviesan el alma con su crudeza, y en cada verso intento sanar nuestras heridas, aunque sé que el alivio solo es efímero.
Somos almas perdidas en un mar de desolación, aferrándonos a la esperanza de un mañana mejor, pero en el fondo sabemos que el sufrimiento es eterno, un compañero constante en nuestro viaje terrenal.
En este poema, no hay final feliz que prometer, solo la resignación de aceptar nuestro destino, de abrazar la tristeza como una compañera fiel, y encontrar consuelo en la comunión de nuestro dolor.
Así que, en la oscuridad de la noche, donde el dolor se expande sin piedad, me uno a ti en esta danza melancólica, donde nuestros corazones rotos encuentran su morada.
Annanke
Te pienso y me duele. Te pienso demasiado y me sonrío solo, como un idiota feliz en su propio infierno.
A veces me miro al espejo y no me reconozco. Me gusta ese extraño vacío que me hace sentir que todavía estoy vivo.
Estoy despierto porque tu recuerdo no me deja dormir. Me quema por dentro y no hay alcohol ni música que lo apague.
“Fugaz”
Te pienso y me quemo por dentro, como si cada recuerdo fuera un fósforo que se enciende y se apaga demasiado rápido. No hay palabra que me calme ni abrazo que alcance. Es un fuego que solo yo siento, y tal vez por eso me gusta: porque nadie más tiene la llave. Vuelvo a mirar el techo y me pregunto si algún día esto será solo un recuerdo o si voy a cargarlo siempre conmigo. Y mientras escribo, me doy cuenta de que estar vivo es solo esto: pequeñas chispas que se prenden y se apagan, y la necesidad de sentirlas antes de que desaparezcan.
“Entre sombras y cigarrillos”
Me despierto a mitad de la noche y todo huele a nada, como si el mundo se hubiera ido y me hubiera dejado solo con el silencio. La música suena baja en el celular y no sé si me calma o me rompe más. Pienso en cómo los días se repiten y en cómo mi cuerpo guarda cicatrices que nadie toca. A veces quisiera gritar, pero mi voz se esconde detrás del humo que sale de mis labios. Y entonces entiendo que la soledad no duele hasta que alguien toca tu pecho y te recuerda que nada es para siempre.