En serio detesto esos momentos en los que mis pensamientos me abruman, esos cuando lo que pienso no me deja oír con claridad a mi al rededor, cuando me empieza a doler la cabeza y el vivir en esta realidad, esos momentos cuando no quiero saber nada, absolutamente nada más que mi cabeza y mi pecho no van a explotar.
- LDS













