"El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves; básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ellas o cerca de ellas".
-Charles Bukowski.


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"El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves; básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ellas o cerca de ellas".
-Charles Bukowski.
Siento que con la danza no baila el cuerpo, baila el alma... y la liberamos...
Nosotros, los Hijos de la Luna, no podemos vivir sin libertad.✨
El alma libre es rara, pero la identificas cuando la ves: básicamente porque te sientes a gusto, muy a gusto, cuando estás con ellas o cerca de ellas.
Charles Bukowski
https://www.facebook.com/elalberguedelasmujerestristes/
Le desagrada como siente que sólo puede observar la situación desde lejos, con repudio y empatía. Porque puede emular el sentimiento hostigante de incalmable impotencia e inconformidad de esas personas involucradas, en esas circunstancias que son muy distantes para él, pero no puede evitar sentirse hipócrita al apoyar la causa en la distancia, porque esa es su posición actual: no es su problema porque no le afecta. O aún no, porque se trata del choque de intereses políticos que masacra con violencia la ya mermada tranquilidad del pueblo, sin discriminar estrato o región cultural. Expandiéndose por todo el país como el fuego en un bosque; iniciado con las brasas aún calientes de un conflicto armado muerto, fundamentado en ideologías extremistas más vivas que nunca; aún defendidas por un gobierno pseudo-burgués acostumbrado a luchar en un escenario mediático, contra un bando enemigo que duerme en su misma cama; y a cuesta de los derechos de los más vulnerables, de los impuestos de los más trabajadores y de las esperanzas de los más inocentes. ¿Pero que puede hacer él? ¿Despotricar sobre esto con sus amigos? ¿Con sus profesores o su familia? ¿Debería tuitearlo o postear una reflexión en su muro? Es frustrante para él ser desentendido de la realidad miserable de su familia, sus vecinos y el resto de personas en el mundo, más de lo que podía ser indiferente con sus problemas, aflicciones y calamidades personales. ¿Debería salir, atravesar la ciudad y acompañar a los protestantes en su grito anónimo con máscaras y carteles? ¿Descargar su rabia contra el gobierno con vandalismo y manifestación de iracinio y violencia? ¿O debería ser egoísta en sus trivialidades y excusarse en la doble moralidad como la mayoría de gente hace, para desviar la mirada de lo socialmente inaceptable?
Alex Vera: Indiferente.
Cada día, su posición frente a la realidad se ve cuestionada y de su parte, ella se rehúsa a precisar una reacción específica, como es de esperarse. Porque en cada lugar al que va, ocurre un intento por contaminar su esencia, por modificar su pensamiento y por utilizarle como un instrumento del sistema, en base a una serie de absurdas y anacrónicas expectativas sociales y familiares. Porque cada persona con la que interactúa, infecta su espíritu y desestabiliza sus emociones; intentando alienarla en los roles femeninos a seguir y atentando contra su personalidad, con sugestiones infundadas de qué hacer o cómo vestir; con comentarios despectivos que cuantifican su procedencia o la de sus amigos en estratos; y con juicios sobre su comportamiento desde perspectivas enmarcadas en lo masculino y lo moral. Se abre una herida intelectual en su discurso de género, aunque ella sabe que no hay discriminación de sexo, de edad o de raza, a la hora de imponer etiquetas, condiciones y modelos predecibles, que surgen de la reducida visión del conocimiento; sesgando la libertad y autenticidad qué hay en el universo, que es infinito e inescudriñable. Por una sociedad que usa a sus individuos, sus seres queridos; como soldados para mantener mecanismos implantados con siglos de anterioridad; defendiendo la frágil ilusión de orden. No hay culpa en ellos, sin oportunidad en la intemperie y a merced de los goleros; y ella, encuentra tranquilidad en eso. En la medida en que ella es dueña de sus decisiones y es capaz de rechazar estos atentados psicológicos, evita ser parte de ese ciclo interminable, y entiende que; no todos tienen la capacidad de superar las trivialidades de la cotidianidad. La noción de que hace la correcto aumenta con cada retribución ingrata a sus actos bondadosos, y de alguna manera; ella tiene la esperanza de que las cosas pueden ser diferentes.
Verónica Daza: Insensible.
Todos pensaban que eran estudiantes vagos e irrespetuosos, que gustaban llevar la contraria a los adultos sólo por diversión o por hacer cualquier cosa en días de calor; porque eran unos malcriados y engreídos. Pero ese grupo de chicos con mala reputación les estaba enseñado a todos, que siempre recibirán lo que merecen y que con cada una de sus acciones desencadenan consecuencias.
Todos creían que Alex Vera, presunto líder de ese grupo de estudiantes apodado "los perdidos"; arrastraba a sus amigos a una vida de rebeldía y perdición, y quizá; era cierto. Pero su historia no es la de un adolescente incomprendido y problemático, sino más bien la de un grupo de personas desorientadas en su realidad, teniendo un acercamiento a algo llamado comprensión.
De almas libres y volar
Un alma como la mía tiene muchos nombres, muchas metáforas, muchas comparaciones. Se nos conoce como almas libres, como aves, o, como yo lo he visto por mucho tiempo, globos. Pero no importa qué nombre le des, cómo decidas imaginar e interpretarla, una alma como la mía te ha enamorado alguna vez.
Se nos idealiza como personas que no se quedan, que somos mucho deseo y poca satisfacción, que podemos hacer a alguien feliz por un tiempo corto pero no para siempre. Porque un alma libre, un ave como yo, debe volar, no puede estar en una jaula, no puede tener cadenas, no puede quedarse en un sólo lugar.
Están mal.
No, no puedo estar en una jaula, no puedo tener cadenas pero tampoco puedo volar para siempre. Un globo que sólo se suelta al aire libre se va, simplemente eso.
Desaparece en la atmosfera.
Un globo necesita una mano que lo sostenga, algo a lo que se pueda atar con un simple cordón. Un ave necesita descansar sus alas, reposar para seguir el viaje, un alma libre necesita un ancla, otra alma que la acompañe pero no que la aprisione.
Porque a veces un ave se encuentra a otra y vuelan juntos y es maravilloso, pero se pierden, vuelan por tanto tiempo y ninguno de los dos para. Vuelan hasta estar exhaustos, la fatiga les impide seguir, los obliga a bajar y para entonces, cuando están contra el suelo firme, ya están muy dañados para seguir juntos. En algunos de estos casos, hasta se vuelve competencia, de quien vuela más rápido, más alto o mejor.
Cuando encuentras tu ancla las cosas cambian. Esta persona no te dejará ir volando, no serás uno de esos globos que se dejan de ver después del infinito porque siempre te sostendrá con manos firmes.
Cuando una de tus alas esté herida, esta alma te ayudará a sanar, te pondrá las vendas para que no te duela más y te alimentará con sabiduría y optimismo para que no te vuelvas a lastimar.
Pero nunca te aprisionará, nunca te encerrará entre sus manos, ni te ahorcará con sus dedos. Nunca se aferrará a tu cuerpo con el suyo, ni te pondrá mil cordones para que nunca te vayas. No existirán cadenas que te mantengan en el suelo.
Porque un ancla de verdad sabe que siempre bajarás lo suficiente de cualquier cielo para poder ayudarlo a volar a tu lado. ¿Y eso? Eso es lo que más me temo, porque conciencia de ese tipo es liberadora pero también es completamente aterradora.
08/04/2014