El tiempo es diligente cuando se trata de tu recuerdo, lo pone sobre el escritorio mientras trabajo, lo enreda entremedio de las canciones que escucho, lo susurra en las plantas que miro al caminar. En este mismo momento te escribo acostado en mi cama y las almohadas me muestran tu pelo desparramado, luego tu cuerpo tibio, y se me escapa una sonrisa y una lágrima, o una lágrima y una sonrisa, y mi brazo te rodea para apretarte junto a mí como si nunca te hubieras ido, como si nunca hubiera sabido que te irías.
Fuiste un relojito que me gustaba demorar, la cabellera oscura en la que mis dedos se perdían, los ojos marrones más profundos que se detuvieron a mirarme, la rama de olivo y la hoja de laurel que puse en mi cajón para siempre recordarte.
Te quiero, qué lindos recuerdos creamos en tan poco tiempo, me llevo un bestiario de apodos cariñosos: panteras, cisnes, cangrejos, leones, zorzales… Yo creo que en un año tendríamos un extenso zoológico, en dónde no habrían jaulas y los animales andarían sueltos, por todas partes, salvajes, tiernos, imaginarios y amados.
Encendimos juntos la alegría de las tardes, aún nos veo tumbados en la cama, cómodamente desnudos, recibiendo las últimas caricias que nos quedaban. Juntos pudimos silenciar el mundo, hacer que se fueran, lejos, tres pueblos más allá, dónde apenas se oían tras las risas transparentes y los brindis de nuestras miradas.
Qué triste me deja tu partida. Hay misterios que permanecerán ocultos como lo que pudimos ser. Juego a imaginarlo y se me vienen las palabras: grandes, profundos, felices. Me río de mi imaginación. Afuera llueve y pienso en el sur, en la que realmente será tu vida, en tu caballo, tu perro, el volcán y el amor que te espera.
No puedo sino alegrarme por tí. El destino es sabio pero mudo, jamás sabremos por qué nos cruzamos, quizá fuimos un puente hacia los brazos de otro, un recordatorio de que los corazones galopan indomables en distintas direcciones y debemos beber agua donde se nos ofrezca si la sed nos seca la lengua.
Me despido, ya sabíamos de la muerte, estaba anunciada. Y bueno… le cantamos, bailamos y nos reímos un poco de ella, le arrebatamos algunas noches con nuestros labios. Estoy satisfecho. Lleno. Puede irse la luna contigo, me quedo en mi serena oscuridad, tranquilo, confiado. No tengo certeza de que tu destino tendrá retorno a mis brazos, pero ojalá un día, aunque sea lejano, nos volvamos a encontrar y al fin sin ataduras, puedas quedarte aquí, conmigo.
Te envío un beso de regalo, amor, que tengas un lindo viaje.