The Unseen Crime — from The Chronicles of Tartarus
¿Se puede cometer un crimen sin saberlo? ¿Ser condenado por un pecado que nunca supe que era mío? Sí, claro que sí. La ignorancia ha sido la desgracia de muchos, y la mía, en particular, nos ha arrastrado hasta esta irremediable situación. Nunca pensé que mi ceguera pudiera doler tanto, que mi indiferencia pesara como una sentencia. Tenías que romperte, llegar a tu límite, para que al fin comprendiera lo que habías estado gritando en silencio: que me amaste todo este tiempo, que te consumías mientras yo, en mi absurda inocencia, te torturaba sin saberlo.
Me he burlado de tu dignidad, no con palabras, sino con mi indiferencia. Cada vez que estabas a mi lado y no te devolvía la mirada, era como si clavara un puñal invisible. Quiero creer que fui inocente, que no sabía nada, que simplemente ignoraba lo evidente. Pero la verdad es que algo en mí siempre lo supo. Una voz diminuta, escondida en lo más profundo, me susurraba que me querías de otra forma. Y yo, cobarde, la acallaba una y otra vez. Me convencía de que no era cierto, de que imaginaba cosas, de que era mejor no abrir esa puerta. Porque huir siempre fue más fácil que enfrentar lo que temía descubrir.
Si no hubieras dicho nada, quizás seguiría siendo inocente, ¿no? Si te hubieras marchado en silencio, si hubieras dejado que la distancia hiciera su trabajo, tal vez nada de esto habría ocurrido. O tal vez sí, porque incluso el silencio habría terminado por delatarte, y mi conciencia, tarde o temprano, habría despertado.
Aun así, una parte de mí desearía que me hubieras mentido. Que me hubieras ocultado la verdad, que hubieras seguido fingiendo que nada pasaba. No por ti, sino por mí. Porque la mentira, en este caso, habría sido una forma de protegerme. Es egoísta, lo sé. Pero el amor también lo ha sido siempre: posesivo, contradictorio, cruel.
Y ahora solo queda esta amarga certeza: que mi ignorancia fue mi crimen, que tu amor fue mi condena, y que ambos, sin quererlo, terminamos siendo víctimas del mismo error: amar en el momento equivocado.














